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TRIBUNA

Date el piro, virus

jueves 30 de abril de 2020, 20:37h
“Hit the road jack” (1961) es una canción que hizo famosa Ray Charles y el cuarteto femenino The Raelettes que en forma de dialogo cuenta la historia de jack, un madero a quien su novia echa de casa porque no tiene un duro. Así de claro y así de duro. Tan duro como pasar una epidemia sin tener un duro.

Jack se da cuenta, aunque no se lo pueda creer (what you say?), que se tiene que largar y aunque le dice a ella que no le trate así, tan rudimentariamente igamos, sabe que ya puede coger el petate y pirarse porque entiende claramente que ella es quien manda allí y que no quiere mantener un parásito ya sea microscópico o de tamaño natural.

La canción se caracteriza por un trifelio, o sea por la repetición que hace el coro del estribillo [nomo, nomo, nomo] o sea “no more, no more, no more” que a base de decirlo seguido parece que es al revés y que lo que están diciendo es “mono, mono, mono”. Lo mismo que pasa con el trabalenguas infantil “monja, monja, monja” que parece que dices “jamón, jamón, jamón”. Es decir, que lo que cuenta en la canción es el estribillo, pues la letra solo tiene cinco versos, aunque eso
sí, llenos de colorido social, aparte de la dicción tan fatal, y dice así:

estribillo
Hit the road, Jack and don't you come back no more
No more, no more, no more
Hit the road, Jack and don't you come back no more
jack
What you say?

Luego vienen los versos:

verso 1
Oh, woman, don't treat me so mean
You're the meanest old woman that I've ever seen

verso 2
Now listen, baby, don't you treat me this way
Cause I'll be back on my feet some day

En ambos casos, tras la implacable respuesta del coro, añade jack:

verso 3
I guess if you said so
I'd have to pack my things and go

Finalmente el coro sentencia:

verso 5
Don't care if you do 'cause it's understood
You ain't got no money you just ain't no good

Hasta aquí lo anecdótico, ahora viene lo simbólico:

“Hit the road jack” es la canción que suena en el restaurante de una gasolinera en la película de culto de carretera “Two lane blacktop” (1971) donde los protagonistas eran después de haber salido del estado de California y entrado en el estado de Arizona.

“El conductor” y “el mecánico” viajan sin decir prácticamente esta boca es mía con la cámara instalada en el asiento de atrás del coche, con lo que uno se puede hacer una idea de lo que se ve en la pantalla a lo largo de casi toda la película: dos tíos de espaldas y una carretera interminable en medio de un desierto.

El viejo Chevrolet 150 lleva un motor arreglado muy potente con el que echan carreras de apuestas por el camino. Circulan por la carretera 66/US (la madre de todas las carreteras) solo que al revés de la mítica ruta original y por el camino van subiendo y bajando diferentes personajes. Su objetivo, acordado con un farsante con el que se juegan el coche, es llegar a Washington DC.

En la película el viaje quedó sin terminar, no sabemos si llegarán o no llegarán porque tiene un final brutal: se quema el celuloide y no se ve más. El espectador, pasmado, al cabo de un rato tiene que reconocer que es que la película se ha acabado y se tiene que levantar de su butaca y marchar; pero la historia no ha acabado, la historia no se acaba, el viaje de vuelta hacia los principios que aquella generación emprendió ¿quién ha dicho que se ha acabado? Con el coronavirus hemos entrado en otro estado, pero el viaje, jack, no ha terminado.

Juan Carlos Barros

Abogado, consultor europeo y periodista

JUAN CARLOS BARROS es abogado, consultor europeo y periodista

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