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Novela

Cho Nam-joo: Kim Ji-young, nacida en 1982

domingo 24 de noviembre de 2019, 18:28h
Cho Nam-joo: Kim Ji-young, nacida en 1982

Traducción de Joo Hasun. Alfaguara. Barcelona, 2019. 160 páginas. 16,90 €. Libro electrónico: 7,59 €.

Por José Pazó Espinosa

Kim Ji-young es el nombre de una joven coreana nacida en 1982. Es la heroína de la novela del mismo título de Cho Nam-joo, una novelista y socióloga nacida en Seúl hace 42 años. Cho Nam-joo ha tenido con esta novela un éxito inmenso en su país, dos años después de que la obra se publicara en 2016. La razón ha sido un lento y progresivo éxito en las redes sociales, y finalmente una explosión cuando el líder de la oposición le regaló el libro al presidente coreano Moon Jae-in en 2018. Es una obra en muchos sentidos actual y formalmente peculiar para estos tiempos.

El libro comienza de forma abrupta y un tanto desconcertante con el relato o informe de un psiquiatra: una mujer joven, comienza a actuar y a hablar como si fuera su madre, o una amiga, u otra mujer. Sus intervenciones, en medio de fiestas familiares, son tan inconvenientes como reveladoras de un malestar y una rebeldía que no tienen cómo expresarse. Su marido, sorprendido, la lleva al psiquiatra. Lo que sigue a esta introducción es precisamente lo que ella cuenta al psiquiatra, el relato de Kim Ji-young, que se ve cortado al final con un colofón del psiquiatra. Es una obra, en su estructura, muy clásica, que recuerda al Lazarillo de Tormes o La familia de Pascual Duarte, a pesar de la distancia cultural y temporal. Estamos ante la confesión de un ser roto, sutilmente quebrado por la sociedad circundante. Solo que, en este caso, el ser es una mujer joven, activa y contemporánea. Una hija del vertiginoso desarrollo surcoreano.

El cuerpo del relato va desgranando, de forma parsimoniosa y sin altibajos la aventura vital de la protagonista, una aventura tan normal como íntimamente sórdida. Lo que la autora pone ante nosotros es una mujer sometida por las leves violencias de género, no las que se denuncian en las primeras páginas de los periódicos, ni las tremendas que excitan el rechazo y el grito de protesta de corte político en la sociedad actual, sino las leves opresiones que más tienen que ver con la cultura, con la sociedad, con los hombres y con las propias mujeres, con la vida aparentemente normal.

No es un libro feminista al uso, aunque su autora así lo describe, ni evoca las reacciones emocionales fáciles. Quien busque sangre no la encontrará. Pero sí escuchará el discreto fluir de lágrimas amargas. Lo que la autora expone con una enorme frialdad, apoyada en ocasiones en datos del Instituto de Estadística Coreano y de trabajos sociológicos, es la brecha vital de las mujeres, los techos de cristal de sus aspiraciones basados no en leyes ni en imposiciones por la fuerza sino en hábitos, costumbres y puntos de vista aceptados. Algunos lectores y críticos incluso, por esa peculiaridad formal, han considerado la novela más como un documento sociológico que como una obra de creación.

Sin embargo, esta novela es novela, pero novela hecha no con el material de los sueños sino de las estadísticas. Es, por ello, fría, algo desagradable a veces, y otras veces íntimamente conmovedora; por todo ello, quizá de lectura aconsejada para adolescentes de los dos sexos, o de adultos que quieran hacer algo de análisis propio o ajeno. Este breve libro, formalmente algo desconcertante, narrativamente más dado a la llanura que a las altas cumbres, deja al final el gusto y la sensación de que ha pasado una ola. El agua ha subido, poco a poco, se ha roto a nuestros pies con un pequeño estruendo, y luego se ha retirado dejando la arena húmeda y blanda, y nuestros pies un poco más hundidos en ella.

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