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Abdelaziz Beljadem

Primer ministro argelino:"España ha de asumir su responsabilidad en el Sáhara"

miércoles 30 de enero de 2008, 21:18h

Pregunta. En los últimos meses asistimos a un enfriamiento de relaciones entre España y Argelia a causa del conflicto del Sáhara Occidental. ¿Cuál es su opinión?

Respuesta.Yo no hablaría de resfriado. Argelia considera que España tiene responsabilidad, en tanto que antigua potencia administradora del Sáhara Occidental, y por ello debe jugar un papel activo para que se apliquen las resoluciones de la ONU y permitir que el pueblo saharaui decida su destino. Argelia siempre se ha adherido a la legalidad internacional, ha apoyado la descolonización del Sáhara Occidental y el derecho de los saharauis a la autodeterminación.

P. -En las relaciones hispano-argelinas han surgido serios problemas...

R. -Es verdad que tenemos un contencioso en el área energética. Pero no tiene nada que ver con la seguridad del aprovisionamiento energético a España. Argelia garantiza el suministro de gas a España, lo mismo que a Portugal, Francia o Italia. No debe existir duda alguna de que mi país cumplirá sus compromisos.

P. -¿Dónde se sitúa en estos momentos el contencioso con España?

R. -En diferentes niveles. El primero es en los precios del gas y en la cláusula de revisión de los mismos. Cuando se firmó el acuerdo, el petróleo era netamente más barato que hoy y, por lo tanto, el gas era mucho más barato (En 2007, Argelia, que cada año exporta a España gas natural por valor de 9.000 millones de dólares, propuso incrementar el precio en un 20% en el curso de un año, argumentando que la diferencia con los precios actuales le suponía perder unos 300 millones de dólares por año). En el contrato existe una cláusula de revisión. Cuando hemos querido aplicarla han surgido las diferencias entre Gas Natural y Sonatrach.

P. -¿Qué puede pasar?

R. -Hay dos alternativas: o las empresas llegan a un compromiso amistoso y se renegocia el acuerdo; o si persisten las diferencias, vamos al arbitraje internacional, y esa instancia determinará quien de los dos tiene razón, o Sonatrach o Gas Natural.

P. -¿Y el otro nivel?

R. -El segundo es la flexibilidad. Argelia ha concluído acuerdos con España para suminiwstrar una cantidad determinada de gas. Pero el suministro en cada momento puede someterse a fluctuaciones. Si este mes de invierno no hace demasiado frío, España podría comprar una cantidad más reducida de gas. Si el mes próximo aumenta el frío, puede aumentar el suministro. Sin embargo, la media debe situarse en un porcentaje que oscile entre el 95% y el 105%. Es decir, que el máximo de suministro puntual debe estar en la media del acuerdo contractual entre los dos países; y no puede haber cantidades suplementarias. Sin embargo, también en este punto hay interpretaciones diferentes de Sonatrach y de Gas Natural. Pero continúan las negociaciones entre los dos países, lo que permite esperar que se llegue a un acuerdo en los puntos relativos a precios, cláusula de revisión y flexibilidad.

P. -¿Y el proyecto Gassi Touil, en qué punto se encuentra?

R. -El 3 de septiembre Sonatrach rescindió el contrato suscrito en 2004 con Repsol YPF y Gas Natural. Sonatrach, sin embargo, continúa con los trabajos de Gassi Touil, pese al litigio que mantiene con las dos empresas españolas, socios iniciales en el proyecto gasista. El litigio se encuentra sometido al arbitraje internacional, lo que no impide que el proyecto se esté ejecutando ya que el arbitraje podría prolongarse durante uno o dos años. Además, si tenemos que buscar nuevos socios, podría acumularse un retraso de tres años.

P. -¿Le parece compatible la Alianza de Civilizaciones que propone Rodríguez Zapatero con la Unión Mediterránea preconizada por Nicolás Sarkozy?

R. -Son dos asuntos diferentes. La Alianza de Civilizaciones entra en el terreno de la cultura, de las tradiciones, de las religiones. Mientras que la Unión Mediterránea es un proyecto limitado al área política. La alianza supone un intercambio, una relación entre culturas, por lo que va más lejos que los intereses políticos, que pueden ser defendidos por partidos políticos, por gobiernos, o por Estados. La propuesta de Unión Mediterránea es eminentemente política y concierne a los Estados.

P. -¿Qué papel podría desempeñar la Alianza de Civilizaciones para superar las diferencias entre Argelia y Marruecos?

R. -Argelia y Marruecos pertenecen a la misma esfera de civilización, y cuando hablamos de la Alianza de Civilizaciones es con países que pertenecen a áreas diferentes. Sin embargo, las relaciones entre Argelia y Marruecos son intensas, en todos los campos, cultural, económico, político, diplomático. Nuestra divergencia es sobre la cuestión del Sáhara Occidental, que nosotros consideramos un problema de descolonización al que hay que aplicar las resoluciones de la ONU para permitir al pueblo saharaui ejercer el derecho de autodeterminacion y decidir su futuro.

P. -La cultura francesa ha dejado una profunda huella en Argelia, dificulta esto sus relaciones con España?

R. -En primer lugar nuestra cultura no es francófona. Es árabo-islámica y amazigue. Como vehículos lingüísticos, además del árabe y del tamazig, compartimos el francés con muchos otros pueblos.

P. -¿Y las relaciones con España?

R. -España ha compartido con nosotros en el pasado la misma esfera de civilización. Por eso hay tanta similitud en aspectos culturales y en tradiciones. En el patrimonio lingüístico español hay miles de palabras de origen árabe. Dicho esto, hay que señalar que nosotros estamos abiertos a otras civilizaciones, lo que nos ha permitido adquirir prácticas y tradiciones que hemos asimilado, adoptado, que compartimos con otros pueblos mediterráneos.

P. -¿Cree en el choque civilizaciones?

R. -No. La diversidad es una fuente de riqueza, que tenemos que aprovechar para buscar lo que nos une, en lugar de poner el acento en lo que nos diferencia.

P. -¿Cómo afronta Argelia el fenómeno terrorista?

R. -No puede justificarse, hay que erradicarlo. No hay que facilitar coartadas a quien da una visión sesgada de las injusticias atribuyéndolas a diferencias religiosas o culturales. Es una lucha sin cuartel.

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