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ESCRITO AL RASO

La gran coalición: asunto de “business”

lunes 25 de noviembre de 2019, 20:13h

El cotarro de políticos, politiquillos y politicuelos anda revuelto: las derechas callan y las izquierdas trabajan contra reloj. Han encontrado su razón de ser, de la noche a la mañana y tras el susto de la derechona, en la formación a toda prisa del primer Gobierno de coalición de la España constitucional, que es la coartada moral perfecta para el reparto de carteras. E insisten en lo imprescindible de su labor, que es la de firmar acuerdos, sin vetos y con muchas sonrisas y abrazos. Es lo que los abajo firmantes llaman la discusión programática, que tiene algo de connotación lúbrica y de maridos y mujeres que se avienen a compartir una fiesta libidinal con los rivales políticos, entre socialdemócratas y comunistas, galgos y podencos.

A ver qué pasa, porque con ellos nunca se sabe. Tan pronto se miran unos a otros con desconfianza como mojan el bizcocho en el chocolate como las alegres comadres de Windsor-Moncloa. Es la moda. Porque hoy me voy de marcha con la raza rotunda de Irene, pero mañana me pueden enamorar más los rizos anglófilos y paneuropeos de Nadia. Y así todo. Hay mucha excitación en la escenificación que orquestan las “vices” Adriana Lastra y Carmen Calvo con secretismo máximo, que tratan de investir al santo sin luz ni taquígrafos. No se sabe, todo son filtraciones, un wikileak ibérico del pactismo y el “business”. España es una incógnita ontológica y parece que la van a resolver, mientras los independentistas articulan su enésimo liderazgo: ahora le toca a Pere Aragonès, el hombre al que Junqueras señaló con el dedo como su sucesor. Atrás quedan los Pujol, Carod-Rovira, Artur Mas, Puigdemont, Junqueras y Torra… Todo es cuestión de paciencia y barajar. Y de mucha motivación. Mientras, la ciudadanía está de copas o en los grandes almacenes, empezando con la otra campaña: la de Navidad.

Porque ahora resulta que todo es una negociación donde se ponen estupendos, una conquista del arte del reparto (de competencias). Veremos. Ya han elegido el modelo, el color y el tipo de cuero de su cartera Calviño, Yolanda Díaz –de Galicia en Común–, Calvo y Montero. Garzón anda pendiente de que le caiga una sinecura y mirándolo todo de puntillas, como niño en la feria. Y el personal se ha escandalizado porque Yolanda Díaz quiere pagar las pensiones subiendo los impuestos. Van a aumentar los ministerios por aquello de la coalición: todos quieren su sillón, su cortijillo, porque en este país somos de poder integral, secretaria y coche oficial; así, se barajan Trabajo, Transición Ecológica, Seguridad Social, Igualdad, Universidades, Vivienda, Sanidad… según en quién se piense (o en para quién). Por si teníamos poco.

España necesita un gobierno y el PSC dice que, además, ha de ser plurinacional; Iceta, el de las vueltas y revueltas, ha dado un paso al frente y asegura que Cataluña es una nación (sic), como cuando la Lliga Regionalista de Francisco Cambó y Enric Prat de la Riba. También dice Iceta que España es un estado plurinacional y en su ponencia marco del XIV Congreso, que se celebrará del 13 al 15 de diciembre, el socialismo apuesta por una España federal. Algo que algunos ya veníamos diciendo desde hace años. Y también el PSOE lo había venido repitiendo en los últimos tiempos, solo que, como en el congreso anterior de noviembre de 2016, cuando el liderazgo de Sánchez salió por el desagüe de Ferraz –han pasado tres años–, no nos contaron cómo iban a hacer la otra transición, la de la Carta magna del 78 al federalismo constitucional. Porque en toda esta formulación no se nos escapa que descansa una ingenuidad –la ingenuidad es así: siempre descansa–. ¿Podría el Senado volver a tener el poder para el que fue erigido? ¿Estado simétrico o asimétrico? ¿Se quedarían en Madrid los ministerios por aquello de tomarse juntos unos vinos después y pelillos a la mar? ¿Se reconocería el derecho de un estado federal a su autodeterminación? ¿La región que se autodetermine… tendrá derecho a pedir ayuda económica al Estado español? Muchas preguntas para quienes solo tienen la cabeza sobre los hombros para plagiar, epatar y trepar como los monos dejando a los pies de la palmera un montón de cadáveres.

Sí. Habría más independencia que en el marco constitucional, pero habría de ser bajo una constitución federal que recogiese con exactitud cómo se establecen y distribuyen las competencias entre la Administración central y los gobiernos regionales. Si los “cerebros” que tienen que montar ese puzle son Iván Redondo –que lo mismo te hace una chaqueta para Xavier García Albiol que te confecciona un traje para Sánchez– o Teodoro García Egea –campeón de Lanzamiento del Hueso de Oliva, así se llega a una secretaría general, amigos–, que Dios nos pille confesados. Y salvo Herrero de Miñón y Miquel Roca, que no estarían por la labor de meterse en este barro, el resto de padres de la Constitución está criando malvas. Ay, aquellos referentes. Ubi sunt? Los del nuevo milenio político están en el “gym”, Amore.

@dfarranz

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