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TRIBUNA

El pacto con el PSOE es un espejismo

viernes 08 de mayo de 2020, 17:08h

El Gobierno de la Nación presidido por Pedro Sánchez ha realizado una mala gestión de la crisis provocada por la pandemia del covid-19, tanto desde el punto de vista sanitario, como económico. Reaccionó tarde a las advertencias internacionales, lo apostó todo a una sola estrategia, la del confinamiento, desechó la realización de test masivos y el estudio de su trazabilidad, decretó el mando único, y realizó compras de material de protección a través de intermediarios de dudosa profesionalidad que terminaron siendo, en muchos casos ,un fracaso.

Todo ello lo hizo desde la mas absoluta unilateralidad que consideraba le otorgaba el mando único, sin dialogar de manera leal y sincera con los partidos de la oposición o con las comunidades autónomas.

Plenamente consciente de la absoluta ineficacia de su labor y del rechazo a su gestión , por parte de la mayoría de los españoles, Pedro Sánchez, mandó a sus barones que ofreciesen un pacto para la “reconstrucción” en las comunidades autónomas. El objetivo es difuminar responsabilidades. Eso sí, el Partido Socialista ofrece un pacto en las regiones, pero al mismo tiempo promueve el mensaje de que no existe alternativa a sus planes. O su modelo o el caos, un “trágala” inaceptable a imponer a través de los correspondientes chantajes emocionales.

Sin duda, la palabra pacto para algunos puede tener efectos taumatúrgicos, y su invocación parece algo necesario e irrechazable. Hablar y dialogar es un instrumento necesario e imprescindible en democracia, pero el pacto no puede ser un objetivo o un fin en sí mismo, sino un medio para llegar a un resultado. Lo importante no es el pacto, sino lo que se pacta.

Hay quienes creen que sólo ellos son conscientes de la realidad, o son capaces de ver que hay una pandemia que implica un necesario cambio de paradigma político. Pero el mundo no acaba de crearse. La historia existe y está llena de episodios dramáticos y terribles. No es la primera vez que la gente sufre, muere, cumple de manera ejemplar un confinamiento o lleva mascarillas. Y en esos episodios, tal y como reconoció Pablo Iglesias, la izquierda tiende a “politizar el dolor para imponer un cambio de realidad”.

Pero, más allá de juicios de intenciones, si se quiere llegar a un pacto, lo primero es poner encima de la mesa, los principios, los criterios y las líneas maestras sobre las que acordar. ¿Qué proponen de manera específica quienes dicen defender un pacto? Personalmente me resulta difícil ver el alcance y la viabilidad de un pacto global con el Partido Socialista, y no digamos con la izquierda comunista y bolivariana de Podemos y Mas Madrid. Al menos tengo tres motivos:

1. La propia intención y terminología del pacto resulta el primer obstáculo. Hablar de “ nueva normalidad” o de “pacto para la reconstrucción” no es algo casual o inicuo. Se trata de completar la estrategia de Sánchez de convertir la desastrosa gestión de una pandemia, en una guerra tradicional ante la cual solo cabe el mando único indiscutible y la adhesión inquebrantable. Así, las consecuencias sanitarias, económicas y personales de la crisis, no tiene responsables, son la situación lógica e inevitable de la guerra. Sin embargo, más allá de los recursos dialecticos, esta crisis no proviene de una guerra. Estamos en una pandemia en la que ha habido, por desgracia muchos fallecidos, mas de los que hubiese habido con la anticipación del confinamiento, pero no hay escombros. No hay edificios derruidos, ni puentes en ruinas. Ha habido un cierre empresarial decretado por el gobierno de la Nación. Por lo tanto, no estamos ante un escenario de reconstrucción, sino de recuperación.

2. Las condiciones y límites para la reapertura de la economía y para el desconfinamiento progresivo de la población, así como los requisitos sanitarios que hay que cumplir en cada fase, que sin duda es lo mas importante en este escenario de crisis, ya han sido aprobados por el gobierno de la Nación, a través de su “Plan de transición hacia la Nueva Normalidad”. Es decir ,aspectos básicos y esenciales del proceso de “desescalada” ya vienen impuestos a la Comunidad de Madrid sin acuerdo y sin pacto.

3. Por lo tanto, lo que queda para la Comunidad de Madrid es gestionar , dentro de sus competencias, la recesión y sus consecuencias. La brutal caída del PIB y del incremento del desempleo actuales nos traslada a dos momentos muy concretos de la historia: la Gran Depresión de los años 30 en Estados Unidos y la reconstrucción -esta sí- alemana después de la Segunda Guerra Mundial. En ambos casos la situación económica era dramática, pero se diferencian por la manera y el éxito que tuvieron las dos distintas formas de afrontarla.

Durante la Gran Depresión, primero con Hoover y después con Roosevelt, desde el primer momento de la crisis en 1929, la política norteamericana consistió en subir impuestos, establecer aranceles, controlar precios, regular salarios y producción, incrementar el gasto y la deuda públicos. El resultado, a pesar del falaz mito sobre el “New Deal”, fue que la depresión duró 12 años, desde 1929 hasta 1941.Incluso hubo en 1937 una depresión dentro de la depresión. Tal y como reconoció Henry Morgenthau, que fue Secretario del Tesoro de la Administración Roosevelt: “Hemos intentado gastar dinero. Hemos gastado más de lo que nunca se había gastado antes y no funciona…Nunca cumplimos nuestras promesas…Tras ocho años de esta Administración tenemos tanto desempleo como al principio…y una enorme deuda que devolver”.

En Alemania, sin embargo, bajo de liderazgo de Ludwing Edhard, a partir de 1948 se puso en marcha una profunda agenda reformista que fue en dirección contraria al intervencionismo. Se creó una nueva divisa, que redujo la masa monetaria preexistente un 90%, se eliminó el control de precios y de producción, se bajaron impuestos, y se liberalizó la economía en general . Se estableció una moral de trabajo duro y ahorro. No gastar más de lo que se ingresa. El resultado fue el conocido “milagro económico alemán”. Y aunque algunos quieran poner el acento en el Plan Marshall como principal causa del crecimiento alemán, la realidad es que este plan, aunque importante, tuvo una influencia muy limitada en el crecimiento alemán. De hecho, representó menos del 5% de los ingresos de Alemania y supuso un nivel de ayuda mucho menor que el que recibió, por ejemplo, Gran Bretaña. Sin embargo, la economía británica, dirigida por el laborista Attlee, no tuvo, ni de lejos, el mismo éxito que la alemana.

A pesar de lo contundente de la historia económica, la izquierda y el Partido Socialista, inasequibles al desaliento, contumaces en su dogmatismo, siguen defendiendo, en esta caso para que España se recupere, la intervención en la economía y el control de precios. Su intención de subir y crear mas impuestos no la ocultan, como tampoco su intención de crear rentas básicas para todo el mundo, incrementar el peso del sector y del gasto público. Mas déficit y mas deuda es una vocación irrenunciable.

Esto es precisamente lo que está en cuestión. El debate sobre un posible pacto se limita a esto. Son dos modelos irreconciliables que son antagónicos sobre todo en sus resultados. Por eso, hablar de pactos para la reconstrucción con el Partido Socialista es un espejismo.

Pedro Muñoz Abrines

Portavoz Adjunto del Grupo Popular en la Asamblea de Madrid

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