www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ESCRITO AL RASO

Españoles frente al coronavirus

lunes 06 de abril de 2020, 20:23h

Los españoles vamos a estar confinados hasta mayo a base de prórrogas, en una democracia lanar, recluida y semoviente, que anhela el regreso a la “normalidad”. Los medios de comunicación hablan de “respiro” y “esperanza”, mientras el “contador” oficial de caídos en esta pandemia se acerca ya a los 14.000. La Parca, a la que le habíamos negado sus encantos específicos, ha salido ofendida para reivindicarse y cebarse por aquí, aprovechando el disparate nacional; así que nuestros muertos andan de tarde en tarde, cazueleando en los balcones y en los telediarios: vamos a ser sus rehenes durante mucho tiempo.

Al otro lado del Atlántico, los poderes terrenales nos recuerdan que el hecho de mandar al prójimo es más trascendente que lo que se ordena. Es decir, que el poder es un acto en sí mismo sin necesidad de justificación práctica ni bienestar social. El poder va a los mercados y compra democracias y voluntades continentales desde un ordenador, y una mañana de 1 de enero de 2020 –qué casualidad–, las democracias resultaron pandémicas. El anciano exsecretario de Estado de los Estados Unidos y asesor en la seguridad nacional con Richard Nixon y Gerald Ford, Henry Kissinger, uno de los políticos más intrigantes de la historia, ha publicado un esclarecedor artículo en The Wall Stret Journal, que proclama la necesidad de “salvaguardar los principios del Orden Mundial liberal”, consistente nada menos que en la “urgente tarea de lanzar una empresa paralela para la transición al orden posterior al coronavirus”. El político alemán que trazó el rumbo político internacional de Washington y creó el bipolarismo diplomático lanza abiertamente su consejo programático: la política no trata de las cosas de la polis, sino de negociados verticales que expanden sus planes a las multitudes, que son siempre las últimas en enterarse de todo.

En España, como no se lee en inglés, este españolismo sanguíneo nuestro no nos deja ver el bosque mundial, y aquí nos perdemos los iluminadores reportajes y artículos que publican The Times, The Washington Times, The New York Post o algunos diarios de Colombia, Canadá o India. Porque aquí no se investiga: se critica, se insulta, se persigue, se purga, se guerraciviliza toda disidencia. Y entonces el pueblo les sigue en su aventura de poder a los políticos y a su legión de asesores remuneradísimos con nuestro jornal, en un vaivén que concluye en la nada social, como sucede desde siempre con la política. Favorecemos el ecosistema ominoso de amenazas, en esta pandemia de cinismo que nos ha entubado desde hace un mes. La gente comenta ya los hierros de su prisión y los duros tragos en soledad. Escribió Oscar Wilde que los dos sexos se extinguirían cada uno por su lado. La raza humana se ha asomado, sí, al precipicio de su extinción por demasiado confiada, tecnológica e infalible: por creer que no podría enfermar jamás. Por soberbia, que es algo que unía mucho últimamente. Lo digital se volvió fanatismo.

El virus está destruyendo cuerpos y almas, pero ha sacado a la luz lo peor de nuestra sociedad, algo inconcebible en tiempo de bienestar, mientras el Banco Central Europeo y la Comisión Europea han estado muy ocupados acuñando euros, al margen del interés del ciudadano, de las familias, del futuro de Europa, en definitiva. Las élites, remotas y difíciles, siempre lo dejan a uno un poco transido, sin saber por qué de todo. Escribió el maestro Norman Mailer en ¿Por qué estamos en guerra? (2006) que Estados Unidos se había autoproclamado como el único imperio de pleno derecho y legitimado para ejercer una policía planetaria sobre la población mundial: para el autor de Los ejércitos de la noche, el fascismo se había convertido en la manera natural de vivir. Los oscuros dioses que mueven la geopolítica lo bien lo saben, ¿verdad Mr. Kissinger?

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)

+

0 comentarios