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DESDE ULTRAMAR

Los juicios y los prejuicios a López Obrador

Marcos Marín Amezcua
jueves 05 de diciembre de 2019, 20:54h

El presidente mexicano ha sido mal recibido en España con aquella propuesta consistente en que el rey Felipe VI se disculpara con los pueblos aborígenes de América por la conquista española. Cada quien en ambas orillas del Atlántico ha querido leer lo que convenía a sus intereses y ya lo he abordado el asunto, así que sirva solo de marco para referirme a su primer año al frente del gobierno. Eso sí, se generan prejuicios y juicios atropellados en torno al mandatario de marras, muchas veces basados más en las vísceras que en la sapiencia.

Si por sapiencia fuera, mejor andaríamos. Y no es el caso. Su primer aniversario da para mucho. La oposición mexicana está muy enojada con el sujeto por no haber ganado su candidato –un par de impresentables y esa oposición lo sabe perfectamente bien– y como nunca antes, le tiene jurado un odio frontal a López Obrador. Aquel no vende piñas, ciertamente. Mas su gobierno significa echar abajo los negocios de unos y muy probablemente pondrá los propios. Lo normal.

Pero que a usted no lo engañen: ni estamos bajo un régimen socialista (ni camino a él cuando no tienen más argumentos, arguyen sus detractores) ni somos una dictadura. Solo estamos ante el escenario natural en que los que hoy mandan joden a los que ya no. Se gobierna para otros. Y así vamos. Crecen los insultos a López desde sus detractores. Opositores que mascullan el tibio argumento de que López divide. Mi abuelo respondería: ya están muy grandecitos para que los dividan. Se divide el que quiere. Así que asuman, no deleguen responsabilidades.

Los sexenios mexicanos no admiten reelección hasta ahora. Un presidente gobierna lo que toca y hace lo que pueda en ese plazo. Lo normal. A los que no votaron por tal, les molesta su ejercicio y los que sí, lo sobrellevan o aplauden. En medio, la propaganda y que se la trague quien quiera. Esa es la diferencia. Eso en México siempre ha pasado, así que para mí no es más que normalidad democrática leer los recalcitrantes comentarios e insultos desde quienes no apoyaron a López. Eso sí, evidencian bastante el talante de sus autores –viera usted gente tan decente y estudiada, lanzando unas de carretonero, que yo me sonrojo (así mire, así)– y desde luego mostrando lo inocultable y decepcionante de sí. Su clasismo, su desinformación, su mala leche y su racismo. Es lo que hay. Yo, eso sí, voy tomando distancia de tales personas y no la cancelaré.

Tengo una conocida que denuesta a quienes votaron al actual presidente, pero en este clima crispado se calla astuta (eso se piensa) decirnos por quién votó. Yo sospecho que por el PRI. Pudo ser por el PAN, pero en ambos casos sería tan absolutamente reprobable y cuestionable su voto en los mismos rijosos términos en que ella se expresa de quienes no piensan como ella. Pongamos. Si votó por el PRI, sinónimo de ladrones, ya me dirá usted. Si votó por los inoperantes y corruptos panistas, usted valore. No está posición de cuestionar a los demás. Mas valdría su prudencia, pero esa se acompaña de inteligencia. Y es allí donde acaso tengamos problemas.

López Obrador ha representado ponerle un trabuco a los ladrones priistas. Comprenderá usted que están fúricos. Los echó del erario que desfalcaron sin hartazgo ni arrepentimiento alguno. Así que de ellos yo no esperaría nada, porque nada queda por esperar del priismo. Los priistas carecen de proyecto de país y su asalto al poder en 2012 fue solo para la pura robadera. Lo saben y no hay inconveniente en repetírselos las veces que haga falta. La derecha se cuece aparte. Incapacitada para gobernar mejor, imposibilitada de rendir mejores cuentas, lo está igualmente en construir opciones. Podría pero no quiere, debería, pero se evade. Lo más inteligente que suele hacer es decir que somos Cuba, que el socialismo llega y que desde luego, todo va mal. Mas no mejora la apuesta ni mucho menos es mejor ella que lo que hay. Y no logra convencer, de momento. Más reza por ver caer a López Obrador y en pedir la invasión estadounidense que por ofrecer alternativas reales que endulcen el oído del votante y con las cuales corrija sus propios errores del pasado al gobernar.

Sus prejuicios contra López Obrador y la izquierda son vergonzantes. Abominables, discriminatorios. La derecha tiene que trabajar mucho su mentalidad excluyente, retrógrada y altanera como opositora.

Todo este panorama se lo dibujo porque imposibilita el diálogo, merma la capacidad argumentativa y cancela la más mínima consideración al otro. Impone barreras. Como en otros países, el enviciamiento del ambiente político permea las discusiones entre ciudadanos. Eso no sería malo ni tiene nada de especial, si no fuera porque en el caso mexicano la oposición va incapacitada para mejorar la oferta, carece de propuesta, de mejores argumentos opositores que no sean el insulto, la diatriba. Va sin tantita reflexión. Así no se puede. Sencillamente, no. La necesaria oposición inteligente brilla por su ausencia. Es una oposición de quinta para una transformación de cuarta, si parafraseamos el modelo político actual. Desconocedora de la realidad que critica o peor, causante de ella y no se entera.

Frente a nosotros tenemos un gobierno que va lento en reformas, que pone el acento en sectores menos favorecidos –con el abucheo de los que antes más– que no acaba de amarrar nada y frente a sí tiene dos temas que lo pueden conducir al fracaso electoral en las intermedias de 2021 y en la presidencial de 2024: seguridad y economía. Si no hay buenos resultados.

La primera asignatura citada nos adelanta que este gobierno no cambiará su estrategia de apostar a que se atienda la pobreza como causa del narco, cosa cuestionable porque no necesariamente hay solo ese nexo. Lo segundo nos conduce a preguntarnos las causas del estancamiento económico. Propias y ajenas. En ello se mezclan a conveniencia análisis revolviendo palabras como recesión, crisis, retroceso, desaceleración y no son lo mismo. Sume usted que a la imperiosa necesidad de identificar las causas reales del estancamiento económico no olvidemos que el capitalismo es de ciclos y que la crisis será mundial, no obra del presidente mexicano. Para decepción de sus detractores, que eso quisieran. Y encima están los yanquis presionando.

El debate no incursiona en investigar las causas, en plantear claramente las realidades analizadas, y en cambio, a lo fácil, a lo superficial solo permite que sobrevuele la sombra del golpe de Estado, la denostación que no reconoce la frontera de la sensatez y el insulto facilón. Es inaudito y francamente desastroso, tanto o más como lo que cuestione a López Obrador. Ensimismados en su persona, los opositores no reparan en lo importante: saber cómo afrontará López Obrador una potencial crisis mundial. Una que le obligaría a salir del país a asistir a los foros que rehúye, a defender in situ los intereses de México. ¿Viviremos para verlo?

Así el patio, el actual presidente emprende su segundo año con una gran popularidad inusitada, según juzgan las encuestas. Eso no me deja boquiabierto, pero rondando el 70%, me advierte que la oposición no ha podido ser opción, todavía. La democracia es un vaivén. Así que nada es para siempre, y que nadie lo olvide. Eso sí, yo estoy feliz con ver al PRI fuera del gobierno. Se lo tiene merecido esa parvada de ladrones. Ya un año de eso. Y que sean muchos más.

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