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TRIBUNA

Esguince cervical

Juan José Vijuesca
miércoles 12 de febrero de 2020, 20:41h

Recuerdo como un día en casa de los marqueses de Vernalgas en plena celebración de la puesta de largo de su dulce hija Hesmerilda Pacientina, inclinóse ante la señora marquesa un tal Cartapacio Retamares, asesor miembro del gobierno de Taracazania. Fue tan exagerado en su servil genuflexión que al doblarse de aquella manera se le soltaron los tirantes con tan mala suerte que impactaron en el pronunciado escote de la señora marquesa, quién precisó de una cataplasma a base de mimosas tenifluoras, caléndula y raíz de bardana para mitigar la dolorosa sacudida. Sin embargo, la peor parte se la llevó el susodicho don Cartapacio que sufrió un serio esguince cervical del que aún no se ha recuperado.

La exageración en arriesgar demasiado cuando se trata de un simple besamanos no guarda relación con el saber estar. El saludo es una muestra de cortesía en beneficio de una señal de cordialidad entre personas de parecido provecho; otra cosa bien diferente es lo que te obligan las circunstancias o tus propios jefes. Por ejemplo, el reciente caso del señor Iván Redondo, actual responsable del Gabinete de la Presidencia del Gobierno de don Pedro Sánchez. Ya sé que las comparaciones, además de ser odiosas, también pueden parecerlo, pero entre doblar la columna ante Katia Loritz como lo hiciera José Luis López Vázquez en la película “Atraco a las tres” con su célebre: “Un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo” y el latigazo cervical en grado de hiperflexión por peloteo dedicado por el señor Redondo a Quim Torra, es de obligado análisis.

Que don Pedro Sánchez se transmute a diario en sus propias mentiras es algo que ya forma parte de nuestra dieta mediterránea. Aquello de: “Te voy a decir la verdad, pero es mentira” es muy propio de él. Otra cosa es lo de su escudero Iván Redondo que ha quedado como Cagancho en Almagro y además retratado en colores. La sumisión tan patricia en pro de unos presupuestos generales no ha escatimado en efectos especiales con tal de mantener viva la llama del hogar de la Moncloa. De manera que ni la democracia española ha podido ir a menos, ni el señor Torra a más sin comerlo ni merecerlo.

Pero regreso al arte de las reverencias que para muchos y muchas pudiera parecer un acto reflejo cuando la realidad es otra muy diferente. Es de mal gusto que hoy en día en la España moderna haya quienes se dobleguen a la contorsión corporal en un peligroso juego, no solo en cuanto a la estética y al boato, sino como a los daños colaterales que pudieran derivarse de una fallida coreografía. Por ponernos en situación, imaginemos uno de esos besamanos en donde desfilan más de un centenar de personas en fila india a paso de legionario, el dar la mano de corrido (con perdón) es lo ideal y lo más seguro; ahora bien, dar la mano y a su vez inclinar la cabeza y contorsionar el tronco puede ocasionar nefastas consecuencias. Los cuerpos no son todos iguales, unos padecen de pubalgia, otros de cervicalgia, otras de una lumbalgia mecánica, en fin, que cualquier movimiento asimétrico que se exijan por una de esas galanuras alguien puede caer al suelo sobre sí mismo o incluso hacerlo sobre los propios anfitriones. Ya me dirán ustedes el cuadro.

Existen paradojas que ridiculizan al más pintado, pero hay conductas que se afean, no tanto por carecer de conocimientos ceremoniosos, sino por un exceso de somatización ideológica que emana de quien ordena y manda. Algunos a esto lo llaman obediencia servil. Lo más recomendable es aplicar ese remedio tan casero como antiguo: “Donde fueres, haz lo que vieres”, suele dar muy buenos resultados.

Yo a diario rindo pleitesía a mis admirados lectores, es más, inclino mi cabeza una y otra vez sin miedo a los esguinces cervicales, pero mi caso es diferente. Por suerte tengo a Beatriz Herrero que protege mi cuello con sus indomables artes. Profesional de alta gama y siempre comprometida con la sociedad no solo arregla los muelles del esqueleto, sino que decora el espíritu de lo justo haciendo fisioterapia ocupacional. Y además es guapa. Mis respetos y me inclino ante ella.

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