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Ensayo

Rafael Poch de Feliu: Entender la Rusia de Putin

domingo 08 de diciembre de 2019, 20:09h
Rafael Poch de Feliu: Entender la Rusia de Putin

Akal. Madrid, 2019. 157 páginas. 15,20 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

Rafael Poch de Feliu, excorresponsal de La Vanguardia en Berlín, Moscú y Pekín, nos ofrece en Entender la Rusia de Putin. De la humillación al restablecimiento una obra en la que aborda dos acontecimientos fundamentales que no pueden considerarse compartimentos estanco. En efecto, por un lado analiza la implosión de la URSS (señalando a Boris Yeltsin como uno de los principales artífices); por otro lado, se centra en el presente liderazgo, indiscutido e indiscutible, de Vladimir Putin.

Como bien expone en el título del libro con el verbo “entender”, el autor no se propone empatizar con el actual jerarca ruso, sino explicar las razones de su comportamiento en esferas totalmente conectadas (política doméstica, relaciones internacionales, geopolítica, seguridad y defensa). En este sentido, Poch de Feliu lleva a cabo una crítica demoledora del sistema político ruso, al que se refiere con un concepto muy sugerente para definirlo, “democracia por imitación”. Al respecto, tal “democracia por imitación” tendría como rasgos distintivos, entre otros, los siguientes: control gubernamental de los medios de comunicación, persecución a la oposición o ausencia de una adecuada labor de control sobre el poder ejecutivo por parte del legislativo y judicial.

En íntima relación con el argumento anterior, el autor subraya que tampoco esta Rusia de Putin ha frenado el incremento de las desigualdades sociales. Por tanto, de cara al futuro, los interrogantes predominan sobre las certezas ya que “sin oposición, ni medios de comunicación vivos, ni poder judicial independiente, las autoridades pierden el sentido de la realidad sobre lo que ocurre en el país, el régimen atrae a los más conformistas y la corrupción se dispara” (p. 136).

Con todo ello, la Rusia actual no se puede comprender sin una explicación de su pasado, en particular del más cercano. En este punto, el autor traza un recorrido cronológico en el que disecciona épocas diferentes entre sí, como el zarismo, la revolución bolchevique y el desarrollo de la Unión Soviética como superpotencia mundial a partir de 1945. Al respecto, cuando aborda la recta final de esta última etapa, enumera las razones que motivaron la desintegración de la URSS, rechazando que tal hecho obedeciera al rol desempeñado por Reagan, Thatcher o Juan Pablo II.

En efecto, para Rafael Poch de Feliu, el derrumbe del gigante soviético se debió a una conjunción de factores domésticos, dentro de los cuales ocupó un espacio protagonista la pérdida de atractivo del comunismo. En palabras del autor: “¿Cómo se secó aquella fuente de pasiones y creencias que invocaba a la “unión de los proletarios del mundo entero”, que había vencido una guerra civil y otra mundial pagando precios espantosos, que reconstruyó el mayor país del mundo, y que había colocado su símbolo, la hoz y el martillo, sobre el mismo globo terráqueo en su escudo estatal evidenciando extraordinarias pretensiones de fraternidad e internacionalismo?” (p. 84).

Sin embargo, el escenario resultante no fue mucho mejor, tal y como se comprobó durante los sucesivos gobiernos de Boris Yeltsin: Un respetado pensionista excombatiente condecorado, un profesor de universidad o un obrero cualificado se convertían en marginados sociales” (p. 95). En efecto, la década de los noventa se caracterizó por una “humillación” a Rusia, de cuya debilidad Poch de Feliu insiste en enfatizar que se aprovechó Occidente, en particular Estados Unidos.

Este escenario se fue alterando gradualmente con el acceso al poder de Vladimir Putin, alcanzando su momento culminante en 2008. A partir de esta fecha, en lo que alude a las relaciones internacionales, Rusia ha desarrollado una “agenda exterior propia”, apreciable en sus intervenciones militares en Siria o en sus injerencias en Ucrania. Este fenómeno, en opinión del autor, se traducido en una demonización de la figura de Putin, sobre todo desde Estados Unidos, con la que no está de acuerdo: “Al reivindicar así su autonomía soberana en el mundo, gracias al restablecimiento de su potencial militar, Rusia fue inmediatamente expulsada de la comunidad internacional respetable y catalogada como “no Occidente” […]. La demonización de Rusia y de su presidente supera hoy los niveles alcanzados en la Guerra Fría del Siglo XX” (p. 119).

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