Marc Vidal es una de las autoridades actuales sobre Transformación Digital e Industria 4.0. Entre sus clientes destacan empresas como Basf, Merck, IBM, Hitachi, Ricoh, Bankia, Euskaltel u Oracle. Direge, en la actualidad, la consultora AllRework a la vez que es Advisor del d-LAB del Mobile World Capital. Colabora en TVE, CNN y La Sexta. Su blog fue galardonado en los premios EuroBlogs Awards como el mejor europeo. Sus libros anteriores (Contra la cultura del subsidio, Una hormiga en París) tuvieron sendas ediciones. Su Grupo de Investigación en Nueva Economía de la Universidad Politécnica de Madrid cada día alcanza hallazgos más luminosos. Sus posgrados en Estrategia Digital en Redes son cotizados y premiados. Su nuevo libro es una completa maravilla: La era de la Humanidad: Hacia la quinta revolución industrial (Deusto). El debate son los cambios, dirupciones e innovaciones que vamos a vivir en los próximos años y, lo más crucial, la velocidad de los mismos. Estrategias empresariales, personales, sociales, políticas y económicas que respalden dicho cambio. Otra tecnología para otra era de la humanidad. Estrategias, no tácticas, para el mundo de nuestros hijos, que no será el de hoy.
El ser humano se debatirá entre automatización y tecnología, tendrá la mayor capacidad humana conocida y no realizará tareas alienantes repetitivas sin el menor provecho o enriquecimiento personal (para eso están las máquinas). La quinta revolución industrial será la de la Industria 5.0 Los debates en Davos son siempre los mismos: robotización, inteligencia artificial, “blockchain” o cómo la automatización de todo se convierte en una herramienta para la vida. El desafío será si esa Humanidad 4.0 será una sociedad sin empleo pero capaz de superar el reto que ello supone. La Industria 5.0 será Sociedad 5.0: “Nos dirigimos a un escenario caracterizado por un mundo automatizado (robótica), cognitivo (inteligencia artificial) y de acceso ilimitado a datos (5G) donde es preciso ajustar y asentar un sofisticado presente digital, líquido y exponencial. Estamos ante herramientas impensables hacia pocas décadas, caso del “big data” u otra internet que está a punto de venir del todo (“internet of everything”, “IoE”). Todo estará conectado con todo, algo que puede suponer tanto una enorme liberación y oportunidad como la pérdida de privacidad para el ser humano y libre albedrío”.
Hipercontrol: el universo de conocimiento y datos lo permitirá. El momento más peligroso en el desarrollo de la humanidad (según Stephen Hawking) donde el ascenso de la inteligencia artificial destruirá puestos de trabajo de manera irreversible entre las clases medias, a punto siempre de desaparición. Sólo quedará empleo, según el genio de Oxford, bueno y bien pagado, para creativos y supervisores. Calculaba un mundo con un desempleo que rondaría el 60 por ciento. Otro contrato social hablará de otros trabajos o empleos: los ricos serán más ricos y los pobres más pobres. Primero fue el lápiz y el papel, luego las calculadoras, más tarde las hojas de cálculo, hoy día lo son las nuevas tecnologías. El desempleo general y subempleo crónico son imparables, ellos acentuarán las diferencia sociales: “Pocos se dan cuenta de que el sistema económico y el modelo de crecimiento es una fábrica de incentivos y reduce paulatinamente la tasa de actividad (índice que mide el nivel de actividad de un país). No hay crecimiento económico sin tener en cuenta la tasa de actividad. El FMI ya avisa que, de seguir a este ritmo, la tasa de actividad caerá por debajo del cincuenta por ciento”.
Las personas deberán formarse para trabajar con robots y automatismos. Quien no pase la integración tecnológica quedará en la cuneta dando brincos. El debate inmediato será el de la jornada laboral y la renta básica. Preocuparse en exclusiva por el desempleo tecnológico será un error, puesto que es irreversible, y la atención debería estar focalizada en el papel de la tecnología como mejora de nuestro mundo (parece lo mismo pero no lo es). Una nueva tecnología traerá otra economía, otra gestión de la información, otra capacitación de nuestras propias habilidades. Vidal es diáfano: “La tecnología nos hace más humanos y nos acerca a un estado natural donde la creatividad, la empatía y la intuición tienen un valor exponencial. (…) Un auricular bluetooth no es más que un automatismo que permite el uso de las manos mientras atendemos una llamada. La importancia no reside si es digital o no, pues es mecánica, pero, cuando los datos de esa conversación son examinados, entra la digitalización. La suma de ambos es transformación digital y automatización de procesos”.
Vidal defiende la automatización y digitalización al extremo. Las respuestas cognitivas son automatización. No hay otro futuro inmediato ni modelo de competencia: “Esta revolución industrial y tecnológica que vivimos no trata de sacar a las personas de los procesos, sino que los humanos hagamos aquello en lo que somos la única especie de hacerlo”. La realidad es una: los gobiernos no se digitalizan por pánico, sintiendo la misma obligación de hacerlo. Hay quien vive anclado en un pasado, ausente a móviles y redes digitales, que no volverá. Muchos prefieren ignorar el desempleo que traerán las maquinitas. Los políticos buscan votantes y el miedo puede alejarlos.
La quinta revolución industrial será la de la inteligencia cognitiva y el mundo automático. Lo dijo Ylva Johansson, exministra sueca de Empleo, cuando un líder sindical le preguntó si le daba miedo la nueva tecnología: “No. Lo que da miedo es la vieja tecnología”. ¿Quién protegerá, no los puestos de trabajo, sino a los trabajadores? ¿Quién capacitará a la gente para nuevos trabajos cuando desaparecen los que había? Noruega, Finlandia y Dinamarca apuestan por la innovación privada sujeta al liderazgo de lo público. Apunta Vidal el mejor trampolín para superar el vacío: “¿Qué hacen en Suecia para garantizar la innovación? Sencillamente, garantizarla. En Silicon Valley, el riesgo es consustancial a la innovación, pero en Europa no estamos ni cultural ni estructuralmente preparados para ello. Tal vez por eso hay que buscar un método distinto. El enfoque de Suecia supone hacer avanzar la innovación manteniendo suficiente colchón ante posibles fracasos”. El futuro es hoy. Entren en él. Queda atrás, muy atrás cuando atábamos los perros con longanizas.
Otro PIB, otro modelo productivo y crecimiento económico, será el del sector privado, quien resolverá aquello que los gobiernos no plantean. Salir del pozo será crear regiones inteligentes, sin polígonos de juguete o risa, donde el tejido empresarial digital construya puentes entre universidad y empresa, por ejemplo, y se genere confianza como principal estímulo inversor. Concluye Vidal: “La quinta revolución industrial contrastará con las tendencias de la cuarta revolución en términos de deshumanización. El futuro del sector financiero no es el fintech, ni la blockchain, ni las oficinas virtuales, ni la inteligencia artificial… El futuro es la humanidad. Los robots ayudarán a los seres humanos a alinear los rendimientos de la inversión el con el propósito. Se tendrá que diseñar una ética capaz de conjugar la intención”; “(…) El desafío es lo que llamo la mentorización inversa: jóvenes traduciendo un mundo digitalmente complejo a compañeros experimentados, directivos de mucha experiencia trasladando a los más jóvenes metodologías mixtas y sistemas automatizados para la gestión de datos apoyando predictivamente a todos. La energía no es rentable sin experiencia, y la experiencia no alcanza su plenitud sin energía. No habrá energía ni experiencia sin datos”. Quien tenga los datos, nuevamente, queridos lectores, tendrá el poder. Los datos son el nuevo parné del siglo XXI.