www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Desde el fondo de un reloj de arena

lunes 06 de abril de 2020, 20:24h

Si alguna vez llegó a parecerlo, ya no parece un gobierno. Apenas una acumulación crítica de ineficacias. Puñados de infamias. Amontonadas en la cima a impulsos de propagandas y aplausos enlatados (fe de los aburridos, de los que andan con ganas de sentirse ofendidos), y sin el lastre de los escrúpulos (de camino hacia la cúspide se dice y se finge moralidad).

Allí, pues, amontonados y confabulando (unos contra otros, y todos contra los ciudadanos – incluso contra sus votantes; acaso, sobre todo contra sus votantes). Como una prominencia de arena, ese rejunte. Intentando llegar más alto que la cumbre: con sus palabras vanas, huecas, negligentes. Se apilan, se agregan, desentendidos de la gravedad (de las circunstancias y de la telúricamente ejercida).

Apiñados en esa permanente huida hacia arriba, como si ni siquiera alguna vez hubiese sido gobierno, sino apenas una desesperada y perpetua campaña electoral: patologías de la aceptación y el ego, entre otras.

Apiñados, pues… El físico danés Per Bak postulaba en un trabajo (que presuntuosamente tituló “How Nature Works” – “Cómo funciona la naturaleza”) de 1987 que en un sistema como el de un montículo de arena se producirán deslizamientos de diversas magnitudes que ayudan a mantener la estabilidad general de todo el sistema (algo así, como para mantener su forma típica: una cierta inclinación de sus laderas, una cierta proporción entre base y altura).

Trasladando este fundamento a esta otra aglomeración: la reacción a esta adición compulsiva bien podría llevar a los elementos a desbarrancarse (en este caso, dado el ritmo de agregación, esperablemente no en un colapso, avalancha localizada, reducida). Es decir, que acaso el concurso de la gravedad (de la situación) y las fuerzas que mantienen a los elementos tenuemente unidos en tan eminente posición conduzca a un corrimiento que dé como resultado una nueva estabilidad - en la cual los elementos de la cima, desterrados de esas alturas por la desmedida y obscena ambición de altitud; por la siniestra manifestación de la falta de conciencia, pasan a formar parte de una base más amplia.

Es inevitable pensar en un reloj de arena. Los granos cayendo, con ese apresuramiento de quienes hemos aprendido a medir el tiempo. Entonces, la pregunta que se sigue será evidente: ¿Luego de que haya transitado qué cantidad de granos resbalarán también los elementos de ese otro artilugio, político (¿o ideológico; o… qué?)? Es decir, ¿se corresponden este sistema y aquel otro? ¿Son sus tiempos análogos?

Pero la política, lo social, no son ni arena ni nieve ni placas tectónicas. La asociación de nacionalismos, populismos, narcisismos y provincialismos (feudalismos o caciquismos, casi) – es decir, la reunión de egos, mediocridades, resentimientos y odios hiperventilados -; de aduladores y altavoces mediáticos, funcionan como estructuras contra los aludes que impiden el suceso deslizante.

Mientras tanto, siguen con su ascenso: lejos de los gobernados; es decir, cerca de sus afanes. Creyéndose más que los granos de arena con los que juegan para moldear su privilegio. El gobierno de la gente era, en realidad, la gente como base, cimiento (contribuyente, claro está), para el ascenso de unos pocos. Unos pocos que ya no parecen formar un gobierno: apenas una coincidencia de conveniencias, de afanes; a lo sumo, un gobierno de arena. Escurriéndose irremediablemente.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)

+

1 comentarios