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Novela

Theodor Kallifatides: El asedio de Troya

lunes 02 de marzo de 2020, 16:15h
Theodor Kallifatides: El asedio de Troya

Traducción de Neila García. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2020. 176 páginas. 16,90 €. Libro electrónico: 10,44 €. El escritor griego afincado en Suecia nos propone una brillante novela, que es no solo atractiva relectura de la “Ilíada” homérica, entrelazando dos épocas, sino una advertencia siempre necesaria del horror de las guerras. Por Luisa Martínez

Recientemente, dábamos cuenta en este mismo suplemento de Penélope y las doce criadas, de Margaret Atwood, donde la escritora canadiense realizaba una relectura de la Ilíada y la Odisea y del mito de Ulises desde la voz de su mujer, Penélope. Ahora, el autor griego afincado en Suecia Theodor Kallifatides nos propone, en El asedio de Troya, también un acercamiento a la Ilíada, la inmortal obra de Homero, que, según propia confesión, le ha fascinado desde sus años de instituto. Con independencia del diferente enfoque de Atwood y Kallifatides, las dos novelas demuestran que hoy, afortunadamente, los clásicos siguen despertando el interés de los creadores. Pero quizá el problema es que no ocurre lo mismo con los lectores en general, en unos momentos en los que parece que las Humanidades quieren encerrarse en el fondo del fondo del baúl de los recuerdos y no se proporcionada una educación de excelencia. Así, con toda razón, advierte Kallifatides en el Epílogo a su novela de las dificultades de leer la Íliada, el gran poema épico: “A muchísimas personas les resulta difícil leerlo. No es culpa de las traducciones. Es culpa de que en nuestros tiempos no se nos estimula ni se nos prepara para la exigente lectura que brinda la Ilíada”.

Este es uno de los motivos que le llevó a la empresa, aunque explica: “Durante años me pregunté si se podría hacer algo al respecto. Y eso he intento. ¿Blasfemia? Tal vez. ¿Soberbia? No. No he pretendido reemplazar a Homero de ninguna manera. Tan sólo he querido que lo conozca más gente. El lector habrá de juzgar si lo he conseguido”. Ante esta pregunta de Kallifatides hay que responder de manera afirmativa: logra no solamente que más gente conozca a Homero, sino que nos brinda una brillante novela, en la que, entre sus virtudes, ha sabido trasmitirnos la Íliada de una manera tan atractiva, cercana y accesible que no pueden soltarse las páginas de El asedio de Troya, aun conociendo la historia y lo que va sucediendo.

Kallifatides recurre a una estrategia que contribuye sin duda al atractivo de la lectura. Así, ambienta la acción en la Segunda Guerra Mundial, cuando Grecia, como muchas otras partes de Europa, cayó presa de las huestes nazis. Estamos en un pueblo griego, a donde, procedente de Atenas, llega una nueva maestra, llamada la Señorita, que dará un vuelco a las clases. La Señorita decide contar a sus alumnos la Íliada, experiencia que ella misma tuvo en sus estudios: “Cuando tenía vuestra edad e iba al instituto vino un día un señor mayor a la escuela y nos leyó en voz alta fragmentos de la Ilíada, de la que quizás hayáis oído hablar. Trata sobre la guerra entre Troya, una ciudad a la otra orilla del mar Egeo, y los griegos o aqueos, como se los llamaba entonces. Aquel hombre que nos visitó era un recitador profesional, un rapsoda. Iba por las escuelas hablando de Homero, el autor de la Ilíada y la Odisea, y leía algunos pasajes en voz alta. Igual que, según parece, Homero, que era ciego”.

La Señorita consigue que los estudiantes queden deslumbrados por sus singulares clases, y no deseen otra cosa que continuar escuchando la historia: -¿Hablamos de los verbos que rigen genitivo o seguimos con Helena y con Paris? –preguntó con una sonrisa maliciosa. Era una decisión fácil. Y comenzó”. Y no solo con la Ilíada, sino con la propia maestra, está embelesado el narrador en primera persona de El asedio de Troya -un acierto la adopción de ese punto de vista-, que nos confiesa desde el principio: “Tenía quince años y estaba enamorado de mi profesora [...] Mi único consuelo era la Señorita. No me saciaba de mirarla. Era pequeña, morena, con la mirada ardiente y unas manos bonitas que movía con frecuencia y deleite”.

Evidentemente, con ese hilar dos épocas, la primera con un alto componente mítico y la segunda muy real, Kallifatides subraya que el azote de la guerra, y sus trágicas secuelas de destrucción y sufrimiento, atraviesa todo el devenir de la Humanidad, pareciendo que esta no aprende. Kallifatides apunta que la Ilíada “es uno de los más firmes poemas antibelicistas jamás escritos”. Su novela va en esa misma interpretación del texto homérico, convirtiéndose en una condena de los conflictos bélicos.

Señalábamos al inicio de esta crítica que eran diferentes las perspectivas de Atwood y Kallifatides en sus acercamientos a la obra de Homero. En efecto, lo son, pero también existen elementos comunes. Desde luego, la reprobación de los conflictos bélicos y recalcar que en ellos las mujeres, y en el caso de Kallifatides también los niños, son los primeros botines de guerra. Pero, naturalmente, no los únicos. La guerra produce víctimas y desolación por doquier, y “una pena que no tiene patria ni fronteras”.

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