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TRIBUNA

La melancolía de un tiempo trasnochado

viernes 22 de noviembre de 2019, 20:08h

Lo que es real hoy bien pudo haber sido la imaginación de ayer; vale decir que todo lo que el hombre sueña puede ser realidad alguna vez, y acaso superarla. Aparte de La saga de Erik el Rojo, que hace mención a la llegada de los Viking al llamado asentamiento de Terranova (abandonado diez años después sin contactos ni repercusión), existen evidencias materiales y genéticas, que apuntan a pequeños grupos de navegantes malayo-polinesios que pudieron arribar a las costas de América del Sur, antes del viaje de Cristóbal Colón. Sin embargo, en ninguno de los dos casos estos grupos tuvieron un sentido de permanencia, por lo que en cierto modo no son considerados como un “descubrimiento” ¿Quién pisó entonces por primera vez el nuevo continente de América del Sur?

Dante Alighieri en el canto XXVI del Purgatorio fue acaso el primero en imaginar o soñar el hemisferio austral y la Cruz del Sur a través de una aventura que atribuye a Ulises. En ese círculo del Infierno, el héroe griego, que arde sin fin en las llamas, les relata a Virgilio y al Alighieri, el viaje fatal que realizara con sus amigos más allá de las Columnas de Hércules, el non plus ultra de la navegación, que llegaba en la Edad Media hasta el Estrecho de Gibraltar y ponía en pecado a quienes desobedeciendo a Dios lo atravesaran, ya era el límite establecido a quienes navegaban. En ese terceto el poeta pone en boca de Ulises unas palabras donde dice ver cuatro estrellas nunca vistas por ojos humanos:

I' mi volsi a man destra, e puosi mente

a l'altro polo, e vidi quattro stelle

non viste mai fuor ch'a la prima gente…

(Me volví a la derecha atentamente,

y vi en el otro polo cuatro estrellas

que sólo vieron las primeras gentes…)

Lo que ve el navegante es, sin duda, nuestra Cruz del Sur; es decir que Dante imagina que Ulises ha llegado a un sitio remoto. Dos siglos después, el navegante y geógrafo Américo Vespucio, en una carta al príncipe Lorenzo di Pierfrancesco de’ Medicis, su protector, usa como preámbulo los versos de la Divina Comedia para brindarle informaciones astronómicas del segundo viaje realizado al nuevo continente, que después llevaría su nombre en homenaje a su proeza. Ese sitio, según la descripción de Vespucio estaba ubicado del otro lado de la mar Océano, y le cuenta al príncipe que después de cruzar el Trópico de Cáncer, pudo observar varias veces el fenómeno del sol cenital, harto conocido por los navegantes del siglo XV, y agrega que buscó sin éxito mirando hacia el sur un equivalente de la Estrella Polar, pero sólo encontró un grupo de cuatro estrellas, imposibles de ver desde Europa, que formaban como una almendra y él bautizó “Cruz del Sur”. En ese momento, Américo Vespucio se dio cuenta que, como Ulises en el sueño de Dante, no estaba recorriendo las costas de Asia ni de África, ni de ningún territorio cartografiado; sino que lo que veía era la otra mitad del mundo. Es decir, la realidad del nuevo continente, algo que hasta entonces no habían visto los ojos europeos, ni siquiera imaginado, salvo Dante en su Comedia; por esta razón el cartógrafo Martín Waldseemüller en su mapa Universalis Cosmographia, de 1507 acuñó el nombre de “América” en honor a Vespucio como designación para el Nuevo Mundo.

Tenemos ahí, que yo sepa, la primera visión de lo que sería nuestro mágica América, que después se soñaría con “sirenas y endriagos que enloquecen las brújulas”, como dice Borges en su famoso poema. Para completar, agreguemos que Dios, como relata el poeta florentino, los castiga severamente por haber atravesado las Columnas de Hércules, enviando un ciclón que mata a Ulises y a sus navegantes cuando llegan al punto que les permite ver la Cruz del Sur. Ese sitio del Purgatorio quizá podría ser la región sur de la Argentina. Un mal presagio, sin duda.

