“…Si por ventura sobreviene un varón grave por su virtud y méritos, todos callan y le escuchan atentos, y con él sus palabras componen las voluntades y amansan las iras…”
Estas líneas han sobrevivido 2001 años, y no han perdido su significado. Las compuso el inmortal Virgilio en el inicio de la era cristiana, y forman parte del libro primero de “La Eneida”.
“Un varón grave por su virtud” bastaba hace dos milenios para aplacar la ira, pero en el México de hoy o no tenemos a ese hombre o sus palabras, aun si poseyera tan lucientes prendas, sirven únicamente para exacerbar los ánimos y encender las hogueras de la furia de los unos en contra de los otros.
Dos cosas no se habían visto de tal dimensión en estos casi dos años del gobierno de la Cuarta Transformación.
Una, la curiosidad o el interés por escuchar un mensaje presidencial, en los tiempos de la epidemia y, dos, un desencanto publicado de tan enorme magnitud. Obviamente se desencantaron quienes no participaban del encanto, pero el tono y la furia de la respuesta o el comentario, me parece superlativo.
Me parece tan excesivo como el alegre pronóstico de terminar con la epidemia, no se sabe cuando ni cómo, tal si para ello se requiriera nada más la voluntad y la imaginaria fuerza de nuestra cultura y resistencia ante la adversidad, y no tuviera beneficio más allá de salir a las plazas a darnos besos y abrazos, como si con la cercanía de los cuerpos se resolviera algún problema. Al contrario, se alza la curva de nacimientos en un país de excesiva demografía.
Pero el Señor Presidente insiste:
“…Consideramos que pronto se va a reactivar la economía. Es un nuevo modelo, no podemos seguir con lo mismo porque sería, entre otras cosas, un absurdo. El coronavirus lo que precipitó fue el derrumbe del modelo neoliberal en el mundo, eso ya no funciona, es otra realidad…”
Este párrafo de la conferencia matutina es muy importante porque desliza o exhibe la naturaleza de las acciones presidenciales en cuanto a la crisis. Quizá en estas palabras se explique lo del anillo al dedo y la alegría por encontrarse ante una buena y venturosa oportunidad.
¿Oportunidad para qué? Para instalar una nueva ideología.
El derrumbe del modelo neoliberal hace suponer una rápida sustitución del capitalismo contemporáneo. Frente a él, nuestro Señor Presidente le entrega al mundo un nuevo modelo de gestión de los asuntos públicos y la economía, el más público de los asuntos.
“…cuesta trabajo entenderlo, pero esta es la vía mexicana, es enfrentar las crisis con inversión pública para el desarrollo y el bienestar del pueblo, primero.
“Segundo, buscar el pleno empleo.
“Tercero, honestidad y austeridad republicana. Esa es la fórmula…”
Y ante ese nuevo enfoque para todo y para todas las cosas, el Señor Presidente habla hasta de las posibilidades de exportación de “la vía mexicana”.
“…Nosotros estamos pensando incluso, estamos pensando que va a ser un modelo a seguir… Para otros países, porque lo que estoy viendo es que se está derrumbando el modelo neoliberal, porque eso es lo que está pasando, o sea, el coronavirus precipitó la caída de un modelo fallido, por eso la crisis mundial en todo sentido.
“No es posible que afecte tanto una pandemia en lo económico, en lo social, porque afecta más de la cuenta una pandemia así, porque… se dejó de invertir en lo social, se privatizó la salud. Hay países que no tienen servicios públicos para la población, a ellos les pega más…”
En estas palabras se encuentra también la clave para un éxito futuro. Si el modelo neoliberal fue un fracaso, nadie garantiza el éxito (nunca logrado) de un modelo de subsidio a la pobreza, mientras se le retiran estímulos al dinero productivo.
La dádiva populista sólo produce gratitud gástrica (y a veces ni eso). Los planes de becas, siembra de papayos, atención al desvalido, enfermo o jodido, forman una plausible política social, pero no son una política económica cuyo trípode debe ser producción, producción y más producción en un ámbito de libertad comercial.
Y hay tanta conciencia de este experimento, como para decir:
“…Sí, claro (¿podría rectificar si no resulta?). Este es un método que siempre aplicamos, vamos corrigiendo, tenemos capacidad para rectificar, no caemos en la autocomplacencia, más cuando está de por medio el interés general, pero nosotros estamos optimistas y pensamos que esto es lo más conveniente…”
La desgracia actual en México es la cantidad de millones ciegos frente a su existencia.
