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TRIBUNA

Cuencas colgantes

jueves 28 de noviembre de 2019, 20:15h

Si tengo que llover, que tú te quedes ciega. Si me tengo que mojar, que se ahogue tu mirada. El cielo se ha llenado de tus ojos, tormenta de arena. Aquí se está bien, pues no veo nada. Mi rostro solo tiene nariz y boca. Me alimento por la vista, no sé lo que como, pero me sabe a todas las imágenes que todavía no he visto. Todo me huele a ti, no sé cómo eres, pero me embriago de la noche de la que estás hecha. Un día vi la luz y perdí los ojos, no se puede tener todo, y mucho menos verlo. Estoy hecho de las paredes con las que me choco. Paredes vigoréxicas, atléticas, mi sangre mezcla su blancura para que así sea.

Me he despertado en una pesadilla ciega. Ver sería despertarse y eso sí que da miedo. Se duerme muy bien sabiendo que tienes los ojos cerrados. Las legañas son el mejor pegamento para que no se cuele por sus rendijas la realidad. A veces noto que me miras y siento la necesidad de dejar vacías tus cuencas colgantes. Hay ojos que están mejor en otro sitio. En mis manos saltan nerviosos y yo los calmo cerrando mis manos con fuerza. Hay quien tiene el corazón en un puño y otros guardamos en ellos la mirada ciega del amor.

En este viaje sin ojos vuelo por todo el mundo. Portugal, es el país más cercano, la primera parada y la más oportuna. A falta de mirada, el desasosiego se cuenta por escrito. Pessoa solo tuvo ojos para sus heterónimos. Lisboa está llena de personas con los ojos del escritor. Muchas veces veía doble, como buen borracho de palabras. No se me ocurre mejor definición para explicar lo que es un escritor. Es en este país hermano es donde más sentido tiene mi particular ensayo sobre la ceguera.

La oscuridad se hace nítida en tus ojos que no puedo ver. Brillan en mi mente llena de ojos que no se cierran nunca. Su destello hace daño a mi imaginación invidente. El resplandor es una película de miedo cuyo argumento es que ninguno de nosotros dos podemos vernos. Una música estruendosa late en nuestros corazones. Una comedia que dice, no me chilles que no te veo.

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