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TRIBUNA

Poética de la conversación

martes 03 de marzo de 2020, 20:03h

Poética de la conversación o como es imposible ser más cursi y más melifluo. Edulcorar las palabras, llenarlas de azúcar para que el estómago se te revuelva y se convierta en una lavadora que centrifuga y limpia los sabores naturales de las cosas. El que lleva actualmente la cosa del Cervantes, en su última columna para el medio en el que colabora, utilizó este concepto para no querer decir nada y con ello querer decir muchas cosas. Es lo que hace siempre. Su poesía no sabe de fondo y la forma es amorfa, un corazón gordo, seboso, grasiento, que entra en colapso al querer comunicarse con la cabeza. Una cobardía amparada en una retorcida utilización de la palabra democracia. Siempre la tiene en la punta de la lengua, mojada como se convierten todas sus palabras cuando las traspasa al papel. La democracia en su lenguaje tiene la forma y el significado del asiento bien “mullidito” donde él posa sus alienadas y otros bichos aún más feos que dibujan sus posaderas al contacto con el trono que ostenta.

Su falso buenismo que esconde sectarizar al que todavía no piensa como él y que por suerte somos muchos, la gran mayoría. A Izquierda Unida siempre se le ha votado poco, pero él tiene el récord de ser el candidato que tuvo ese partido para la Comunidad de Madrid con menos votos de su historia. No se puede votar a alguien que lo único que quería es poner una línea más en su currículum, como ahora sí que ha conseguido con lo del Cervantes. Un día se levantó comunista y al siguiente socialdemócrata. Si sigue así se hará de Ciudadanos y a fe que si puede conseguir un buen sillón seguro que lo hará.

Y resulta que ahora sale con una defensa “light” de los nacionalismos, especialmente del catalán y del inglés por la vigencia del brexit. El susodicho está en Londres en unas charlas que se están dando donde también están los mejores hispanistas británicos, eso sí, no todos igual de buenos ni de certeros con la historia de España, para eso ya está él, para medir la verdad de las cosas. Esa defensa suya en bajito de estos nacionalismos, para no hacer ruido, porque él es una persona pacífica, ¡claro que sí!, que al decir las cosas de manera suavecita, con su voz aterciopelada que daría grima hasta a la hija cocinera de Isabel Preysler, con palabritas que solo diría un político, sí, porque tú eres más un político que un poeta, pues este último es un soñador y tú tienes los pies muy en el suelo, en la realidad de las cosas y dentro de éstas en las que provocan mayor confort y comodidad, sé que he caído en una redundancia, pero así usted se puede encontrar a gusto, pues lo son los temas de los que siempre habla. Usted es aburrido en la forma y en el fondo.

Habla de “identidades abiertas” para justificar el nacionalismo, que es lo más cerrado que existe, lo más intransigente, ya sean periféricos, provincianos o de un Estado ya constituido. Yo soy español, pero no un nacionalista español, y ahí sí que compartimos nuestras desavenencias con VOX, pero es que yo a diferencia suya, aunque a veces quiera confundirnos en sus escritos, no estoy en ningún bando. Las izquierdas y las derechas sois el mal de esta sociedad política, cada una por unas razones, pero que unas no aplacan las de los otros. El fin de las dos es dominar a los ciudadanos imponiéndonos sus ideas pensando que son las mejores, y eso es egocéntrico, y sobre todo excluyente para los que no pensamos así. Imponer unos conceptos que metan en un mismo grupo a la mayor parte de la población posible, ser rebaño, y yo mientras pueda seré el pastor de mí mismo o por lo menos de las ideas que realmente pienso. En ese lugar de mi cabeza donde se encuentran, jamás podréis entrar por mucho que lo intentéis.

El señor Cervantes venido muy a menos pone por escrito los conceptos “supremacismo” y “neoliberal” muchas veces, cuando ya no sabe cómo convencer con argumentos. Es interesante que para este señor el supremacismo venga del Estado español o de los partidos nacionalistas españoles, pero que nunca se pare a pensar del que quiere ejercer el catalán o el inglés sobre el resto de comunidades autónomas, la primera, y el resto de países miembros de la Unión Europea, la segunda. Me voy a centrar en la primera, pues la tenemos más cerca, aunque la segunda también sea muy importante, incluso más, sobre todo en lo que nos concierne económicamente, pero a mí me gusta tirar más por lo sentimental, será porque a mí sí qué como eterno aprendiz de escritor, necesito esparcir y soltar mi sensibilidad como me dejen, y si es por escrito mejor. La Cataluña nacionalista ejerce su supremacismo moral y económico sobre el resto de comunidades, se sabe rica y para poder defender esa condición es necesario repartir poco o nada esos privilegios, Extremadura debe seguir siendo más pobre y Castilla la Mancha y Andalucía y Aragón, etc. Pagar menos a la bolsa común, qué curioso que los que se hacen llamar de izquierdas como el susodicho, en este caso no hagan como en otros y exijan pagar más a quién más tiene, como quieren que lo hagan los bancos y las grandes empresas y con lo que estoy totalmente de acuerdo. Pero en este caso no, parece que este señor junto con los suyos, han caído en esa pseudo-revolución romántica que para ellos tiene el hecho de querer conseguir la independencia ante un Estado opresor que no les deja ejercer esa ilusión infundada en mentiras y explotaciones que no sufren. La izquierda española defendiendo al poderoso nacionalista catalán, una contradicción que a lo mejor es que no lo es tanto. Uno es ácrata porque quiere ser libre y elegir siempre y que todos podamos defender nuestra forma de vida y nuestros pensamientos individuales y eso va en contra de todos los egoísmos que conllevan como es lógico la pérdida de derechos de la otra parte. Pero parece que aquí al poeta granadino al que sí que tendrían que haber expulsado los árabes, no ve ningún problema, y si lo hay cree que se resuelve con palabras vacías, como sus versos. Su paisano Lorca sí que representó una España que buscaba estar junta, el amor que proporcionaba el calor de la cercanía y eso no lo pudo soportar ese bando conservador, extremista e inhumano.

Conversemos, por supuesto, ya sea en prosa o en verso, pero no intente disfrazar ese diálogo en una imposición de su opinión, no intente tergiversar los conceptos ni engañar a quien le lee y no está influido por su pensamiento. No hable de “identidades necesarias” y en su contraposición de supremacismos y neoliberalismos para llevárselos a su terreno tendencioso. Usted hace lo mismo que lo que critica a los columnistas de derechas y creo que es lo que quiere hacer. Váyase con su poesía a otra parte y déjenos a los demás ser libres.

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