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MENÚ DE POBRE

¿Te pinchas caballo en la frente con los dientes rotos?

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
martes 28 de enero de 2020, 20:17h

Se publican, en edición de lujo, bajo la autoría de Til Wrong Feels Right todas las canciones de Iggy Pop: Letras y más (Libros Cúpula). Fotos, álbum de vida, homenajes visuales, escrituras al margen, completa joya entre el recuerdo personal y la reflexión eléctrica. Iggy Pop, desnudo y al descubierto, desde los años de la legendaria banda proto-punk The Stooges hasta sus colaboraciones con Bowie, Jarvis Cocker, Debbie Harry y un largo etcétera. Escribe el icono rock, tan escandaloso como perdurable en la historia: “Estas son las palabras que me vinieron a la mente. Llegaron a pie, a caballo, en un Eldorado, en moto; tambaleantes, a punta de pistola en mi sien, a punta de pistola en mi vientre, con la aguja en el brazo, el porro en la boca, las pastillas en el torrente sanguíneo; pero no importa cómo llegaron, hicieron el puto trabajo. Hay profecías, idioteces, meticulosidad y delirios de grandeza. Su carga es pesada, me duele el cerebro. Sin embargo, son mi orgullo y alegría, y no hay más que decir”. Cincuenta años sobre el escenario: todas las palabras ardientes de sus mayores éxitos y fracasos hondos, cúspide y albañal del genio.

La Iguana, Iggy, es rock innovador, post punk, punk rock, garaje rock, new wave, ya ni se sabe. No ha cosechado menos éxitos como solista que como líder en The Stooges. Influencia máxima sobre miles de grupos desde los años 70. En 2010 incluido en el Salón de la Fama del Rock and Roll. Nominado a dos premios Grammy en las categorías de mejor interpretación de hard rock por la canción Cold Metal (1989) y al mejor álbum de música alternativa (post pop) por Depression (2017). Johnny Marr lo pintó en óleo de agua, al estilo Van Gogh: “Iggy Pop es muchas cosas. Estrella del rock. Cantante. Rebelde. Primitivo. Stooges. El Jean Genie que inspiró a Bowie. El pasajero de su canción. Leyenda”. El libro empieza en 1960: “Drogas, drogas y drogas. El puto Vietnam. Nixon acechando detrás de cada esquina. La alegría e inseguridad de ser joven. El descubrimiento de la cultura negra. El olvido necesario para escapar de América. Control de natalidad, LSD, amor y dolor”. Sigue en 1970: “Abajo, en la calle, con mis tacones cubanos. Abajo, con mis tacones cubanos, en la calle. Sobre mis tacones cubanos, abajo en la calle. Todo da vueltas. Enfermo y loco. También bastante bonito. Petimetres londinenses desfilando por King´s Road con uniformes de boy scout de Iowa. Elegantes chicas de Hollywood con fondos sin fondo, eximidas de todo pensamiento, en Barney´s Beanery. The Wall como refugio capaz de retener a la retrógrada América. Lou Reed para la forma. The Doors para la belleza. Stones para la libertad. Butterfield Blues Band para pasarlo en grande”. Jim Jarmusch lo supo entonces: “Me encantan todas las canciones de los Stooges. Funhouse es probablemente el mejor disco de rock and roll jamás grabado”.

La iguana es superviviente, reptiliano, camaleónico a todos los acechos. 1980: “Apestosos imbéciles de estúpida corbata estrecha maullando amores falsos con peinado de nuevos románticos, todo ello al ritmo de una embotada caja de ritmos. Y yo, el último foco de inmunda resistencia que se retorcía, lo vi venir todo; todo el indigno futuro canceroso. Escribí para ilustrar, aunque también para medicar. Y a medida que la década pasaba, eh, ¡un cataclismo!, llegaron hordas con cuero y cadenas. Chillonas cintas de pelo televisadas sin cesar y con mala iluminación. Esa fue la década mortal para el rock and roll”. 1990: “Me he convertido en una especie en peligro de extinción. Mis amigos tienen dudas; mis enemigos, esperanzas. Ya no puedo predicar entre los convertidos, pues son muy pocos y están indefensos. Me doy cuenta de que necesito un gran éxito. Necesito una hipoteca. Necesito un productor. Necesito un nuevo campeón. Una voz me dice que necesito meterme en el cine. No les agrado mucho a los del negocio de la música, así que necesito superar el fracaso. Dejo la droga. Demasiada ansiedad. Contraté un contable. Me corté el pelo. Escuché a mi productor y saqué un éxito. Incluso me metí en el cine. Sobreviví. Totalmente miserable, por supuesto. Seguía escribiendo con el corazón. La década avanza y no hay más éxitos. Pero, ¡espera!, hay una nueva banda en la ciudad, y les gusto; no están en absoluto indefensos. Rockeros que mueven masas, estrellas del celuloide, directores de cine, pintores ricos; ¡las cosas mejoran! Respiro hondo y me digo: “A la mierda”; y me mudé a Miami”. Virginia Tubett lo dibujó al carboncillo: “Reunirse con Jim era siempre algo impredecible. Podía estar colocado, farfullando y salvaje, o llevar brazos y piernas envueltos en cinta gaffer, estresando a los directivos de un programa de televisión en vivo y en horario de seis de la tarde, que no dejaban de vigilarlo para que no se bajara los pantalones (nunca llevaba ropa interior). Puede ser el hombre más dulce, amable y divertido de la sala y, definitivamente, una de mis personas favoritas a las que he fotografiado por Jim es Iggy, e Iggy es la esencia misma del rock and roll”. La Iguana, turbia e insaciable.

2000: “El siglo XX por fin se ha acabado. ¡Menos mal! Recibí una paliza. Pero ahora era todo nuevo. Saturno debía haberse movido. El Señor hizo rodar la piedra y salí de mi oscura cueva a la luz del amor y la aceptación. Pizza gratis. Los amados Stooges reunidos. Reunidos incluso los nocivos Stooges. Todo el mundo gana dinero. Seguía, a veces, bastante deprimido, pero esa es la condición humana. El teléfono suena, los pájaros cantan, los críticos están contenidos y yo tengo algo de paz”. Jack White tira la mejor foto grupal: “Los Stooges fueron pioneros en sonido, apariencia y presentación en vivo; por el camino, inventaron un género, el punk rock, e influyeron en muchos otros que vinieron después. Lo que hicieron no tuvo ningún precedente en la música rock”. La Iguana se guía por el sol y la luna, dos astros que sigue y jamás pierde de vista: Bowie y Lou Reed.

El propio David Bowie lo cuenta al respecto de Disc (1973): “¿Sabes cómo conocí a Iggy y a Lou Reed? Estaba en una fiesta de la RCA en el Max´s Kansas City, en Nueva York, y me presentaron a Lou. Enseguida empezó a contarme una historia –algo típico de Lou- sobre un tipo que se pinchaba caballo en la frente. En cualquier caso, aparece ese tipo, menudo, desaliñado y gracioso con los dientes rotos, y Lou me dice: “No hables con él, es un yonqui”; era Iggy. No puedes evitar amarlo, es tan vulnerable”. Te pinches o no caballo en la frente con los dientes rotos merece la pena entrar en estas páginas donde la vida va primero, supervivencia de metales pesados y purpurina, licra y aparición, para hacer ya después la digestión lenta y privada de una vida al límite cuyo sonido quedará como leyenda y épica inmortal.

Diego Medrano

Escritor

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