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EN PERPIÑÁN, LO ESPERADO

lunes 02 de marzo de 2020, 11:50h
10.000 personas, según varios medios de comunicación, acudieron a Perpiñán para apoyar al prófugo Carlos Puigdemont...

10.000 personas, según varios medios de comunicación, acudieron a Perpiñán para apoyar al prófugo Carlos Puigdemont contra el delincuente encarcelado Oriol Junqueras. Las autoridades de la ciudad gala, partidarias del expresidente, elevaron la cifra de asistentes a 100.000 y los secesionistas la instalaron en 200.000. En un reciente artículo en esta sección de El Imparcial anticipé lo que finalmente ha ocurrido.

Si los independentistas corsos hubieran organizado en Tarragona un acto en beneficio del secesionismo de Córcega, el Gobierno francés se habría plantado exigiendo al español que controlara el despropósito. Pedro Sánchez, que se ha rendido al secesionismo catalán por el suculento plato de lentejas que se cocina en el palacio de la Moncloa, ha callado como un muerto. Algunos comentaristas han frivolizado el acto, tomándoselo a coña marinera.

Pero si se siguen poniendo altavoces al secesionismo, amén de las mesas de negociación, se hará muy difícil revertir la situación. El Gobierno de la nación debe aprobar un copioso presupuesto para españolizar Cataluña desde la cátedra hasta el tebeo. Los especialistas cifran en 20.000 millones de euros lo que ha gastado la Generalidad durante los últimos años en favor del independentismo. Frente a semejante dispendio, la respuesta de Zapatero, primero, de Mariano Rajoy, después, de Pedro Sánchez ahora ha sido la de colaborar o la de no hacer nada. La fórmula arriólica para la crisis catalana, suscrita con entusiasmo por Mariano Rajoy, se resumió en esta declaración: “No hay que hacer nada porque el tiempo lo arregla todo y lo mejor es tener cerrado el pico”. Zapatero, por su parte, había dado toda clase de facilidades hasta que Bruselas se plantó, amenazó con enviar a la troika e intervenir a España como había hecho con Grecia o Irlanda. El presidente español se asustó y dio marcha atrás. Pedro Sánchez ha mejorado a su antecesor y está entregado en cuerpo y alma a trocear a España si eso le permite continuar sentado en su poltrona monclovita.

No, el acto de Perpiñán no se puede tomar a broma. Es necesario establecer una operación a largo plazo, bien financiada, para evitar que se haga irreversible lo que todavía ahora es solo una aspiración minoritaria.