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TRIBUNA

Racismo Club de Fútbol

Juan José Vijuesca
miércoles 29 de enero de 2020, 19:35h

La cosa es como sigue. Un partido de futbol que como sabemos consiste en darle patadas a un balón, por cierto, objeto inanimado que carece de alma. En las gradas personas humanas, también conocidas como seres humanos, que pagan por ver aquello en un alarde de estoicismo sin igual. El espectáculo suele ir acompañado de gritos por una parte de los asistentes, mientras que otros ejercitan insultos, incluso hay quienes braman, ululan, rebuznan, mugen o barritan. Los peores son aquellos que se creen imitadores de los primates homínidos o si lo prefieren, chimpancés comunes, que se muestran como lo que son, unos perfectos imbéciles de nacimiento por mucho que los antropólogos les tengan advertidos de nuestros orígenes; pero los hay que no evolucionan y prefieren seguir colgados de las ramas en medio de alguna selva.

De entre el género de primates se encuentran los conocidos vulgarmente como papiones, babuinos o el mandril de toda la vida que además de habitar en sus selvas húmedas acostumbran a hacer vida social los fines de semana acudiendo a los campos de fútbol. De ellos proceden los miserables chillidos racistas desde las gradas.

En esta ocasión el afectado ha sido Iñaki Williams, jugador de fútbol del Athletic Club por el simple hecho de jugar en Barcelona frente al Español y dedicarse a dar patadas a un balón como lo hace cualquiera de sus compañeros, ya sean blancos, mestizos, amarillos o azul marino. Y en esas estamos cuando el siglo XXI no repara en medios para todo aquél que quiera evolucionar, aunque una vez finalizado el partido de fútbol prefieran regresar a su hábitat natural y seguir viviendo a orillas de un manglar o en el Parque Nacional de Salonga, que no en vano está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Tan respetable por aquello de la calidad de vida, la naturaleza y todo eso, pero que no está reñido con lo de estudiar un ciclo de Formación Profesional en grado básico sobre control postural, desarrollo cognitivo y mantenimiento funcional en sociedad. Ahora bien, lo de traer insultos racistas y soltarlos a Iñaki Williams porque su piel sea del color negro, es vergonzoso, repugnante y repudiable.

No ha sido el primer caso, tampoco por desgracia será el último, pero abochorna que los gestores del deporte del balompié estén socializando las desigualdades de Arabia Saudí mientras aquí tengamos aún la casa sin barrer. Los insultos racistas por parte de un pequeño sector de la grada del Español indigna por cuanto llevamos años mareando la perdiz y porque no en vano en tiempos del señor Rodríguez Zapatero se creó en julio del 2007 el Observatorio de la Violencia, el Racismo y la Intolerancia en el Deporte, organismo que desconozco si aún sigue existiendo y si en estos últimos 13 años ha sido capaz de justificar el dinero de los contribuyentes como para sentirnos orgullosos de habernos conocido. Me temo que las políticas deportivas tanto del Partido Socialista como del Partido Popular no han sido capaces de cicatrizar las conductas de odio que se deben evitar de una vez por todas.

Al parecer hace unos 25.000 años se extinguió el hombre de Neandertal, con lo que el Homo sapiens pasó a ser la única especie humana sobre la Tierra pudiendo referirnos a él simplemente como "el hombre". Desde entonces, aparte de mínimas diferenciaciones y de algunos flecos, no crean que hemos experimentado grandes mejoras en la evolución fisiológica de importancia. La extraordinaria evolución del hombre ha sido puramente cultural así como lo de andar erguido sin necesidad de hacerlo a cuatro patas, aunque esto último haya quien lo siga practicando, pero eso forma parte de la intimidad de cada cual. De manera que a día de hoy lo único que sabemos hacer bien es dar por saco al contrario; eso y acudir los fines de semana a los campos de fútbol en donde algunos honran su virginal pasado de mandriles para comportarse como tales.

Habrá quien piense que en 25.000 años hemos tenido tiempo suficiente para cambiar la idiotez humana, pero somos muy de irlo dejando para más adelante y aquí seguimos alimentando el racismo. La ética de la tolerancia y la educación intercultural junto a la integración social y la garantía de los derechos humanos, son factores necesarios para avanzar en esa lucha permanente para la eliminación de la discriminación racial en favor de la convivencia democrática, y esa, por desgracia, es nuestra asignatura pendiente desde nuestros orígenes. Por eso: “Yo también soy Iñaki Williams”.

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