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TRIBUNA

Historia inolvidable

domingo 02 de febrero de 2020, 19:46h

El 19 de noviembre de 1939, Hans Frank, gobernador general de la Polonia ocupada por los nazis, decretó el aislamiento del gueto judío de Varsovia del resto de la capital mediante barricadas y sujeto a estricto control policial. Alegó como motivo que los judíos “son portadores de enfermedades y gérmenes”. Cuenta por entonces Wiliam Shirer en su Diario de Berlín: “que un amigo norteamericano que ha regresado esta noche de Varsovia me dice que la policía nazi pretende simplemente exterminar a los judíos polacos. Están siendo conducidos en masa a Polonia oriental, los obligan a vivir en barracones helados y los privan de cualquier oportunidad de ganarse el sustento. Según él, varios miles de judíos provenientes de todos los lugares del Reich han sido enviados ya a Polonia oriental para morir allí”.

En Lo que sé de los nazis, el periodista Luis Abeytua sostiene que “el aborrecimiento a los judíos era un producto de elaboración nazi, una consigna propagandística que no siempre encontraba eco en los corazones alemanes…la culpa del pueblo alemán no fue tanto por acción, sino por omisión, por inhibición”. “Frau Schroeder se aclimata, miles de personas están aclimatándose”, narra Christopher Iserwood en Adiós a Berlín ante la trepidante llegada del gélido invierno nazi. En su Trilogía sobre Auschwitz, Primo Levi escribe: “En la Alemania de Hitler se había difundido una singular forma de urbanidad: quien sabía, no hablaba; quien no sabía, no preguntaba; quien preguntaba, no obtenía respuesta. Cerrando el pico, los ojos y las orejas, el ciudadano alemán típico se construía la ilusión de no estar al corriente de nada, y por consiguiente de no ser cómplice de todo lo que ocurría ante su puerta”.

De nuevo, Wiliam Shirer en su Diario de Berlín: “Bernhard Rust, el ministro de Educación nazi, está nazificando por completo las escuelas, lo cual incluye la implantación de nuevos libros de texto nazis que falsifican la historia, hasta extremos que a veces son cómicos”. Y otra vez, Primo Levi en su Trilogía: “Un Estado totalitario tienen tres armas fundamentales para ejercer su pavorosa presión sobre el individuo: la propaganda directa o camuflada, la educación y el terror…En dicho Estado se considera lícito alterar la verdad, rescribir retrospectivamente la historia, distorsionar las noticias, suprimir las verdaderas, agregar falsas: la propaganda sustituye a la información…Allí donde se violenta al hombre, se violenta también el lenguaje”.

Cuando hoy nuestras modernas sociedades democráticas padecen cierta anemia moral conviene tener presente que sin principios morales no sobrevive la democracia y que el pasado debe servirnos de perdurable lección para no olvidar lo que es inolvidable. Porque sin malvados no hubieran existido campos de exterminio ni “archipiélago GULAG” ni tampoco espacios de desprecio a la vida humana. “Hay dos razas de hombres en el mundo y nada más que dos: la raza de los hombres decentes y la raza de los indecentes. Ambas se encuentran en todas partes y en todas las capas sociales” Lo dice Víctor Frankl en El hombre en busca de sentido.

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