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Novela

Rebecca West: La familia Aubrey

domingo 22 de diciembre de 2019, 19:06h
Rebecca West: La familia Aubrey

Prólogo de Andrés Barba. Traducción de Andrés Barba Muñiz y Carmen Mercedes Cáceres. Seix Barral. Barcelona, 2019. 544 páginas 22 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Soledad Garaizábal

La novela que trae a nuestras librerías la editorial Seix Barral es un homenaje a la infancia, al núcleo familiar, a las madres no convencionales, a la educación alejada de los cánones establecidos y a la revolucionaría idea de hacer de la cultura la única herencia digna de ser trasmitida. Rebecca West, nombre de la rebelde heroína de la obra de Ibsen “Rosmersholm”, es el pseudónimo adoptado por la escritora, respetada periodista, crítica y feminista inglesa Cecily Isabel Fairfield (Londres, 1892-1983), de interesantísima y longeva vida. Aclamada como la mujer de letras más importante de su tiempo, nombrada dama del Imperio británico, pareja de H. G. Wells, amiga de Virginia Woolf y Doris Lessing, revolucionaria, indomable, esperó hasta los 65 años para atreverse a dar forma de novela a sus recuerdos de niñez.

Precedida por un interesante prólogo a cargo de Andrés Barba, la obra deja al descubierto todos esos condicionantes excepcionales que, como en la de sus personajes principales, moldearon la infancia de West y determinaron su carácter y su defensa a ultranza de la libertad, la independencia y la igualdad. Rilke había dicho “la verdadera patria del hombre es la infancia” y Rebecca West podría añadir que la verdadera patria de la mujer es, en especial, su propia madre.

La narradora y principal protagonista de esta obra es la niña Rose Aubrey, observadora y despierta, criada en el seno de una familia excepcionalmente culta pero pobre. “Éramos muy pequeñas, pero ya astutas como zorros. No nos quedaba más remedio. Teníamos que husmear el aire para saber por dónde iba a llegarnos el próximo infortunio”. Los angustiosos aprietos económicos por los que pasan son constantes y derivan de las pésimas iniciativas inversoras de un padre periodista, muy culto y conocedor de miles de historias, idolatrado cuando está en casa pero con mucha frecuencia ausente o absorto en sus propias batallas. Rose tiene dos hermanas más y un hermano pequeño. Su madre se sitúa fuera de todos los convencionalismos de la época, es una excéntrica expianista que vive angustiada por las deudas, gesticulante, expresiva, inmersa en una constante lucha por sacar a la familia a flote, valiente, nerviosa, cercana y cariñosa. Para Rose, su madre son los cristales a través de los cuales conocerá el mundo. Aprenderá a interpretar sus muecas, sus formas de andar, sus tonos de voz, su apariencia física y su indumentaria para encontrar sentido a la realidad.

Obligadas a madurar antes de tiempo, las hermanas Aubrey son verdaderos pozos de sabiduría que se esfuerzan por seguir aparentando una inocencia infantil solo para no hacer daño con su clarividencia a los adultos que les rodean. Viven la dolorosa experiencia de crecer comprobando la ineficacia de sus propios progenitores. Invierten los papeles y son ellas las que ofrecen protección y brindan seguridad. Dan consejos con disimulo para que los adultos no se sientan humillados, aprenden a dosificar las malas noticias, a dominar el arte de las medias mentiras, a envolver la cruda realidad y hacerla tragable. En una de tantas penosas situaciones, su madre le dice a Rose “debes confiar en mamá” y ella piensa “pero no confiaba en ella. La quería”. Así de simple y así también de complejo, como todo el enmarañado nudo de hilos con el que se tejen las relaciones familiares.

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