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TRIBUNA

La heterosexualidad no es peligrosa

sábado 30 de noviembre de 2019, 19:39h

Perdone el lector que me ponga didáctico e incurra en un titular tan evidente. Pero, como decía Cicerón, la evidencia es la más decisiva demostración. Y más en los tiempos que corren…

Andaba con dificultades para encontrar un tema para escribir y he de admitir que pocas veces me lo han puesto tan a huevo ante una crisis de inspiración. El País publicaba el lunes una tribuna de un tal Paul B. Preciado que rezaba: “La heterosexualidad es peligrosa”. La cosa prometía, aunque sospeché que podía tratarse de clickbait por lo disparatado del titular. Ojalá.

Si uno tiene los arrestos de enfrentarse al texto y reprimir la arcada, comprenderá pronto que éste -el texto- rezuma misandria y heterofobia -términos tabú, por otro lado-. El autor arguye que “la heterosexualidad es peligrosa para las mujeres”, propone la abolición de la familia hetero-patriarcal como institución para crear “formas alternativas de cooperación política” y -lo mejor para el final- considera que es necesario que “cada mujer tenga un arma y sepa usarla” hasta que la sociedad logre “des-machificarse, des-fachoizarse y des-neoliberalizarse”. Todo muy razonable, ¿verdad?

Ante esta sarta de disparates de raigambre puramente ideológica, el aquí firmante se vio obligado a googlear para saber algo más del tal Paul B. Preciado. La B es de Beatriz, su antiguo nombre antes de que decidiera “deconstruirse” -sus palabras-. El filósofo transgénero y feminista es conocido por sus aportes a la Teoría Queer, que viene a sostener que el género, la identidad y la orientación sexual no están inscritos en la naturaleza biológica del ser humano, sino que son meros constructos sociales. “No hay nada, empíricamente hablando, que permita establecer una diferencia sustantiva entre hombres y mujeres”, dice en el artículo. Unos postulados bastante contradictorios entre sí, ya que negar la binariedad hombre-mujer priva de sentido tanto al feminismo como a la distinción entre homosexualidad y heterosexualidad.

Si uno repasa la obra de B. Preciado -que en peores hemos toreado-, encuentra un disparatado sistema filosófico “de género” que bebe directamente de la teoría del género de Margaret Mead o de la filosofía de la deconstrucción de Jacques Derrida. Preciado defiende, entre otras cosas, “que la identidad de género y de raza son un invento del patriarcado colonial” o que la familia y el colegio son “dos instituciones tremendamente violentas y normativas”. Ante eso, hay quien podría pensar que se trata de una ocurrente cosmovisión construida ad hoc para justificar fobias y traumas personales.

Si la heterosexualidad es, como defiende el columnista de El País, la raíz de toda violencia hacia las mujeres en las relaciones, ¿cómo justifica el filósofo transgénero los asesinatos en relaciones lésbicas? La Confederación Española LGBT atiende a todas las víctimas de violencia intragénero que acuden a ellos, un 75% de las cuales son mujeres agredidas por otras mujeres. Las muertes por este tipo de violencia ascienden a 15 en los últimos 11 años -”aunque hay más que no han trascendido a la prensa”, admite la Confederación-. ¿Qué explicación da para este tipo de sucesos?

La soflama revolucionaria camuflada de tribuna es una llamada a la guerra entre los dos sexos y una vil criminalización de la orientación sexual más extendida. Llamar a la deconstrucción de la heterosexualidad es, además, una flagrante contradicción: en el proceso de deconstrucción de esta realidad ya se está construyendo una nueva.

Y aquí podría seguir escribiendo largas parrafadas sobre la raíz nietzscheana de la Teoría Queer, que otorga primacía a la voluntad sobre una realidad preexistente; sobre cómo ciertas tesis transhumanistas se están aceptando acríticamente por sectores feministas en detrimento de sus propias demandas; o sobre cómo, antes que incitar a la confrontación, sería más sensato proponer que la sociedad consiga amparar a quien está en situación de desprotección: sea mujer, niño, anciano, trans... Pero mis lectores -anacrónicos cuando no inexistentes- saben que ese no es mi estilo. Prefiero la sátira al ensayo y aspiro a que mi firma sea algún día la de “filósofo canallita”.

Paul nos quiere decir que la maldad es una cualidad heterosexual y cipotuda. Yo -sustancialmente menos docto y más canalla- sospecho que la maldad es una cualidad propia de quien -ya sea homosexual o heterosexual- ha sido poco diligente a la hora de conocerse a sí mismo y no ha comprendido que la virtud es su propio premio; de quien no se ha atrevido a mirar a los ojos del diferente y ver lo que estos muestran.

No sé si seré capaz de des-machificarme, des-fachoizarme y des-neoliberalizarme a tiempo para ser digno de entrar en el colorido y simpático mundo que propone mi preciado Preciado sin ser tratado a punta de pistola. Sí seré capaz de defender siempre, al contrario de lo que piensan el colega y Sartre, que el infierno no son los demás.

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