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Novela

Olga Merino: La forastera

lunes 11 de mayo de 2020, 00:00h
Olga Merino: La forastera

Alfaguara. Barcelona, 2020. 233 páginas. 17 €. Libro electrónico: 6, 99 €.

Por Luisa Martínez

La última novela de la escritora y periodista barcelonesa Olga Merino, La forastera, se publicita como “un wéstern contemporáneo en el territorio áspero de una España olvidada”. Sin dejar de tener ciertos componentes de una historia del oeste, con una protagonista que confía en su “vieja Sarasqueta del calibre doce”, La forastera sería más una historia rural, sí, de esa España olvidada, y también profunda, por donde se mueven personajes como capataces, terratenientes y trabajadores temporeros, que vienen a nuestro país en busca de un futuro mejor, pero que, luego, no encuentran aquí en muchas ocasiones

Pero más allá de cómo califiquemos esta obra de Olga Merino, autora asimismo de las novelas Cenizas rojas -inspirada en su experiencia como corresponsal en Moscú durante la década de los noventa del pasado siglo-, Espuelas de plata, Perros que ladran en el sótano, y Las normas son las normas, estamos ante una trama que se sigue con interés y sobre todo ante un personaje conseguido, como es Ángela/Angie, quien ejerce de narradora.

Angie, ya traspasados los cincuenta, regresa a la casa de sus padres en un pueblo que se adivina del sur español. Atrás quedó una vida juvenil tumultuosa en el Londres de Margaret Thatcher , donde trabaja como modelo para un pintor con el que también mantiene una relación sentimental. Ahora, necesita un cierto sosiego, aunque, nos confiesa, “llegue aquí buscando el silencio y, sin embargo, es en medio de esta calma, en los momentos de plenitud cuando más extraño la vida en Londres, el bullicio de las calles, la energía de la juventud, las oportunidades que dejé pasar, el movimiento incesante que subía y bajaba dejándote siempre en el mismo sitio. ¿En qué malgasté mi vida? ¿De qué iba huyendo?”

Así, le asaltan los recuerdos de su vida en la capital británica mientras que debe hacer frente a muchos en el pueblo que no la ven precisamente con buenos ojos y lo creen loca, “me llaman la chalada de la casona”, por vivir apartada, con frecuentes visitas al cementerio, y con la única compañía de sus perros. Y a las mellizas las Jaldonas, que quieren echarla de su casa, después de quedarse como herederas de las tierras, tras la muerte de su hermano, el terrateniente don Julián. Don Julián aparece colgado de un nogal y Ángela recuerda otros suicidios en la comarca.

Olga Merino ha revelado que “durante mucho tiempo me obsesionó la idea del suicidio recurrente que estremece a ciertas familias, como los Hemingway o los Mann. ¿Por qué esa maldición? Un amigo mío aguardó a cumplir la edad en que su padre se había suicidado para quitarse él también la vida”. No obstante, aclara que no se trata de una novela sobre el suicidio sino “una exaltación de la existencia”. Y, ciertamente, se apuesta por la resistencia como hace el personaje de Angie que no sucumbe a la llamada del suicidio.

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