Mrs. CLINTON NO SE RINDE
Martín-Miguel Rubio Esteban
jueves 14 de agosto de 2008, 20:59h
Parece ser que la infatigable Sra. Clinton todavía le puede hacer una encerrona a Barack Obama en la Convención de los Demócratas que se abre en Denver el 25 de agosto, pudiendo exigir que, dado el estrecho margen que les ha separado en las Primarias y la cadena de éxitos casi espectaculares que tuvo Hillary en las últimas batallas por la nominación, voten todos los delegados, uno a uno, de forma definitiva en esta Convención, de suerte que “el pueblo sienta que se han oído sus voces y se han respetado sus puntos de vista”.
Esta posible votación “extrema” no tiene precedentes ni en el Partido Demócrata ni en la Historia de la Democracia Americana, pero la ambición de Mrs. Clinton es capaz por sí sola de espantar de miedo a todos los burritos y elefantitos y de introducir rupturistas novedades en el gran modelo democrático que representa el sistema político americano. Su ambiciosa aganáktesis podría cargarse la Constitución si los delegados votasen no en función del deseo mostrado por quienes representan, sino de acuerdo a su solo criterio personal. Y los ciudadanos americanos ya no podrían decir “l´état c´est nous”, sino que se haría evidente que el Gobierno Americano se encuentra en manos de las facciones aristocráticas que financian los dos grandes partidos. Y las nominaciones a la Presidencia dejarían de ser un triunfo de la libertad política que desgraciadamente no tiene Europa.
Ahora bien, la verdad es que el fenómeno “Obama” ha entrado en un proceso de estancamiento, de desinflado, como siempre suele ocurrir con todas las cosas que se tienen demasiado vistas o de las que se ha hablado demasiado tiempo. Llega a repetir, como aquellas comidas que sin duda un día nos encantaban, pero que el abuso de las mismas nos las ha convertido en repelentes durante largo tiempo. El fenómeno “Obama” lleva demasiado tiempo en el “candelabro”: por cierto, de la misma etimología que “candelero”- la bellas siempre aciertan aún equivocándose -, y eso beneficia no sólo a McCain sino a la propia Hillary irreductible y peligrosa.
Hemos leído tanto a Obama, nos hemos metido tanto en su blog y hemos pensado tanto en sus lemas electorales que ahora nos parece un mediocre de tomo y lomo, si bien todo es relativo: en relación a Zapatero es un Einstein. Es lo que siempre ocurre cuando nos entregamos con devoción y fervor a quien no es un clásico. Obama ha perdido toda la encantadora frescura que tenía hace sólo un año, habiendo tenido que desnudar su alma demasiadas veces; cosa que no se debe hacer jamás cuando el alma no es verdaderamente señera, sino normal. Por si fuera poco Mr. Clinton no ha apoyado todavía la candidatura a la presidencia de Obama de manera pública y oficial, lo que constituye un silencio connivente, y en privado parece que asegura que no ve a Obama con la energía y el talento que debe poseer un Presidente de los Estados Unidos. Y la voz de Mr. Clinton, como último presidente demócrata, tendrá una gran autoridad en la Convención de Denver. Obama tendrá que volar ahora con un ala herida, aunque para muchos de sus partidarios el que sea denigrado por Clinton es ya una prueba de su calidad humana. Pueden tener razón.
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Doctor en Filología Clásica
MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín
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