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POR LIBRE

Maradona, Valverde y la copa de Rubiales

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 19 de enero de 2020, 19:35h

Las reglas del fútbol son idénticas a las de la política. Los seguidores y militantes disfrutan con la victoria de su equipo sobre el rival directo. Da igual que sea empleando el juego sucio o haciendo trampas. Los errores se convierten en aciertos, siempre que ganen. Diego Armando Maradona, el mejor jugador de su tiempo, marcó un gol con la mano y a propósito contra Inglaterra en un partido del Campeonato Mundial de 1986 celebrado en México. Así pasó a semifinales y, luego, ganó la final. La trampa se convirtió en su mayor éxito y fue bautizada como la mano de Dios. Hace poco, incluso, han estrenado una película con ese título. El genial centrocampista argentino marcó un gol verdaderamente extraordinario en ese mismo partido. Salió desde su campo, y después de driblar, burlar y burrear a medio equipo inglés, engañó al portero y mandó el balón al fondo de la portería. Un gol tan legal como bello. Pero la hinchada suramericana prefiere la mano de Dios. Porque no es que fuera el mejor. Fue el del Maradona más listo, más pillo y más tramposo.

En la final de la Supercopa de España, allá en Arabia, donde Rubiales hizo un buen negocio, el Real Madrid derrotó al Atlético de Madrid en la final. Un par de minutos antes de que acabara un partido soporífero, atenazado por las tácticas destructivas de Simeone, un portentoso jugador como Valverde, la revelación del Bernabéu este año, enganchó por detrás a Morata cuando se disponía a encarar a Courtois y, probablemente, a marcar. Hubiera sido lo lógico. Pero el centrocampista madridista, en una jugada sucia y marrullera, lo evitó enganchando los tobillos del rival con sus piernas hasta que lo derribó. Fuera de la política y del fútbol, una falta así hubiera sido condenada por los suyos y por todos. Pero resulta que en este deporte, no. Hasta el entrenador rival le elogió. “Lo hubiera hecho cualquiera”, bromeó. Así es el fútbol, dicen otros.

Porque en el fútbol y la política se pasa de todo. O mejor, la única consigna es que hay que ganar por las buenas o por las malas. Pedro Sánchez llama Le Pen a Quim Torra y aplica el 155 encantado y de la mano de Rajoy. Luego, se reúne con el racista en la “cumbre de Pedralbes” mendigando el sosiego de los CDR y el voto a los separatistas. En la campaña electoral, sin embargo, reniega de Podemos y demoniza a los secesionistas. Y ahora gobierna con los dos y se dispone a blanquear a los que intentaron dar un golpe de Estado. ¿Mentiras? ¿Incongruencias? No pasa nada. Los suyos solo quieren que Pedro Sánchez esté en La Moncloa, por las buenas o por las malas. Y los aficionados del Real Madrid solo quieren ganar todas las finales. Como esta Supercopa, la horterada arábiga de Rubiales. Y lo más increíble: Valverde fue premiado como el mejor jugador de la final. Así es el fútbol.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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