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COVID-19

La ciencia española se vuelca en la búsqueda de una vacuna contra el coronavirus

Fotografía cedida por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) que muestra una impresión 3D de una proteína espiga de SARS-CoV-2.
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Fotografía cedida por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) que muestra una impresión 3D de una proteína espiga de SARS-CoV-2. (Foto: EFE)
sábado 21 de marzo de 2020, 00:22h
Los investigadores del Centro Nacional de Biotecnología trabajan a contrarreloj para editar genéticamente el virus.

La Ciencia libra una guerra contra un enemigo invisible e implacable que amenaza el modus vivendi de la especie humana. Laboratorios de todo el mundo trabajan a contrarreloj en la búsqueda de una vacuna contra el Covid-19, que ya deja más de 11.000 muertos y 270.000 infectados en el planeta. La vacuna es el objetivo prioritario para los científicos, pero también el más ambicioso y exigente, pues a la dificultad técnica que entraña su desarrollo hay que añadir unos plazos difícilmente reducibles para probarla correctamente antes de que esté disponible en el mercado.

España comanda, junto a Estados Unidos y China, una carrera con no pocos obstáculos. Los virólogos Luis Enjuanes e Isabel Sola, del Centro Nacional de Biotecnología (CNB), junto a Adolfo García Sastre, del Hospital Monte Sinaí, en Nueva York, lideran desde el pasado 31 de enero una iniciativa conjunta para el desarrollo de una vacuna contra el coronavirus.

Estos tres científicos españoles, referentes mundiales en el estudio de la materia, llevan más de tres décadas investigando los virus respiratorios: la gripe, en el caso de García Sastre, y la familia de los coronavirus en general, en el caso de Enjuanes y Sola. De hecho, estos dos últimos ya desarrollaron en el CNB la primera vacuna del mundo contra el coronavirus del SARS en 2002. Debido a la semejanza genética entre el SARS y el SARS-CoV-2 (comparten el 80% de genes) esta experiencia podría volverse determinante y otorgar una notable ventaja competitiva a este equipo para tratar de lograr la ansiada vacuna.

Enjuanes y Sola están empleando la misma estrategia que aplicaron con éxito frente al SARS. El objetivo es localizar los genes de virulencia, eliminarlos mediante modificación genética y obtener así una versión atenuada del virus, que más tarde se puede administrar como vacuna para que los pacientes desarrollen una respuesta inmune que les proteja en futuras exposiciones. Sin embargo, dado que los investigadores no disponen de herramientas para modificar genéticamente el ARN del virus, antes deben "traducirlo" a ADN para poder intervenir sobre su genoma.

Este equipo científico ya ha completado el diseño de la estrategia para reconstruir el genoma del virus a partir de fragmentos de ADN sintetizados químicamente y espera realizar la ingeniería del genoma completo y de las variantes atenuadas en un plazo de seis u ocho semanas. De esta manera, esperan tener candidatos a vacuna en un plazo de tres meses, que se analizarán primero en ratones, para determinar su eficacia y seguridad, antes de ser estudiados en personas.

Según ha indicado este viernes el ministro de Ciencia, Pedro Duque este laboratorio está al "nivel más alto y adelantado" en este tipo de vacunas del virus completo, aunque, debido su mayor complejidad y efectividad tardará un poco más que las que preparan en otros países.

A pesar de que otros países se encuentren ya experimentando vacunas en humanos, los investigadores esperan que esta sea la más "efectiva", pues podrá "estimular múltiples componentes de la respuesta inmune antiviral localmente en el sistema respiratorio, que es donde se necesita", señala García Sastre a este periódico.

Plazos inexorables

Toda vacuna pasa por tres fases antes de ser implementada:

En la fase 1, que es en la que ya se encuentran algunos laboratorios de China o Estados Unidos, se analizan aspectos como sus efectos biológicos y seguridad, en un estudio que no abarca más de 100 pacientes. Suele durar entre 9 y 18 meses.

