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Novela

Guillermo Arriaga: Salvar el fuego

domingo 05 de abril de 2020, 19:08h
Guillermo Arriaga: Salvar el fuego

El cineasta y escritor mexicano se ha alzado con el Premio Alfaguara 2020 con esta impactante y ambiciosa historia de un amor que desafía a la lógica, ambientada en un México donde se enseñorea la violencia. Por Adrián Sanmartín

Guillermo Arriaga (Ciudad de México, 1958) tiene en su haber una brillante trayectoria como guionista desarrollada en impactantes películas como Amores perros, 21 gramos, Babel -dirigidas por su compatriota Alejandro González Iñárritu-, Los tres entierros de Melquíades Estrada, El búfalo de la noche- dirigidas respectivamente por Tommy Lee Jones y Jorge Hernández Aldana-, y Lejos de la tierra quemada, en la que también tomó la batuta como director. Pero no es el cine el único ámbito en el que Arriaga ha ocupado sus desvelos. Ël mismo ha confesado: “Yo era novelista antes de hacer cine”.

Y, en efecto, ha publicado las novelas Escuadrón Guillotina; Un dulce olor a muerte; El búfalo de la noche y El salvaje, y la colección de cuentos Retorno 201. Ahora su trayectoria como novelista se afianza con Salvar el fuego, y no solo porque con este título se haya alzado con el Premio Alfaguara 2020. También, y sobre todo, porque estamos ante una impactante novela en la que Arriaga condensa su universo y sus preocupaciones, siempre en relación con su país.

Arriaga ha tomado su título de un poema del escritor y cineasta francés Jean Cocteau: “Mi casa se estaba quemando y solo podía salvar una cosa. / Decidí salvar el fuego. / No tengo donde vivir pero el fuego vive en mí. / Y me defiende discretamente de todo lo impuro. / Mi futuro ya no es importante. / Solo cuenta la intensidad del instante”. Asimismo, junto a la cita de Cocteau encabeza la novela un fragmento del Acto III de Bodas de sangre, de Federico García Lorca, en el que habla la Novia: “Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera, y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua, frío, y el otro me mandaba
cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego”. Y, por último, una confesión de la escritora brasileña Clarice Lispector: “No sé amar por la mitad, no sé vivir de mentiras”.

Las citas no son baladíes, pues la llama de la pasión preside esta historia de amor, en la que la gran complejidad de este sentimiento llega a sus límites y desafía a la lógica. Marina Longines es una coreógrafa, casada y con tres hijos, que lleva una vida que transita por lo convencional y aparentemente feliz. Hasta que conoce a José Cuauhtémoc, un león enjaulado, un hombre que está en las antípodas del ordenado mundo de Marina. Cuauhtémoc se mueve fuera de la ley y está en la cárcel -a donde Marina ha ido a hacer una función-, cumpliendo una condena de cincuenta años por asesinato. Se guía por un provocador manifiesto que leemos al comienzo de la novela en el que se declara libre y con rabia, considerando que su país, México, se divide entre los que tienen miedo y los que tienen rabia.

La novela presenta varios puntos de vista al articularse en torno a tres voces: la de la propia Marina Longines en primera persona, que nos va relatando cómo se echa a andar “la relojería del desastre”, la de un narrador en tercera persona que nos cuenta la historia de Cuauhtémoc, y la del hermano mayor de este, en primera persona, que también nos hablará de Cuauhtémoc, sobre todo de su infancia bajo el yugo de un padre violento. Esta tríada nos proporciona esas diferentes perspectivas, pero también permite a Arriaga el empleo de distintos niveles del lenguaje, desde el más culto hasta el coloquial e incluso de jerga.

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