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En la FRONTERA

"La Iglesia ha estado confinada, pero no parada"

domingo 10 de mayo de 2020, 20:00h

Estas palabras del cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona y Presidente de la Conferencia Episcopal Española ha definido claramente la posición de la Iglesia en nuestro país, durante una conferencia “online” organizada por Nueva Economía Fórum este pasado viernes, en la que también estuvieron presentes el arzobispo de Madrid, el cardenal Carlos Osoro, y el presidente de Cáritas, Manuel Bretón.

Omella, que tiene la gran virtud de hablar muy claro, añadió en su intervención que la “Iglesia tiene dos manos para trabajar: una con los pobres más cercanos a través de Cáritas y otra, con los más lejanos, a través de Manos Unidas”. “También, dijo, hemos entrado a través del streaming en todos los lugares, llevando a muchas casas la liturgia y la catequesis y hemos mostrado la caridad en los hospitales, sin parar de trabajar”.

Es decir, que la Iglesia no se ha estado parada, como han sugerido algunos, incluso desde dentro de la misma institución.. Tal vez por eso ha sido muy necesaria y oportuna la aparición conjunta de Omella y Osoro, Presidente y Vicepresidente de la CEE, respectivamente, que se repartieron un poco los papeles en esta conferencia virtual, ya que ambos coincidieron en que “para salir de esta crisis sanitaria, cultural, social y económica hace falta unión en la política española. En este sentido, el cardenal Omella ha apelado a un pacto entre todos los partidos políticos, los agentes que intervienen en la construcción de la sociedad y las instituciones españolas”.

Un llamamiento que no puede ser echado en saco roto, pues todos somos corresponsables para llegar al alivio de esta crisis. Una crisis de la que ha querido escribir el mismo Cardenal Omella un importante, creo, artículo que publica en Religión Digital y en el que el Presidente de la Conferencia Episcopal Española se pregunta:”¿Por qué Dios permite esta pandemia?”. “ Una cuestión que, según Omella, le persiguió durante varios días. Fue entonces cuando acudí a la sabiduría de nuestra santa madre Iglesia. El magisterio establece una distinción entre el mal físico y el mal moral. El primero deriva de la naturaleza —va desde los cataclismos hasta las enfermedades y la muerte— y el segundo es aquel que los hombres provocamos con nuestra conducta: guerras, opresión, etc. Mientras el mal físico es una consecuencia de la finitud de la creación y de nuestro cuerpo, el mal moral es una consecuencia del abuso que hacemos de la libertad”.

Omella, en su artículo nos dice que ”esta crisis global nos sitúa a todos en el mismo nivel. La enfermedad nos ha igualado. Todos somos ciudadanos del mundo, todos somos vulnerables. Este mal global puede convertirse, paradójicamente, en el acicate que hermane a toda la humanidad”.

Estamos con una Iglesia en marcha, que no está parada, insisto a pesar de las insinuaciones más o menos veladas de algunos, a los que me gustaría recordar que “la Iglesia somos todos”.

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