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ESCRITO AL RASO

Cogidos en flagrante pandemia

lunes 04 de mayo de 2020, 20:12h

Nos ha bastado con echar un ojo a la prensa extranjera del domingo y el lunes para enterarnos de que España se ha convertido en capital de la pandemia mundial. Que estaba bien para venir a comer paella y a tostarse la playa, que para eso estaba genial, pero que, a partir de ahora, la hostelería va a ser como una desescalada hacia la pensión de la posguerra o incluso galdosiana, pero con límite de hospedaje. Todo el mundo ya sabe cocinar.

The Daily Mail, The Guardian, la BBC, CNN y hasta Al Jazeera nos sacan en portada como ejemplo mortuorio del “spain coronavirus”, cuando todo el mundo sabe que esta peste viene de China; el caso es que se habla ya del capitalismo de la pospandemia, con un plan de rescate previsto por la Comisión Europea que supera los tres billones de euros. Jacques de Laroisière, ex director general del FMI y ex presidente del Grupo de Alto Nivel, ha elaborado un documento, Reflexiones sobre la salud y la crisis financiera, en el que asegura que estos créditos pasarán a ser deudas a medio plazo, con lo que los Tesoros –los estados– se convertirían a renglón seguido en inversores de capital. Nadie parece haber previsto el nuevo rumbo económico, mientras en el congreso se discuten cuestiones “mayores”, como las ofensas y las infamias vertidas, unos contra otros, o la ontología del aplauso, en estos días felices de pandemia en los que sus señorías andan siempre sacándose la espada. El Banco de España, eso sí, ha sacado pecho al anunciar hoy el gobernador Hernández de Cos que puede liberar –de momento– 92.900 millones de euros a manera de colchón… pero que luego, si no salimos de la recesión, va a ser para echarse a temblar. De manera que siempre corres el peligro de que te pille el toro de la economía (el de Wall Street y el de las Ventas, claro).

Ya nadie quiere invertir en la España pandémica, cuyo silencio solo es roto por la taladradora del operario –mano de obra barata– o el remachador de vigas, ya que aquí se le ha seguido dando al martillo, entre coronavirus, porque se supone que habrá negocio inmobiliario, no se sabe cuándo. Con bizarría y arrojo torero, las familias andan por las calles paseando a la chavalería, mientras los bancos principales hablan de recortes de personal y los autónomos de que no hay café para todos. Llegan los impuestos, porque aquí a nadie le ha condonado Montero el pago al fisco. España es pálido reflejo de sí misma, salvo sus “runners” en el madrileño Buen Retiro, que han salido a correr y a estorbarse. A nosotros nos alegra muchísimo que los “sportivos” del país elijan estos días para jugarse la salud, porque algo nos dejan a los demás, las tímidas librerías, por ejemplo, que ya despliegan sus lonas y puestos, como antiguamente.

A Julio Iglesias le ha sustituido Fernando Simón como imagen de España en el mundo, el rey de las mañanas, caducos y lejanos ya los tiempos de Grisos y Anarosas, y con más vueltas que una ruleta del Casino de Madrid. España es la nueva y gran enferma internacional del virus rápido, fuerte y mortal. Y entre los millonarios extranjeros y cocainómanos, incluso aquellos que se las prometían de retiro dorado en nuestra patria, ponen sus trillones ya en otras partes, porque esto les va a parecer demasiado tercermundista, dicen. Adiós al turista financiero por un tiempo, que venía del brazo de un reato de suecas y pecados. Si acaso los chinos, que parece que les va muy bien y arriesgan sobre seguro, como es la inversión en un país hecho unos zorros. Si el pequeño empresario vivía de los bares, de la juerga y del derroche del personal, el terraceo y la fiesta, como en tiempos de Hemingway y Manolete, resulta que nos habíamos modernizado del todo, porque la gente anda con la lágrima con sus tascas y negocios al retortero, duelos y quebrantos. Porque allí es donde los paisanos se gastaban sus liquideces diarias.

Total, que nos hemos dado cuenta de que nos han cogido en flagrante pandemia y de que esto, por mucho que nos pongamos, no era Europa, donde todos están en la cama a las ocho. O recogidos, como dice mi madre. La quiebra económica, que es paisaje tan nuestro, vuelve a ser nuestra marca en el mundo. ¡Olé!

Twitter: @dfarranz

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