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DESDE ULTRAMAR

COVID-19, la ONU y la OMS

jueves 30 de abril de 2020, 20:29h
Cuántas efemérides se juntan estos días de finales de abril. El pasado día 25 se verificó el setenta y cinco aniversario del inicio de la trascendental y definitoria conferencia de San Francisco, que reunió a los aliados a días de la derrota y la rendición de Alemania y abrió las negociaciones de la diplomacia de la Posguerra que enderezaron sus encomiables esfuerzos hacia la paz nuclear que ha prevalecido y a fundar las Naciones Unidas, de la que México fue parte desde el primer día. Su resultado inmediato fue la Carta de San Francisco, precisamente. Y encima conmemoramos el 75 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa.

El organismo es el heredero de la Sociedad de las Naciones, que este año ha cumplido su centenario desde que el ominoso Tratado de Versalles la fundara. Aquel instrumento que sonroja a cualquier estudioso de la historia diplomática y que hoy nadie puede negar que fue oprobioso, abusivo, sentó el carácter permanente de aquella, que fue la primera en su género, sin precedentes y por lo tanto, teniendo todo por aprender; y que poseía una agenda tan cortita en sus alcances y objetivos–mantener la paz a toda costa– que así se quedó y fracasó rotundamente al estallar la Segunda Guerra Mundial. Su misión era según las altas partes contratantes, evitar la guerra y cesó sus funciones en definitiva al concluir aquella conflagración del 39 al 45.

La Sociedad de las Naciones –o Liga, según quién traduzca– que considero que es un tema todavía no del todo estudiado profunda y profusamente -–hay intentos loables, pero aún se quedan cortos– fue importante, después de todo. Acaso merezca justipreciarse su existencia, pero, claro, los resultados obtenidos de su gestión por 26 años, dejaron mucho qué desear. El lenguaje paternalista, racista, de conmiseración y de vana superioridad utilizado por los redactores de Versalles hacia los pueblos no europeos, con una mirada ya bastante trasnochada en su día, es de vergüenza. Fue un mal comienzo. Europa no estaba para dar lecciones civilizatorias después de su salvaje carnicería evidenciada entre 1914 y 1918.

Con todo, el esfuerzo ahí quedó. México ingresó tardíamente (1931), luego de sortear el aislamiento diplomático contra él producido por la Revolución Mexicana, y desde esa palestra fue el único país que se opuso a la anexión de Austria por parte de Alemania (1938). La postura de Lázaro Cárdenas será acorde con la de picarle un ojo a Franco, el cómplice de Hitler, acogiendo en México al gobierno de la segunda república española en el exilio. Confrontó a ambos, opuestos a sí.

Y la ONU, lo he expresado en ocasiones anteriores, llegó con una agenda que no desiste, que se ha ampliado y complicado. Que no se limita a gestos tales como ondear su bandera a media asta en su sede central de Nueva York, en estos tempos de crisis o desaliento o al escándalo tejido en torno a la OMS en medio de las acusaciones de EE.UU., los dimes y diretes entre China y Estados Unidos sobre cuál de los dos inventó el COVID-19, y que me llevan no a romper una lanza por la OMS mientras averiguamos si se calló lo sabido, pero tampoco a comprar ciegamente las palabras yanquis solo por serlo ni a hacerle el juego a las potencias que gustan de coger como balón a ese y a los demás organismos de la ONU y a ella en su conjunto. La salud mundial es parte de su agenda y la OMS su brazo ejecutor, tan contrario en estos momentos al negocio que representa esta enfermedad asesina. Su importancia tampoco puede quedar hipotecada por lo que aquellos países decidan. Y donde digo países, digo sus intereses farmacéuticos y geopolíticos. El mundo no debe de ser rehén de esas mezquindades.

No adelantaré juicios sobre quién fabricó el bicho o si los chinos ya sabían, solo porque el gobierno yanqui lo asevera acusando a China de mentirosa, que para eso de mentir también ya han dado tantas muestras de deshonestidad, que mejor aconsejan ser cautos en secundarlos y en adelantar veredictos. Para que nadie se lleve chascos como el de las armas de destrucción masiva inexistentes en Iraq. Fue tan bochornoso saberlo, para vergüenza de los que se tragaron el cuento.

Retirar apoyo a la OMS es deplorable. De un oportunismo deleznable. Después de todo Trump se ha salido de otros acuerdos, ha negado ayudas, ha alardeado de prepotencia. Nada nuevo. Allá él, es su derecho. El mío es no aplaudirlo y decirle: sus manotazos y refunfuños no me dejan boquiabierto. Y no me hacen falta. Su país no es precisamente un ejemplo loable de combate y prevención del coronavirus y mucho que lo lamento. Y sí, en una de esas no sea que tal vez solo viva un efecto bumerán. También ya lo he expresado. Porque abundan los rumores, las conjeturas, las suposiciones, las presunciones y las elucubraciones, en un sentido y en otro, en ambas direcciones, de Pekín a Washington y viceversa y en medio, todos nosotros. Y las yanquis de sobra sabemos que no son las únicas apuestas valederas para desentrañar la verdad. Que no se adornen.

En tanto, sugiero que nadie olvide el papel de la OMS. Su papel rector, su misión protectora e impulsora de la salud mundial, que sus consejas en torno al coronavirus no han sido equivocas. De momento, que nadie se equivoque en sus valoraciones. La OMS como principal órgano rector de la salud mundial ha cumplido un papel destacado. Y su cautela también destaca, si se tratara de resaltarle cosas.

Por último, pongo el acento en dos temas: el primero aborda que propuso el presidente de México López Obrador al G20, impulsar una moción para que las potencias no se agandallen, no se avoracen, no se avalancen sobre medicamentos y equipos médicos privando al resto de países de la oportunidad de acceder a ellos. De salvarse, diría yo. Me resulta loable la iniciativa del mandatario mexicano. La Humanidad toda, merece sobrevivir a esta pandemia. No llegó López Obrador con alforjas repletas de plata mexicana para abrir los ojos y despertar conciencias generando así, las simpatías necesarias a su manifiesto. No. Simplemente, lanzó la propuesta, apeló a la razón y ella fue aprobada el 21 de abril por la ONU, con el apoyo final de 179 países y sí, con el apoyo yanqui. Qué bien si en algo ayuda, máxime que nadie tiene hasta hoy la vacuna, por el momento ni sus luces y que se sepa. Que la oportunidad del beneficio sea para todos.

Lo segundo: si la ONU es la administradora de los suplementos y equipos necesarios y se respetan sus directrices, podemos estar ciertos de que la distribución de cualquier ayuda y paliativo, será justa. Y el día que haya vacuna, todas las naciones podrán obtenerla sin reparos. Otra entidad o país rector de esa distribución que no sea la ONU, la compromete y me hace dudar de un acceso justo y para todos. A México o a España les conviene la moción mexicana. Y al resto del mundo. Dadas las circunstancias actuales. Y no lo olvide, ONU ha dicho requerir de 2 mil millones dólares para atender la emergencia, más 350 millones adicionales. Así que tampoco la tiene fácil frente a esta pandemia.
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