El resto de esa tragedia en la cual vivimos, independientemente de los confinamientos por una epidemia mal catalogada, con cifras inciertas e instituciones rebasadas desde el principio, es la división ya insuperable de los eternos dos bandos irreconciliables.
La espiral descendente en casi todo, es visto como un punto de vista político y como el preludio de un cataclismo inminente. El régimen ha encontrado una vacuna contra las opiniones críticas: la verborrea interminable, el diagnóstico repetitivo y la canonización de su propia imagen. Es el despeñadero sin peña.
Alguien ha dicho, para el gobierno la inteligencia y la verdad, son adversarios políticos. Enemigos, para decirlo con la palabra exacta.
En estos días, cuando el Presidente de la República utiliza el púlpito para recrear las palabras del Papa Francisco, he encontrado una frase cuyo contenido estremece. Se la debo a Claudio Magris (Utopía y desencanto):
“…fracasa al final, porque, en lugar de dirigirse hacia el porvenir, se demora entre los escombros de mundos declinados, entre las reliquias del espíritu del pasado y el sueño del paraíso perdido, de ente todos los sueños, el peor o el más mortífero…”
Hoy los mexicanos vivimos una administración autocrática, cuyos pies, de barro, ni siquiera se asientan en el suelo firme. Somos tan descuidados, tan improvisados y de tan escasa calidad, como para aceptar esto sin protestar o por lo menos morir de risa.
“El reportero Richard Ensor, corresponsal para "The Economist", publicó una entrevista con López-Gatell titulada " una charla con el zar del Coronavirus en México, en la que el funcionario dice que “México le vendió una gran cantidad de mascarillas a China en febrero, y ahora le compran las mismas mascarillas a 30 veces su costo...
"…En retrospectiva --dice LG en su plática-- , tal vez debimos haberlo hecho (distribuirlas aquí). No lo hicimos. No hubo una consideración como 'tenemos que hacerlo' y, de hecho, China tenía la necesidad, China tenía el poder, es decir, de localizar los suministros…”
“…Agregó que haber detenido la venta de mascarillas habría implicado tomar decisiones extremadamente disruptivas (como las de ahora) como haber declarado un estado de emergencia (como el de ahora) en México por el COVID-19, entonces…”
Además de esta lógica de “científico bananero”, López Gatell revela los motivos de la pérdida de tiempo: rechazar las medidas “extremadamente disruptivas”, lo cual ocurrió tarde, cuando pudo haber sido antes.
Este solo episodio exhibe la falta de criterio o la aplicación de criterios equivocados en la administración de la medicina pública en este país. ¿A quien se le ocurren estas sandeces? No lo se, pero esto dice el presidente:
“…Bueno, lo primero, sí, está llegando equipo, material médico de China. Le agradecemos mucho al gobierno de China porque nos ha dado facilidades para adquirir equipos que no se tenían, sobre todo de protección al personal de salud…”
Bendito sea Dios.
Otro “ejemplo banana”, guarda relación con la ciudad de México.
Hoy hay cientos de personas de la Tercera (o la cuarta) edad impedidas de recibir consultas médicas o atenderse en sus domicilios. Para ellos se hizo el más exitoso programa de salud pública en la historia de la capital, reconocido hasta por las Naciones Unidas y replicado por lo menos en 18 grande ciudades del mundo: El médico en tu casa.
La primera acción de la nueva secretaría de Salud, fue suprimirlo. ¿Por qué? Porque opacaba el neo asistencialismo de la 4-T, el cual no fue siquiera tan hábil para apropiárselo.
Y en esas condiciones sólo florecen dos cosas en este país: el encono y la curva de los contagios y muertes por el virus, mientras la más eficaz de las pol
íticas públicas es guardar a los ciudadanos en su casas, sin exámenes de contagio suficientes. De ese modo se aísla todo, menos los virus.
Y otra cosa en crecimiento geométrico es el encono: el Consejo Coordinador Empresarial ya riñe con sus representados y le echa en cara al Presidente haberles estrellado la puerta en la nariz (¿pero qué tal cuando los tamalitos extorsionadores?), sordo e indiferente a sus propuestas y solicitudes, mediante la falsa siembra de una idea mentirosa: quieren repetir el Fobaproa.
Justificar la desatención con la condena de indebidos rescates del pasado, es una forma cínica de darle la vuelta a las cosas. Algo típico de su tradición.