Chamaco es la expresión mexicana para chaval. “Chamaquear” es un verbo atribuido a la inocencia. Y al abuso del candoroso, párvulo, crédulo, bobo, inexperto y todo cuanto más se quiera.
Y así, cuando después de una desmesurada celebración por la firma de un tratado trilateral de Comercio (con EU y Canadá), sustituto del actual NAFTA, cuya condición le desagrada a Trump, y a nadie más, los negociadores mexicanos, inexpertos y sin “colmillo”, se dieron cuenta de cómo habían cenado liebre cuando les dieron gato.
Ahora vemos cómo el gozo se va por el pozo porque nos acabamos de dar cuenta de los detalles del acuerdo trilateral comercial y no hemos escuchado quejas de los canadienses, pero los mexicanos, como se dijo hace unos días en esta columna vamos a vivir en la Tercera Certificación, la laboral y sindical (antes fueron las del narco y la migratroria), y nuestros negociadores, en especial el ufano señor Jesús Seade, quien se exhibía experto en presumir con el sombrero ajeno, se dicen sorprendidos y ajenos a tan inicua determinación americana.
Ya la embajada se apresta a otorgarles espacio y oficinas a los supervisores laborales, quienes son del todo un detalle menor, porque si no se hubiera cedido en el capítulo salarial y de “democracia” sindical, no habría espacio para esos inspectores, dicho sea con rigor idiomático.
Inspectores, veedores, como en tiempos coloniales. Veedores, oidores, supervisores. Da igual.
Algunos lo dijimos desde antes:
“…Mal están las cosas cuando nos alegra algo tan mudable como el temperamento de Trump, el cual exhibe la carencia de principios diplomático en la relación con México en su generoso aplazamiento de clasificar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas y abrir la puerta para cualquier intervención: lo hice por pedido de un señor con el cual simpatizo.
¿Y cuando la simpatía se acabe o cuando sople el viento o la mosca vuele, las cosas van a seguir iguales? Y eso, si de verdad existiera.
“…Pero ahora se cierne otra amenaza: el comercio trilateral.
“El Tratado salinista de Libre Comercio, NAFTA, impugnado en todos los tonos por la entonces izquierdas opositora y defendido ahora por la izquierda gobernante, ha garantizado periodos de estabilidad y crecimiento en muchas áreas de la economía mexicana.
“Su manifiesta utilidad ha sido comprendida por todos, excepto por Donald Trump (el simpatías, le dicen en Palacio Nacional) quien desde su campaña electoral (ahora va por la reelección), lo calificó como injusto para su país y de leoninos rendimientos para el nuestro, lo cual es una absoluta mentira.
“Trump amenazó con denunciarlo (como se dice en el lenguaje del comercio bilateral o trilateral) y salirse de él y de inmediato todos se pusieron a temblar. Por eso y nada más por eso se ha intentado el Temec, ahora firmado con añadidos.
“Pero México, donde al amparo de la urgencia por todo casi siempre ser nos queman las habas, se dieron dos circunstancias: Enrique Peña Nieto quería irse con algo para presumir en el ultimo acto de su gobierno, y el actual Señor Presidente quería demostrar cómo un tratado neoliberal se sustituye con otro tratado más neoliberal, pero desde su óptica propia.
“Ahora el tratado, con todos los riesgos, ha sido sometido a un adendum o agregado o complemento o enmienda. Y en ella se echan abajo muchos de los beneficios logrados en la anterior versión sin añadidos incómodos.
“Esa versión no les interesa a los estadunidenses quienes tienen un estira y afloja político electoral cuya hondura pasa hasta por la impugnación presidencial obediente a otros motivos, pero presente en un pleito interminable entre la Casa Blanca y el Partido Demócrata en el Congreso americano”.
Pero cuando todo se firmó no cabían los aplausos en el Palacio Nacional. Duro muy poco la euforia a pesar del reiterado, “misión cumplida”, de Marcelo. Pues será micción cumplida, porque se les fue el chorro por fuera de la bacinica.