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El fundamentalismo islámico amenaza la estabilidad en el Cáucaso

El fundamentalismo islámico amenaza la estabilidad en el Cáucaso

miércoles 13 de agosto de 2008, 11:28h
De los más de 90 millones de musulmanes ex soviéticos, la inmensa mayoría se encuentran en las nuevas repúblicas independientes de Asia Central y en Kazakstán. Por ejemplo, entre los 25 millones de habitantes de Uzbekistán, no menos de 22 millones son musulmanes. En Kazakstán son unos 10 millones, otros siete en Tadjikistán, cinco en Turkmenistán y algo menos en Kirguistán. El resto de los que fueron musulmanes soviéticos vive en el Cáucaso, principalmente en Azerbaiyán. Muchos se encuentran en las repúblicas autónomas de la Federación Rusa, como Daguestán, Checho-Ingushetia, Osetia del Norte, Tartaria y Bashkiria, pero también en la capital rusa, Moscú.

Los musulmanes moscovitas constituyen, según algunos cálculos, un cuarto de la población. Son más de cuatro millones de ciudadanos. Entre ellos están no sólo los inmigrantes de diversas regiones del país que trabajan en la industria de la capital desde la época de la Revolución Bolchevique, sino también innumerables emigrados políticos llegados tras los conflictos que sacudieron el Cáucaso y otras antiguas repúblicas soviéticas con la disolución de la URSS.

La disputa por el control geoestratégico del Cáucaso entre Rusia y Estados Unidos, con Georgia interpuesta, no es ajena a esta situación. En el momento de la disolución de la URSS, a principios de los años 90 del siglo pasado, Georgia estableció estrechas relaciones tanto con Turquía como con Irán. A pesar de que la población georgiana es en su mayoría cristiana-ortodoxa, los intereses del nuevo Estado independiente coincidían más con los apetitos expansionistas de Ankara y de Teherán, que querían extender su zona de influencia en el Cáucaso, que con la Rusia cristiana-ortodoxa.

La existencia de esta población musulmana en la capital rusa constituye una obsesión para los dirigentes rusos, que temen que broten en ella los gérmenes del fundamentalismo islámico, como ocurrió ya cuando la guerra de Chechenia y, anteriormente, con el conflicto de Afganistán. Además, los musulmanes de Moscú mantienen estrechas relaciones con los de las otras regiones de Rusia de las que proceden y en donde proliferan grupos extremistas religiosos.

Entre las poblaciones musulmanas minoritarias existentes en Rusia se cuentan los abazes (30.000), los agules (10.000), los andis (50.000), los balkares (70.000 y otros tantos deportados por Stalin en Asia central), los cherkeses (250.000), los darguines (300.000 en Daguestán), los inguches (50.000 convertidos al Islam por los chechenos), los kabardos (350.000), los karachais (150.000) ; los laks de Daguestán (100.000).

En cuanto a las minorías más numerosas, hay que señalar los avares (más de medio millón en Daguestán), los azeríes(además de los 6 millones que habitan Azerbaiyán, hay 100 mil en Daguestán, 300 mil en Georgia y otros 200 mil en Armenia); un millón de bashkires, otro millón de chechenos; casi millón y medio de chuvaches de origen turco; y por fin los tártaros (más de 6 millones y medio repartidos entre Rusia, el Cáucaso y Asia Central).

La mitad de los musulmanes del Cáucaso, de origen turco e islamizados en el siglo VIII, son miembros activos de cofradías sufíes, sociedades secretas que practican una forma de misticismo fundado en el amor iluminado por Dios. Son las “tarikas”, en las que a menudo se constituyen núcleos duros de islamistas radicales.

Rusia no se puede permitir el lujo de perder el control político de la sociedad caucásica y centro-asiática. La proliferación de partidos islámicos extremistas en las repúblicas de Asia Central y su declarada simpatía hacia los yihadistas afganos y los terroristas de Al Qaeda, supone una seria amenaza para la estabilidad de Rusia. Algo que explica aún más la decisión del Kremlin de lanzar su maquinaria militar para sofocar “el mal ejemplo georgiano”.
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