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PHELPS Y NADAL: DOS DEPORTISTAS EN EL OLIMPO

domingo 17 de agosto de 2008, 21:39h
Michael Phelps no puede ser humano. Sin duda, debe tratarse de alguna suerte de dios híbrido de ave y delfín, de hombre y superhéroe. Hoy ha sumado su octavo oro de estos Juegos, convirtiéndose en el mejor deportista de todos los tiempos y superando el record de los siete preciados metales que hasta ahora atesoraba el legendario Mark Spitz.

Las frías aguas del “cubo” de Pekín le han visto pulverizar, día a día, todas las plusmarcas establecidas hasta fraguarse un nombre en el olimpo del deporte. Él ya lo había dejado claro: “Quiero ser el primer Michael Phelps, no el segundo Mark Spitz”. Y, así es, Phelps es el primero de su especie, y acaso el último, pues no parece probable que alguien pueda repetir su hazaña, al lo menos, no en muchos años. Su técnica y su potencia han reunido frente al televisor a todo el planeta y su reto ha sido seguido con entusiasmo general, algo insólito tratándose de una prueba como la natación, que nunca ha contado con el seguimiento de los grandes deportes de equipo. Pero es que Phelps nada para doctos y para profanos, porque no hace falta ser un entendido para comprender que su forma de moverse no es normal. Su salida ya impresiona: suena el silbato y el americano ataca el agua arqueándose hacia arriba, como un guepardo que se estira, suspendido en el aire, para atrapar a su presa. Entra en el agua totalmente extendido y “agrupado”, como se dice en la jerga de la natación, y comienza a batir sus piernas juntas en una patada ondulatoria que ya querrían para sí muchos delfines. Su “submarina” es simplemente perfecta, su técnica impecable, su fuerza desgarradora, sus “volteos” magistrales.

La energía de Phelps solo puede encontrar un ejemplo parecido en Rafa Nadal. Al joven tenista español no le ha bastado con proclamarse "número uno" del tenis mundial: quiere hacer historia, y hoy lo ha demostrado al derrotar al chileno Fernando González en la final olímpica y alzarse con la medalla de oro, el séptimo metal que logra España en estos Juegos. Nadal ha encadenado triunfos, sólo en estos últimos meses, en Roland Garros, Queen’s, Wimbledon, Toronto y las Olimpiadas –además de Monte Carlo, el Godó y Hamburgo. Se trata, pues, de otro caso excepcional. No cabe duda de que el de Manacor es el deportista más sobresaliente que ha dado nuestro país en muchos años. Su fuerza arrolladora y calidad técnica forman un binomio letal. Verle moverse en la pista es un espectáculo, solamente comparable al que se desata en la piscina, cuando salta Michael Phelps.
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