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la entrevista

Santiago Grisolía: "Los ministros no están tan cerca de la realidad como parece"

jueves 14 de agosto de 2008, 22:24h
Cada verano los incendios copan el capítulo de malas noticias. Usted, como presidente del Consejo Valenciano de Cultura, ha promovido distintas actuaciones…
El año pasado, estábamos preocupados con los incendios en Grecia [de finales de julio] y luego llegaron los de Canarias. Por eso, enviamos al Tribunal Internacional de Justicia de La Haya una carta en la que pedimos que se reforzaran las medidas para luchar contra los incendios para evitar catástrofes como las de España, Europa del Este, Italia y Grecia.

En 2004, redactaron un informe en que se daban las claves para atacar este frente. ¿Cuáles eran las principales?
Sobre todo, impulsar la creación de instituto propio que se encargue del tema. Que se preocupe no solamente de castigar, que esa no sería nuestra competencia, sino de prevenir.

Decía el ministro de Justicia que la ley ya es lo suficientemente contundente con los pirómanos…
Que yo sepa, a los pirómanos que se ha cogido se les ha condenado a penas muy leves, y no han estado mucho tiempo en prisión. Seguramente, el señor ministro no ha estado nunca cerca de un fuego. Yo sí. Cuando has vivido en los suficientes sitios y países sabes que es un peligro que existe y que está ahí. Los ministros muchas veces no están tan cerca de la realidad como parece.

Cambio climático. ¿Qué debemos creer? Hay científicos que todavía se refieren a él como un ‘cuento chino’, a pesar de que glaciares como el Perito Moreno se derritan…
Cambios climáticos ha habido muchos, lo que pasa es que ha habido una contribución de tipo humano que es la que nos preocupa. El problema no se puede ignorar, y le podría mostrar bastantes datos al respecto, en cuanto ves cantidad de glaciares que van desapareciendo, que ya no hay nieves en sitios
cercanos como Suiza, o que Groenlandia va perdiendo parte de su superficie helada. La humanidad ha empleado sus riquezas de una forma rapidísima y en vez de vivir de los recursos acumulados, en vez de vivir de las rentas, estamos comiendo ese capital de un modo velocísimo. Esto afecta, por ejemplo, a la dependencia que tenemos hacia el petróleo, que está presente en la mayor parte de objetos que nos rodean, desde un teléfono móvil a un felpudo, fabricados con plástico, que nos impiden destruirlo. Hay una cantidad limitada que nadie sabe cuánto puede durar, aunque hay cálculos que hablan de diez a cuarenta años... Además, en países emergentes como China, con una potente industrialización, van a necesitar cada vez más; está claro que algo hay que hacer.

¿Quizá con el empleo de energías alternativas, como el biofuel?
Ese es un tema que hay que tomar con precaución. Hoy, el ejemplo atrayente de Brasil [primer productor del mundo de biofuel] no se puede extrapolar a otros países. Ahora, hay una gran preocupación por parte de George Bush por fomentar de forma masiva el uso de biofuel extraído del maíz, pero es por razones más políticas que otra cosa. Ha dado un cantidad subvencionada muy alta, pero energéticamente no se gana gran cosa con eso. Tiene ventajas y desventajas.


Grisolía, en un descanso en los cursos de verano de la Complutense


Muchos ecologistas abogan por hacer un uso 100% renovable de las energías. ¿Pecan de soñadores?
Hay que avanzar lo máximo posible en ese campo, pero en la transformación de la energía solar es donde más habría que luchar. Les recomiendo visitar la estación solar que la empresa Abengo a tiene cerca de Sevilla (en Sanlúcar La Mayor), con 200 placas solares que reflejan sobre una central el sol y elevan la temperatura del agua a 400 grados, que va a parar a una turbina, con lo que se genera energía de un modo directo. Es precioso, impresionante. En esa zona se está extendiendo el modelo, y es una buena iniciativa.

Usted presidió para la Unesco el Proyecto Genoma Humano. ¿En qué se ha avanzado desde aquellos finales de los ochenta?
Le voy a contar una historia. Había personas interesadas en sacar este proyecto adelante, que necesitaban financiación. “Si pedís mucho dinero, no os harán caso", les decían, "si pedís poco, tampoco". Así que pensaron en los componentes del genoma humano, que son tres mil millones de parejas de bases, y eso es lo que pidieron, y se les concedió. Curiosamente, hace poco, se logró descifrar el genoma humano de James Watson que fue quien descubrió la doble hélice del ADN, por un millón de dólares. Hoy se habla de que en menos de cuatro años se podrá conseguir el genoma de cada uno por unos mil dólares.

¿Qué beneficios traerá conocernos tanto?
Con el número de genes y unas alteraciones, se está intentando correlacionar buen número de enfermedades generales. Es un buen paso para la medicina preventiva. Algo muy interesante es no abandonar las enfermedades monogénicas, de un solo gen, como son las enfermedades conocidas
como "raras". En enfermedades como el cáncer, en que interactúan genes, es mucho más complicado. En cambio, en las enfermedades de un solo gen se podrían hacer muchos avances. Desgraciadamente, este tipo de enfermedades, que suponen el 2% ó 3% de las existentes, hace que ni los investigadores ni las compañías farmacéuticas se interesen. Por tanto, tienen que ser los gobiernos quienes promocionen esas enfermedades.

Para terminar, dígame cuáles son los recuerdos más ratos de carrera.
Ir al laboratorio siempre es una alegría, pero cuando ves por primera vez una proteína cristalizada, cuando descubres una nueva enzima, la alegría es mayor. Sobre todo, cuando ves que pasan los años y compruebas que algunas de esas cosas han tenido más aplicaciones de las que uno creía. Muchas veces trabajamos por curiosidad científica y luego vemos que sí, que de todo se puede sacar aplicación básica.
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