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PP y PSOE: cartas de navegación nerviosas

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
martes 10 de diciembre de 2019, 20:19h

Sólo existe una gran política: la que aumenta votos, la que hace crecer electorado, la que conduce al poder. Dentro del panorama actual, donde el monotema es ERC, lo que pide y deja de pedir por esa boca, beatificación incluida de Oriol Junqueras, hay sobre las aguas eléctricas dos movimientos interesantes. El primero, el intento del PP por absorber a Ciudadanos: ocurrió con IU y puede pasar con ellos, ofertas a Arrimadas y altos cargos para que se integren, operación de reagrupar al centro derecha, puestos para Girauta, Villacís o Reyes. Los socialistas nada quieren saber de Ciudadanos: acercarse a ellos puede implicar bajar aún más sus votos, y el PP ve el bocado apetecible, su desplome electoral ha sido masivo e integrados en las filas populares pueden sumar y no restar. “Todo lo que no suma, resta”, se decía en mis tiempos mozos, aplicado a mil y un sinsabores, desde los ligues al peculio. PP y Ciudadanos comparten cuatro Gobiernos autonómicos y la alcaldía de la capital, son más aliados que adversarios, puede compensar el abrazo del oso, los dirigentes de Ciudadanos fuera del Congreso pueden subirse a cualquier bote que pase a recogerlos junto a los tiburones voraces.

Respecto al PSOE la consigna es virar a izquierda, moverse hacia la izquierda, los nórdicos sostienen a la Socialdemocracia, solemne y en mayúsculas, hablando todo el rato de Tercera Vía. No se sabe bien lo que es: cambio climático, más Estado del Bienestar, flexibilizar horarios, menos pensiones miserables… Alemania por medio del SPD quiere más izquierda, Reino Unido quiere más Corbyn y España busca la integración con Podemos, no hay marcha atrás (los demócratas en Estados Unidos buscar frenar a Trump, sin disimulo, por medio de medidas en la pura Ultraizquierda). ¿Aquí no hay absorción? Naturalmente. El rescate de todos los socialistas que se metieron en Podemos a partir del 15-M. ¿El enemigo a batir? Muy claro, desde el presente ángulo, la eterna promesa redistributiva mediante la cual las desigualdades sociales se reducen. Dicho de otro modo: intervenir en los mercados, desde Europa, lo que viene a ser meterse en las cajas de las empresas privadas, casi un imposible.

¿Cómo pueden acabar las dos absorciones? Mal, muy mal. Nadie quiere formar parte de otro, a costa de su propia identidad. Lo vimos con Izquierda Unida, ay, integrada en Podemos por culpa de una mala novia, que luego no fue tal, y consiguió romper el jarrón para siempre. Hoy su presencia es residual y en muchas autonomías ha llegado a desaparecer. Las cartas de navegación nerviosas manejan izquierdas pequeñitas o en declive –las populistas, generalmente- cuyo bocado es apetecible para las grandes. Así también las derechas que no nacieron como tales –Ciudadanos- pero se empeñaron en serlo y hoy son ruina cuando no desbandada manifiesta hacia cualquier puerto de acogida. Es difícil para los pequeños –izquierda o derecha- resistir. Si van desapareciendo partidos, integrados en otros, el trozo de tarta en el plato siempre es mayor para los que parten y reparten y llevan para sí la mejor parte, no hay ningún secreto. Hasta lo más curioso, a lo que ahora vamos, absorciones que son de ideología contraria y belicista.

El dato pasó completamente desapercibido tras el 10 de noviembre pero yo me quedé con él como quien encuentra una pepita de oro en el río: se calcula que trescientos mil socialistas votaron a VOX. ¿Cabreados con la corriente general? ¿Vengativos ante un líder con quien no se identifican? ¿Hartos, muy hartos de repeticiones electorales? Son trescientos mil y andan por ahí, sí, calentado orejas, conspirando, tal vez en el recuerdo permanente de Guerra y Felipe, probablemente manejados por gigantes fuera de circulación y del Congreso, pero con el bolsillo lleno, no como Ciudadanos. ¿Cabe la absorción de contrarios? No, es todo lo contrario, la historia del Caballo de Troya, llegan los contrarios para saquear siglas y abrir los portones de madera de par en par a nuevos bárbaros. El único beneficiado con las últimas elecciones, en crecimiento imparable, fue VOX. Todos perdieron sillones y poltronas menos ellos. Aumentan las risitas y pellizquitos de monja bajo la mesa entre contrarios que no tenían nada que ver: Iglesias/Espinosa de los Monteros. La risa lo abre todo: el amor, el futuro, el cerebro y la cartera. Parejas de cama.

Las absorciones, las cartas de navegación nerviosas, el viraje de la izquierda a más izquierda y de la derecha a más centro, debería ser alta política, poder de seducción, convicción del afín y no contrario. La forja de aliados para aumentar el grueso de las huestes en el campo de batalla. Sospechamos lo de siempre: a muchos no le molestará la OPA si consiguen salvar el culo. Se dejarán querer, entre arrumacos y pucheritos. Serán los peores: ya de nadie, de ninguno, ni de sí mismos, e igual, como les ocurre a los peores adúlteros, dicen el nombre que no es en los peores trances, confundiendo amante y esposa, para diversión de todos y más incendios aquí arriba, sobre los peces, donde los vientos del país no despiertan, las velas siguen sin desplegarse y seguimos anclados, varados, en espera y sin esperanza.

Diego Medrano

Escritor

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