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TRIBUNA

Lo políticamente correcto 2020 (II)

jueves 16 de enero de 2020, 20:16h

- Religión

Y se van socavando los pilares que, durante muchos siglos, han sostenido el edificio de nuestra sociedad occidental, sin que aparezcan otros para reemplazarlos.

Se persigue con saña a la religión Católica, buscando, no solo erradicar su doctrina, para el futuro, sino manchar los fundamentos de una cultura que, se quiera o no, está en la entraña de la civilización occidental, desde hace dos mil años. Intentan ocultar que ella fue la primera voz que se alzó en defensa de la igualdad de todos los seres humanos, que ellos pretenden haber descubierto. Y se busca eliminar hasta el último vestigio o símbolo de su existencia presente o pasada, condenando al ostracismo a los que la practican.

Y, sin embargo, curiosamente, se guarda un respeto, difícil de explicar, hacia el mundo musulmán cuya fe, doctrina y comportamiento colisionan, frontalmente, con los principios que lo politicamentecorrecto dice defender.

- Justicia

Se presiona a la Justicia para que, en el tratamiento a la delincuencia, dé prioridad a su misión de reinserción, atemperando la de castigo. Se encuentran, siempre dispuestos a disculparla, ya que seria consecuencia de la malformación de la sociedad. El individuo, del que se tiene un concepto rousoniano, se inclina al mal contra su naturaleza y llevado por la injusticia de la sociedad. Si reformáramos esta, la delincuencia desaparecería. Por este camino llegamos a contemplar penas, que escandalizan por su levedad, impuestas a delitos monstruosos, atemperadas, además, por permisos y alivios. Y se forman corrientes de opinión en contra de legislaciones que introduzcan penas que resulten ejemplares y traigan justicia a las víctimas.

- Historia e inmigración

Como resultado de una carencia, absoluta, de interés y de rigor, asistimos a una profunda ignorancia de la historia de España de la que se abomina, asumiendo, pánfilamente, todos los tópicos negativos, que utilizan como proyectiles para el desprestigio. Unicamente salvan el pequeño y añorado paréntesis, que nos describen como paradisíaco, de la Segunda República, alrededor del que giran todas las esperanzas de mimetizar el futuro político. Pasan por alto la Primera República para cuya digestión hacen falta unas tragaderas que, hasta para ellos, resultan demasiado grandes.

En el mejor de los casos se tratan de juzgar, tramposamente, situaciones del pasado con parámetros éticos o democráticos de la actualidad. O se cuentan nuestras hazañas colonizadoras y expansivas, ignorando la cara, que produce tanta admiración en otros y aceptando y asimilando la cruz de la Leyenda Negra, que nuestros enemigos propagaron, como arma de guerra, y en la que se nos retrata como unos avaros, fanáticos, incultos y sanguinarios represores de inocentes pueblos indígenas.

Y en este marco de mala conciencia, que tratan de crearnos, consecuencia de nuestros tiempos de conquista y colonización, nos acusan de deudores de hipotecas que, todos los marginados de La Tierra, nos presentan, ahora, al cobro.

De aquí que, en el tema candente de la inmigración, se siembran mensajes tan contradictorios y confusos que es imposible, no ya llegar a acuerdos entre las diversas fuerzas políticas, sino siquiera que alguna de ellas concrete políticas de actuación razonables y eficaces.

Esto nos lleva a defender nuestras fronteras con tal pusilanimidad y ausencia de criterio que se convierten en un auténtico coladero y a exagerar nuestros gestos humanitarios hasta el punto de que, en algunos casos, pueden confundirse con acciones de colaboración con las mafias. Se facilita, se apoya y aplaude, la inmigración desordenada, sin hacerse cargo de los problemas económicos, sociales, educativos y religiosos que, sin duda, produce.

No tenemos nada parecido a una política de integración y superados por la avalancha de los que nos asaltan, nos limitamos a sembrarlos por las ciudades para que se busquen la vida.

Nadie se atreve, bajo riesgo de excomunión por xenofobia, a señalar el peligro, a medio o largo plazo, de que la inmigración islámica, vaya creando grupos que no tienen la menor intención de integrarse en nuestra civilización, sino, mas bien, de que nos integremos nosotros en la suya y vayan alcanzando tal preponderancia que se conviertan en un Estado dentro del nuestro. No ponemos ninguna cautela ni defensa a que nuestra olvidada experiencia de ser sometidos durante muchos siglos no se vuelva a intentar o a repetir.

- La propiedad privada

La propiedad privada, otra de las columnas de nuestra sociedad, que se va erosionando lenta, pero inexorablemente.

Los continuos y duplicados impuestos sobre las propiedades, el apoyo indecente al movimiento Okupa, el aplauso al impago de las hipotecas a los “rapaces” bancos y de los alquileres a los “acuciantes” propietarios, el castigo a los ahorradores, llamados, ahora, especuladores y, por lo tanto, acosados a impuestos.

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