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Una agenda permanente de simulaciones y engaños

jueves 14 de agosto de 2008, 21:25h
Son muchas las críticas que han recibido José Luis Rodríguez Zapatero y su Gobierno por su gestión económica: que ha descuidado la gestión económica, que ha preferido vivir de las rentas pasadas en lugar de acometer las necesarias reformas, que no tenía una visión clara de cómo se debía abordar los urgentes asuntos del dinero... La gran mayoría de esas críticas han sido, por desgracia, atinadas, aunque no todas han contado con la necesaria ponderación. Y es bien cierto que, en ocasiones, las llamadas de atención han estado transidas de cierto partidismo que ha envenenado el análisis.

Pero de todas ellas hay una que quizá sobresale entre las demás y que, si por un lado resulta dolorosamente certera, por otro revela un comportamiento indigno de un político, de un partido, de un Gobierno. Es la afirmación de que el Ejecutivo, con su presidente a la cabeza, nos ha estado engañando a los españoles sobre la gravedad de la situación económica, pese a contar con todos los medios para hacer sobre ella un análisis acertado. El señor Zapatero sabía perfectamente lo que se nos venía encima, pero, en lugar de prevenirnos y actuar en consecuencia, negó el cambio de ciclo, contra evidencias abrumadoras. Es más, los socialistas de Zapatero han fustigado a todos aquellos que han sabido adelantarse a los acontecimientos y han explicado, con meses de antelación, todo lo que estamos comprobando ahora. Ha llegado al extremo de acusar a quienes nos han advertido en sazón sobre el cambiante signo de nuestra economía de ser "antipatriotas".

La economía funciona mejor cuando las personas estamos bien informadas sobre la evolución del mercado. Por desgracia, los españoles desatienden la información económica y prefieren llenar su tiempo en los medios de comunicación con otros contenidos, acaso más banales. No es misión del Gobierno ocupar el lugar de los medios de comunicación, pero sí es su deber decir la verdad por dura que sea, en lugar de burlar a los ciudadanos montando pantomimas.

Los últimos datos conocidos esta misma semana son incontestables. La inflación alcanza niveles desconocidos en 16 años y el crecimiento del PIB intertrimestral nos deja al borde de la recesión. Zapatero, que sabía que nos íbamos a despertar con tan penosas noticias, una vez más, ha organizado una operación de marketing “sin corbata” para prometernos una "agenda permanente de medidas" que, por lo que se ve, consiste en la presentación, una y otra vez, de las mismas reformas, bien encaminadas, pero insuficientes. No obstante, lo peor es la política teatral y efectista para enmascarar los hechos con simulaciones de imagen, afeites y cosmética. Zapatero sigue empeñado en negar la realidad de la crisis y prefiere seguir sacándole partido al diccionario de eufemismos: todavía hoy seguía afirmando ante las cámaras la mejor situación comparativa de la economía española y vaticinando que en menos de dos años retomaremos la senda de un 3% de crecimiento. Con la que está cayendo, así y sin sonrrojarse. No se puede engañar todo el tiempo a todo el mundo, por muy buen cómico que se sea. La política no son sólo encuestas y operaciones de imagen. A la postre, la realidad llama a la puerta de los mejores actores, el señor Zapatero incluido. Y, en realidad, lo que ha seguido el Gobierno estos años es una "agenda permanente de simulaciones y engaños". Con ellos puede que se ganen unas elecciones, pero no se saca al país adelante ni se abordan los difíciles e importantes retos a que se enfrenta. Sin embargo, con el final de la farra, termina también la farsa y, entonces, hasta los números virtuales de las encuestas –no sólo los de la economía real- dan mal. Y eso es lo que les está pasando al señor Zapatero y a sus “encuesteros”.
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