Sin embargo, venturosamente, uno de los hechos capitales que se dieron en nuestro planeta fue el descubrimiento de América, que nunca termina de ser descubierta y sigue cumpliendo profecías al tiempo que alienta crueldades y pesadillas. Se dice también que al saber la reina Isabel I de Castilla que Colón estaba haciendo esclavos a los indios, ordenó que no se tratara así a sus súbditos, sino como otros integrantes de la corona, y ordenó que se castigara con la pena de muerte a todo aquel que tuviera indios como esclavos. Esto privó a fray Bartolomé de Las Casas del servicio de su aborigen y lo llevó a recapacitar. Colón, a manera de disculpa, argumentaba que los indios esclavos solamente eran los que se habían hecho prisioneros en “guerra justa” y que las costumbres de estos eran paganas y a veces caníbales y que bien estaba traerlos a Castilla para así quitarlos de esas crueles costumbres. La reina respondió que se afanara por convertirlos al cristianismo en sus tierras. Isabel falleció en 1504 y en su testamento insistió para que se tratara bien y justamente a los indios, sin hacerles ofensas. En 1510 fray Bartolomé de las Casas, que antes había sido esclavista, se pronunció en favor de las ideas de la reina y fue después el que mayor aporte hizo en favor de los derechos de los indios.

Han pasado muchísimos años y, para algunos, el criterio es que el habitante originario de estas tierras, debe seguir sirviendo como esclavo. Nadie me lo contó. Yo, desde los veinte años he vivido recorriendo el continente americano y puedo mostrar mis propias experiencias. Empecemos por casa. El racismo argentino es patético e indiscutible. Aquí se hicieron campañas destinadas a exterminar al indio; la primera encabezada por Juan Manuel de Rosas y la segunda, más cruel, por Julio Argentino Roca. Todavía hay en estos días sectores de la sociedad que consideran a los pueblos originarios inferiores. Es suficiente con hacer un recorrido por el interior del país para comprobarlo. También en Chile los inmigrantes peruanos, colombianos, venezolanos y bolivianos son descalificados, cuando no despreciados y existe hoy en día detrás de la Catedral, en pleno centro de Santiago, un sitio donde se consiguen empleadas domésticas; y ni hablar de la Argentina, donde se apodaba a nuestra propia gente del interior con la expresión “cabecitas negras”, y ahora “bolitas” a los bolivianos que llegan a nuestra República para cumplir con la honrosa tarea de cultivar la tierra. Pero no es para asombrarnos demasiado. En la misma Bolivia, como ha quedado demostrado, el racismo es explícito, peor y más salvaje.

He recorrido buena parte de ese riquísimo país y puedo dar pruebas de que el peor sometimiento racista se vive dentro de la propia patria. Lo más terrible me sucedió en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, donde viajamos con mi recordada amiga, la escritora María Esther Vázquez, invitados por la Fundación Patiño para participar de un homenaje a Borges. Una noche fuimos invitados a cenar en la casa de un funcionario de la Institución. Todo muy lindo. Riquísima la comida y generosa la atención. En medio de la cena llegaron un grupo de jóvenes muy risueños y divertidos, hijos de nuestro anfitrión, que ante la requisitoria de sus padres por el atraso, contaron que venían de “patear coyas”. Algo que fue celebrado por todos como algo gracioso; consistía en salir por el centro de la ciudad durante la noche a agredir a los indefensos indígenas, vendedores ambulantes que honradamente se estaban ganando la vida.

Mejor no hablar del Perú ni de Ecuador. Esta América nuestra, acaso nunca dejó de ser un territorio de permanentes conflictos donde las contradicciones parecen acentuarse y el hombre blanco, muy a pesar de su evidente mestizaje, pretende seguir sometiendo a las razas originarias. Un paradigma son los dictadores, casi todos mestizos, implacables racistas en su mayoría.

Don Ramón del Valle Inclán, que viajó a México en 1892, durante el gobierno de Porfirio Díaz, que imponía una severa censura a sus opositores, se ve excitado por hechos que lo llevan a protagonizar arduos incidentes de racismo, como un amago de duelo con el director del diario El Tiempo, y una sonada pelea en Veracruz. En este viaje a México don Ramón conoce a Sóstenes Rocha, que le revela los secretos de la violenta y excluyente política mexicana y, por ende, de toda América. Sóstenes es un personaje que resume en sí mismo la situación continental de la época. De esta estancia en México, Valle-Inclán empezará sus apuntes de lo que posteriormente culminarán en Tirano Banderas. La primera novela que servirá de inspiración al posterior “Realismo mágico”.

