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TRIBUNA

Pobre ser humano

Jesús Carasa Moreno
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carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
sábado 14 de marzo de 2020, 20:54h

He leído el libro de Harari y estoy con el de Arsuaga. Son de lectura imprescindible pero…. demoledora. Ponen al ser humano en su sitio. Nos transmiten el convencimiento de que nuestra especie es el resultado de un número infinito de casualidades evolutivas sin ningún propósito. Leerlos es asomarse a una sima tan profunda y de tan angustiosa contemplación, que se puede comprender a los que se aferran a creencias que les aseguran que su existencia tiene un objetivo, con posibilidades de final feliz, que forma parte de un plan diseñado por un ser superior.


Los que pensamos que, seguramente, los científicos tienen razón, aun reconociendo que, desde nuestra pequeñez, no podemos eliminar ninguna otra posibilidad, vemos al ser humano, durante el relámpago que dura la consciencia de su existencia, ante la perpleja contemplación de un universo, por un lado, de infinitas constelaciones, en un espacio infinito cuyos limites, si los tiene, no podemos ni imaginar y por otro, el también infinito submundo de células, átomos y partículas al que, tampoco, es posible poner fin. Eso, si no hay, todavía, mucho mas de lo que percibimos e intuimos como ya nos ha ocurrido en el pasado.


Y, he aquí, que en este escenario, cada uno de nosotros, aparecemos un buen día y poco a poco vamos tomando consciencia de nosotros mismos. Y en la medida en que vamos adquiriendo autonomía nos vemos obligados a gobernar nuestra vida y nuestro rumbo, inmersos y arrollados por ese torrente de infinitos acontecimientos azarosos que bulle a nuestro alrededor.
Y en este caos nos vemos obligados a buscar un sentido, una orientación a nuestra vida, a movernos en la trayectoria marcada y a tomar, cada minuto, infinitas decisiones que marcarán nuestra vida y le proporcionarán dolor o placer. Con total fatalismo, pues no tomar ninguna decisión es, también, una decisión.


Y a pesar de la angustia que sentimos ante los acontecimientos que nos arrollan, tenemos gravado el deseo de seguir adelante y no renunciar mas que en casos de enajenación profunda.
Pobre hombre, pobre ser humano. Agobiado, eternamente, por la incertidumbre y el sufrimiento en un mundo que le supera y avasalla. ¿Es esto evitable?


Harari ya nos dice que, el abandono, en busca de mayor felicidad, de la condición de cazador-recolector, que el ser humano practicó durante cientos de miles de años, fue un mal negocio. Es, quizá, la bíblica expulsión del paraíso.


La organización familiar-tribal proporcionaba al hombre adiestramiento, camaradería, orden y protección. Era una organización hecha a su medida, que le libraba, al máximo, de incertidumbres.
El paso a la organización agrícola-ganadera le trajo un cúmulo de complicaciones, siempre en aumento, que el pobre ser humano no sabe, no tiene capacidad para gobernar. Todavía, en el presente, se encuentran tribus de cazadores- recolectores que son asimiladas por la nueva civilización pero, también, algunas, que huyen de ella muy conscientemente, como si supieran, quizá lo saben, el daño que les acarreará.


La paulatina erosión, en tiempos modernos, de la institución familiar, deja al ser humano cada vez mas solo y desguarnecido.


En esta situación se ve solicitado, constantemente, por dos filosofías, por dos formas de buscar amparo y protección. La de las tendencias liberales que desconfian del Estado y luchan por conservar la covertura familiar y por perfeccionar la iniciativa personal que le ayude a tomar las decisiones que le favorezcan y las ideas socialistas que postulan que es el Estado el encargado de proteger al individuo y marcarle las pautas que rijan su vida.


La debilidad del pobre ser humano, ante la enorme complejidad del mundo que ha creado y el deterioro, parece que irreversible, de las antiguas formas de ayuda y protección, harían deseable que fuera el Estado el que adquiriese el protagonismo de su apoyo.


Pero amigos, nuestro gozo en un pozo, porque la experiencia ha demostrado, una y otra vez, que el Estado-Protector, a pesar de sus melifluos requiebros y cantos de sirena, se convierte, fatalmente, en nuestro mas cruel tirano.



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Blog: Loprogrenoesprogresista

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