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Novela

Annie Ernaux: El lugar

lunes 11 de mayo de 2020, 00:02h
Annie Ernaux: El lugar

Traducción de Nahir Gutiérez Tusquets. Barcelona, 2020. 112 páginas. 17 €. Libro electrónico: 8, 99 €.

Por Federico Aguilar

“Hice los exámenes prácticos de aptitud pedagógica en un instituto de Lyon, por la zona de la Croix-Rousse. Un instituto nuevo, con plantas en la parte reservada a la administración y al cuerpo docente, y una biblioteca con el suelo enmoquetado de color arena. Allí esperé a que vinieran a buscarme para dar mi clase, objeto del examen, ante el inspector y dos asesores, profesores de letras muy reputados”. Así comienza El lugar, la novela de Annie Ernaux (Normandía, 1940) que tras una primera edición en español hace unos años, ahora recupera Tusquets, el mismo sello que la puso a nuestro alcance, con honores de estreno. Y, sin duda, esta obra de la escritora francesa merece que nuevos lectores puedan disfrutarla.

Al publicar originariamente en su país El lugar, en 1983, Annie Ernaux ya había comenzado su carrera literaria, que ha compaginado con su profesión como profesora. Pero fue con El lugar, con la que consiguió hacerse un hueco definitivo en el mundo de las letras, obteniendo con ella el prestigioso premio Renaudot, un galardón que no ha sido el único, alzándose en 2019 con el Premio Formentor al conjunto de su obra.

El lugar es el título perfecto para adentrarnos en una autora que le da un toque personal a la autoficción, como comprobamos en esta novela. Se nos narra aquí, tras la muerte del padre de la protagonista, acaecida dos meses después de su examen para la plaza de profesora, que obtiene, la vida de su familia, de origen campesino y muy humilde, que regenta una tienda-bar. Llegar a ser propietarios de un pequeño comercio en una ciudad de provincias le supuso a sus progenitores un enorme esfuerzo y muchas dificultades a sortear, por lo que, pese a que la relación con su padre no era precisamente perfecta, la novela encierra un reconocimiento a su familia.

El humilde ascenso social de sus padres le permite a ella estudiar en la universidad, formarse intelectualmente, y lograr “un lugar” mucho más alto, convirtiéndose en profesora. Algo que le satisface, pero también no deja de producirle un cierto sentido de culpa por el desclasamiento: “De pronto, pensé con estupor: «Ahora sí que soy una auténtica burguesa» y «Es demasiado tarde». Después, en el transcurso del verano, mientras esperaba mi primer empleo, pensé: «Tendré que contar todo esto». Quería hablar, escribir sobre mi padre, sobre su vida, y esa distancia que surgió entre él y yo durante mi adolescencia. Una distancia de clase, pero especial, que no tenía nombre. Como el amor dividido”.

Annie Ernaux nos sirve la historia con un estilo directo, sencillo, y alejado de sentimentalismos.

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