Cansados, estos pueblos, primero sometidos por el conquistador y luego por sus propios hermanos, se revelarán y exigirán su independencia. Hecho que se transformará en un principio político subversivo. Muy difícil de negociar ya que las cosas no están aclaradas debidamente y quizá nunca lo estén. Sin certezas por delante y con el peso del pasado como futuro, se ha crecido y desarrollado a los tumbos; tampoco la política dio sustento a una forma de cooperación que beneficie a todos por igual y quizá por esta causa sean llevados a esta dramática situación de la que habrá que estar alertas porque el panorama continental, como ha quedado demostrado, puede ser a mediano plazo, más oscuro que luminoso. Muchas excusas con historias repetidas y un sistema de gobierno que nunca ha sido suficiente y desembocó en sangrientos golpes de Estado, la mayoría cívico-militares. Con desencanto, decía Thomas Carlyle que “la democracia es el fraude disfrazado de urnas electorales”. Los engaños propios y ajenos siguen entorpeciendo el porvenir.

Las reacciones de las políticas establecidas bajo el proteccionismo financiero internacional crean además este nudo gordiano que ni la espada de Alejandro Magno hoy podría deshacer, demostrando que no es sencillo llegar a buen puerto y ni siquiera ofrecen una salida honorable a millones de personas que están bajo los límites de la pobreza. Solamente con lucidez, unidad y firmeza, y el apoyo popular activo, será posible neutralizar a estos grupos que viven especulando con el hambre de la gente. Por eso, cuando se examina la realidad en sus dialécticas y múltiples dimensiones, predomina el pesimismo.

Casi es inconcebible que un país como la Argentina, beneficiada por la naturaleza, con un vasto territorio y tranquilos ríos navegables, esté casi devastada por la pobreza, consecuencia del desempleo, la inflación, la recesión, la deuda y la ausencia de financiamiento que de respiro al frente interno. En tanto que en el frente externo, dar una mirada por otros países de la región no ofrece ningún consuelo. Si hasta Chile, que parecía ser un modelo a seguir se encuentra envuelta en el caos; y así toda la región se ve sumida en un estancamiento económico severo y convulsionada por las protestas sociales y el desencanto. El país trasandino junto a Brasil, socios en diversos asuntos de la Argentina, transitan ante un precipicio amenazante. En consonancia con estos análisis, que rodean la contemporaneidad, se percibe el agotamiento del plazo otorgado a las elites, que nada ha podido resolver, disculpándose ahora de que las mejoras materiales ocurridas en la primera década del siglo y las promesas de mayor bonanza que estas propiciaron son ahora insostenibles. De esta manera, con las economías estancadas y los precios de los bienes exportables a la baja, el financiamiento de las mejoras populares está paralizadas.

Es evidente que el retraimiento del comercio internacional golpea duramente a la región, tornando insostenible un reparto económico equitativo. Esto hace que aumente la desigualdad en lugar del bienestar y se deteriore la calidad de vida. Sin embargo, algo fundamental ha cambiado; América Latina no puede ligar su fortuna a las promesas de la globalización, que se desvanecen y debe activar sus propios recursos. Tampoco puede volver al antiguo populismo. La única certeza es que la tolerancia de la gente es corta y cada día se complica más. Verbigracia Chile. Pero bajo ningún concepto cualquiera de los errores cometidos justifican la barbarie que destruyó el proceso democrático boliviano ni la promesa al pueblo chileno.

Mientras el país trasandino y Bolivia arden, en menos de un mes el doctor Alberto Fernández será presidente de la Argentina y es previsible y, sin duda obvio, que deberá gobernar con una compleja agenda y un pueblo que pide soluciones inmediatas. De las jaurías financieras acostumbradas a obtener fabulosas ganancias no cabe esperar demasiado y, menos aún, juego limpio. Las inversiones financieras multiplican riquezas, pero no ofrecen trabajo ni crecimiento. Nunca los banqueros han ganado tanto como en estos años del gobierno del ingeniero Macri; los bonos Leliqu, han sido el mejor instrumento de especulación económica. Quizá es necesario tener en cuenta que los mercaderes mentirosos no se corrigen de la noche a la mañana, ni los estafadores se adecentan, ni los voraces se moderan. La realidad de hoy, en una época facilitada por la tecnología, supera la imaginación de ayer, pero no satisface lo esencial cuando la xenofobia crece y hay gente que no come.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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