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Novela

Peter Handke: La ladrona de fruta

domingo 08 de diciembre de 2019, 20:23h
Peter Handke: La ladrona de fruta

Traducción de Anna Montané Forasté. Alianza. Madrid, 2019. 387 páginas. 22,90 €. Coincidiendo con la entrega del Nobel este martes 10 al escritor austriaco, llega su última novela, con un Handke andariego por la Picardía francesa, que da cuenta de que, más allá de polémicas extraliterarias, el autor de “La mujer zurda” es sobradamente merecedor del más preciado galardón de las letras. Por Ángela Pérez

El próximo martes 10 de diciembre, día en que murió Alfred Nobel (1833-1896), se celebra en Estocolmo la solemne ceremonia de entrega de los premios Nobel 2019. Este año el foco de atención está puesto en el de Literatura, concedido al austriaco Peter Handke (Griffen, Carintia, 1942). Y no por razones que tengan que ver estrictamente con la literatura, sino por razones extraliterarias que ya salieron a la palestra cuando se anunció el pasado octubre el nombre de Handke. La concesión del más alto galardón de las letras al autor de La mujer zurda ha generado una ruidosa polémica que se atiza cada vez más, y en la que han participado autores de renombre como Joyce Carol Oates, Salman Rushdie y Slavoj Zizek, entre otros. Asimismo, varios académicos han anunciado que no asistirán al acto, hay convocada una manifestación de protesta, y el pasado sábado el propio Handke protagonizó un encuentro con periodistas no exento de acritud, aunque también de ironía por parte del escritor austriaco: “Me encanta la literatura, no las opiniones”, “Continúe con sus preguntas, me gustan sus preguntas” o “Prefiero una carta anónima con papel higiénico a sus preguntas vacías e ignorantes” son algunas de las respuestas que espetó ante la insistencia de abordar el asunto origen de la controversia: el apoyo de Handke a los serbios durante la guerra en la ex Yugoslavia y al líder serbio Slobodan Milosevic, juzgado y condenado por el Tribunal de La Haya por crímenes de guerra, y a cuyo entierro asistió Handke.

Señaló también que era una larga historia muchas veces contada, y que esa no era ocasión de repetirla, aunque apuntó que deseaba encontrarse con dos madres que perdieron a sus hijos en la guerra, una del bando serbio y la otra del musulmán, pero que un amigo le disuadió de la idea, pues no era posible, al menos de momento. Quizá de producirse terminaría con una polémica con mucho de estéril y cansina, pues Handke no ha dejado de explicar que lo que quería poner de relieve es que se cometieron otros crímenes contra la humanidad, y no solo los de los serbios, perpetrados por bosnios, croatas y musulmanes, algo que parecía querer ocultarse, aireando solo los de los serbios, y pidió que junto a las madres de Srebrenica, se oyera también a las madres serbias de Kravica.

Y permitiría centrarse en una obra que indiscutiblemente encierra una altísima calidad y que es un plato imprescindible para lectores exigentes que busquen algo más, mucho más, que un argumento entretenido y de facilísima lectura. Coincidiendo con la entrega del Nobel nos llega la última novela de Handke, La ladrona de fruta o Viaje de ida al interior del país, publicada por Alianza, en cuyo catálogo se encuentra la mayor parte de su producción y que este mismo año recuperó Ensayo sobre el jukebox, de especial relevancia para la relación de Handke con España.

La ladrona de frutas compendia de alguna manera todo el universo Handke y en ella se aprecian claros ecos de toda su obra, desde su debut en 1966 con Los avispones. Al comienzo de la novela, un narrador, presumiblemente el propio Handke nos cuenta la picadura de una abeja en un día de principios de agosto. Este hecho se interpreta como una señal de que “ha llegado el momento de marchar” y se convertirá en el detonante de ese “viaje de ida al interior del país” -un periplo de tres días por la Picardía francesa -Handke abandonó Austria hace tiempo y vive en Chaville, cerca de París-, en el que se funden armónicamente realidad e imaginación.

Va acompañando a Alexia, llamada la ladrona de fruta, en quizás un juego de matrioskas, con alter egos que se contienen unos a otros. Alexia busca a su madre, la banquera hanseática que recorrió la sierra de Gredos en La pérdida de la imagen, tratando de encontrar a un escritor al que ha contratado para escribir su historia. Este hilo conductor entrelaza digresiones, pequeñas historias, personajes... todo cuanto va surgiendo en el viaje.

La novela, calificada por el propio Handke como “la última epopeya”, está muy atenta, como bien señala su traductora, a “nuestras deshumanizadas formas de vida, a la cronicidad de la indigencia, al abandono de las hijos por parte de los padres, al papanatismo mediático, a la destrucción del entorno, a la banalización del amor y a tantos y tantos signos que conforman nuestro hoy”. El asunto del viaje, tan querido por Handke, alcanza en La ladrona de fruta una gran solidez en un estilo preciso y brillante donde su característica morosidad nos proporciona un delicado y elegante deleite.

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