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POR LIBRE

Gabriel Rufián tortura a Pedro Sánchez

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 01 de diciembre de 2019, 18:45h

Gabriel Rufián tiene un punto de psicópata político. No expresa ni un ápice de empatía y le gusta insultar, burlarse y vejar a sus adversarios políticos, incluso a los que no lo son. Es el papel que mejor interpreta. El chico malote, el macarra del barrio, el chulo de barra de bar, el pendenciero, el provocador. Y, según se cree, ahí radica su popularidad, su presunto éxito como portavoz de las tropelías separatistas.

Y ahora que está en el foco de las cámaras, chapotea tan feliz como un hipopótamo en una charca, disfruta más que nunca. Con esos andares a lo John Wayne, con su ropa de marca ajustada, con los botines burdeos como espejos, con un esmerado retoque de tupé, la barba esculpida tras horas y horas en la peluquería y rodeado por sus diputados como si escoltaran a Kim Jong-un, camina por la Carrera de San Jerónimo ufano del estelar papel que le ha deparado el destino.

Y es que el destino ha puesto en manos de ERC, que no en las suyas, el futuro de Pedro Sánchez. Ha pasado de hacer el bufón en el Hemiciclo a “poner y quitar Gobiernos”, como dijo en rueda de Prensa. Y Rufián no pierde la oportunidad de regodearse en la suerte, de poner al presidente en funciones contra las cuerdas, de mofarse de sus prisas por ser investido, de vengarse por haber repetido las elecciones. De alardear de que “a un Sánchez débil y derrotado se le puede sentar en la mesa de diálogo”.

En realidad, Rufián ni pincha ni corta en esta historia. Hace lo que le dicen sus mayores, en especial Junqueras. Pero nadie como él es capaz de desquiciar a sus presuntos socios. Y ahora toca alargar las negociaciones para exasperar al PSOE, para multiplicar el protagonismo de ERC y para que toda España esté pendiente de la decisión final de los independentistas catalanes que tienen los imprescindibles 13 votos para que haya o no Gobierno.

Según se sentó el jueves frente a los temblorosos y postrados Lastra, Ábalos e Illo, puso sobre la mesa de negociación las bombas que más aterran a los socialistas: calendario para la autodeterminación y amnistía inmediata para los secesionistas encarcelados. Durante las dos horas y media de la primera reunión, los miembros del partido republicano no se movieron ni un ápice de sus exigencias. Y ahí se quedaron las bombas hasta que el martes vuelvan a verse las caras. Poco importa que Carmen Calvo implore su apoyo calificando a ERC como “uno de los más grandes partidos de la Historia” o al pobre José Luis Ábalos hablando de “conflicto político” cuando el PSOE siempre se había referido a un “problema de convivencia”. Solo les falta decir que el 1-O fue una broma. Que no es para tanto. Pero, todo llegará. Lo primero, el indulto, pues la amnistía es tan inconstitucional como el referéndum de autodeterminación.

Pedro Sánchez pretende ser investido antes de Navidad. Quiere tocar la pandereta como presidente de verdad, que lo de estar en funciones es muy cómodo, pero empieza a temer que se acabe el chollo y en unas terceras elecciones no le vote ni su padre. Está aterrado, encerrado en La Moncloa, en silencio, esperando que ERC se decida de una vez.

Pero Rufián y compañía no tienen prisa. Quieren todo lo contrario. Prolongar la agonía del PSOE, salir todos los días en todas las portadas y protagonizar la vida política hasta el último asalto. Probablemente, al final, antes de que suene la campana, tendrán el detalle de abstenerse. Pero a partir de ese momento, Pedro Sánchez ya sabe que hasta para ir al baño del Congreso tendrá que pedir permiso a Rufián. Y ya veremos si el doble de John Wayne, tan mal actor como el famoso cowboy, se lo permite. Que los vaqueros siempre tienen que ser los primeros en desenfundar el revólver. Si no, están muertos.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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