La fase 2 se centra en la inmunogenicidad, es decir, la capacidad que tiene el antígeno para desencadenar una respuesta inmunitaria en nuestro cuerpo y construir así a largo plazo la memoria inmunológica. Suele trabajarse con grupos mayores, de entre 200 y 500 voluntarios. En condiciones normales dura unos dos años.

En la fase 3 los investigadores evalúan de forma general la eficiencia y seguridad de la vacuna, trabajando con una cantidad aún mayor de personas. También suele prolongarse varios años.

En condiciones normales, una vacuna tardaría entre cinco y 10 años en desarrollarse. Sin embargo, debido a la gravedad de la crisis sanitaria del coronavirus, los científicos están tratando de recortar al máximo los plazos. Las estimaciones actuales indican que la primera vacuna viable podría estar lista en un plazo de entre un año a 18 meses.

Así lo reconocían esta semana los responsables de algunas de las principales compañías farmacéuticas del mundo, como Paul Stoffels, vicepresidente y científico en jefe de la farmacéutica Johnson & Johnson; David Ricks, presidente de la farmacéutica estadounidense Eli Lilly; o David Loew, vicepresidente ejecutivo de la farmacéutica Sanofi Pasteur: "Podemos intentar ir muy rápido, trabajar con las autoridades reguladoras para reducir los plazos, pero no podemos sacrificar los requisitos de seguridad y eficacia porque las vacunas deben inyectarse a gente sana", advertía Loew esta semana en una conferencia de prensa a distancia organizada desde Ginebra por la Federación Internacional de Asociaciones y Productores Farmacéuticos (IFPMA). "No podemos hacer concesiones en cuestiones como seguridad y eficacia porque esto puede ocasionar también que la gente pierda confianza en otras vacunas", añadía, por su parte, Ricks.

La 'guerra fría' salta al laboratorio

Estados Unidos y China son, por el momento, los dos únicos países del mundo que cuentan con candidatas a vacunas contra el SARS-CoV-2 en fase 1. Ambas naciones ha protagonizado esta semana un capítulo más en su particular pugna por la hegemonía mundial, trasladando su 'guerra fría' del comercio al laboratorio, con el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Lijian Zhao, afirmando que “es posible que el ejército estadounidense llevase la epidemia a Wuhan”, a lo que Washington ha respondido comenzando a referirse al coronavirus como "virus chino".

El país estadounidense fue el primero en comenzar sus pruebas en humanos el pasado lunes 16 de marzo, en un centro de investigación en Seattle (Washington). Esta candidata a vacuna, denominada RNA-1273, se administrará en esta primera fase a un total de 45 voluntarios, todos ellos adultos sanos de entre 18 y 55 años de edad, que participarán a lo largo de seis semanas en el experimento, destinado a evaluar diferentes dosis del producto para comprobar su seguridad.

Según el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de EE.UU. (NIAID), que ha desarrollado la vacuna junto a la compañía de biotecnología Moderna, el proyecto de inoculación frente al coronavirus ha tenido resultados prometedores en modelos animales. Aunque desarrollada en tiempo récord, será difícil, no obstante, que esté lista antes de un año, tal y como ha reconocido Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas y máxima autoridad sanitaria del país en este asunto.

Apenas 24 horas después del anuncio de Washington, China hizo lo propio haciendo público el martes que habían comenzado los ensayos clínicos en humanos de su vacuna contra el nuevo coronavirus. Ha sido concebida por el equipo militar de investigación médica de la epidemióloga, Chen Wei, conocida como la 'terminator del ébola', por su desarrollo en 2014 de la primera vacuna para combatir el brote de ese virus.

Según las autoridades chinas, la vacuna ha sido sometida a pruebas de seguridad, efectividad y control de calidad y está preparada para una producción masiva. La compañía de biotecnología de Tianjin ha comenzado a reclutar voluntarios para someterse a los ensayos clínicos y el próximo abril está previsto que la mayoría de los otros ocho equipos de investigación de una vacuna designados por el Gobierno chino comiencen igualmente los ensayos clínicos de sus hallazgos.

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