www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ESCRITO AL RASO

Coaliciones de enero

lunes 13 de enero de 2020, 20:33h

Cuatro vicepresidencias y dieciocho ministros después, habemus Gobierno. Las Navidades y los Reyes Magos quedan atrás, como el origen de todo lo que vendrá. Sus Majestades de Oriente parece que han “espiritualizado” a sus señorías, porque suprimido el esperpéntico rifirrafe de los días pasados, principia a haber sosiego en todos… aparentemente. El invierno va pasando de la camorra navideña a la estética de la conciliación, hecho ya el reparto de carteras y satisfechos todos ya con el “qué hay de lo mío, presidente”. Los políticos hacen las paces, sí, a su manera, igual que la guerra: después se toman todos el vermú plural y simultáneo, entre risas y aceitunas congresuales.

El Ejecutivo anda buscando ahora acuerdos con sindicatos y empresarios, y el maridaje entre PSOE y Unidas Podemos marcha sobre ruedas, porque –dicen–, será esta “la legislatura del diálogo social y territorial”. A la oposición le ha ofendido tanto entendimiento repentino como si se tratase de una cosa personal y necesita crear enemigos de España, anunciar bolivarizaciones y, con mala prosa y peores argumentos, pretender que un Vellido Dolfos asome entre las filas socialistas, que andan bien prietas. Esto es lo que da deformidad al juego democrático: la novela-mosaico del hemiciclo, que es como el teatro novelado, pero en malo y sin respetar la unidad de acción, tiempo ni de lugar.

Sobre el bastidor de los ocho meses del Gobierno en funciones, Sánchez aborda sus primores sentimentales de enero, como la subida del salario mínimo interprofesional, tan necesario en un país de mileuristas. La necesidad perentoria de la ciudadanía le es necesaria a todo Ejecutivo para ir molturando su propia estrategia, para conseguir cosas de impresión. Parece que la subida va a ser moderada, ya que el año pasado se pactó la cifra de los 900 euros, unos ingresos con los que, como se sabe bien, una familia puede vivir desahogadamente y sin apuros, pagar su hipoteca, comprar los libros del cole a los hijos e irse de vacaciones a Fuengirola en agosto. La otra gran medida va a ser la subida de las pensiones, aunque un 0,9% a nuestros mayores les va a dar un poco igual, porque si el progreso es de un cero coma, este progresismo pequeño-burgués funciona peor que un espectáculo callejero o una farmacia de guardia, donde le dan a uno lo que tengan a esas horas, da igual lo que se padezca.

De nuevo el presidente convocado hace una comparecencia sin preguntas, no vaya a ser que los chicos de la prensa le busquen las vueltas, con preguntas indiscretas sobre milagros presupuestarios o pactos con el independentismo radical –que aún no se conocen–, y anuncia que él llevará personalmente el asunto catalán, reunión con Quim Torra inclusive, en el corazón revuelto de Cataluña y con su inhabilitación por parte del Tribunal Supremo aún pendiente. Para eso tiene al nuevo ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, y a la ministra de Política Territorial, Carolina Darias. Veremos. Parece que la política española no va a salir del laberinto secesionista, que nutrirá otra vez de sangre, porrazos y titulares 2020 si Sánchez no cumple lo que sea lo que haya pactado. Porque los tsunamis “indepes” tienen este sentido delincuente de “hacer política”, a base de cócteles molotov y manifestaciones violentas: arder en su infierno es su razón de ser y, antes o después, le darán al año su cuota de cenizas con las que justificar su zascandilear.

Queda todo el año por delante y el esperpento de los días 4, 5 y 7 de enero no es sino el subrayado de las intenciones y las maneras: broncas y torvas donde las haya. Esto es Azaña y Calvo Sotelo a la inversa, Amore. No parece que vaya a ser nada fácil gobernar este país los próximos meses a tenor de los gestos, porque las palabras quedan formando en el aire esa mitología de la clase política que se resiste a desaparecer. Que tanto aspaviento y pelotera en la investidura no es otra cosa que una diagnosis, una cultura, un pintoresquismo, nuestra radiografía social; y esos diputados que se silban e insultan gloriosamente en el Hemiciclo. La historia de España se ha alimentado de desafíos, oposiciones y enfrentamientos. No lo olvidemos. Sánchez ya está investido y colocado por las izquierdas en la hornacina del templo: mantener escondida la caja de cerillas de la derechona por una temporada nos vendría bien a todos. Por aquello de dejar que las nieves nos entren como unos puntos suspensivos que se vayan prolongando por la primavera con distancia, melancolía y sosiego. Dejemos hacer al nuevo Gobierno, porque, como le dijo Su Majestad a Sánchez en la Zarzuela en pleno arrebato lírico a lo C.S. Lewis, “el dolor vendrá después”. Ay.

Twitter: @dfarranz

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.