Claves del conflicto ruso-georgiano
martes 19 de agosto de 2008, 22:00h
El anuncio realizado por la cancillería rusa sobre la retirada de sus tropas de Georgia, como muchos suponían, no acaba de materializarse sobre el terreno. Un portavoz militar del Kremlin ya dejaba entrever que tal retirada seguiría los tiempos que Moscú considerase oportunos, al afirmar que una retirada militar precisa de un entramado logístico que requiere su tiempo. Cierto. Pero también es verdad que, si bien una maquinaria militar como la rusa tarda en moverse, hay detalles y percepciones que dejan a las claras la postura de un país. Que le pregunten sino a Zapatero, quien se apresuró a retirar las tropas españolas de Irak al poco de ganar las elecciones. Y nadie preguntó cuánto tardarían en salir de allí, porque estaba claro que lo harían a la mayor brevedad posible. Si entonces el uno salió tan rápido que no acertó a prevenir y a pactarlo con sus aliados, parece que ahora los otros van tan lentos como para alarmar hasta al señor Zapatero -tan dispuesto siempre a dar un plus de legitimidad a quien se enfrente con los EE.UU.
El caso es que Rusia en Georgia no da la impresión de apresurar su retirada. No son, tampoco, las declaraciones del primer ministro ruso Medvedev ni de su canciller Lavrov un prodigio de claridad, y menos aún de ánimo conciliador. Antes al contrario, Lavrov, lejos de precisar la fecha de salida de las tropas rusas de Osetia, se permite atacar a la OTAN, acusándola de armar a Georgia. A todas luces, la postura rusa en todo este conflicto puede ser vista como un alarde de prepotencia beligerante, en un claro intento de mostrar al mundo que el otrora potencial militar soviético ha de seguir siendo tenido en cuenta, esta vez bajo pabellón ruso. Quitando que algo de cierto haya en tal afirmación, no conviene criminalizar a uno de los bandos para santificar al otro. Sin ir más lejos, los desmanes rusos en Chechenia no pueden hacer olvidar las salvajadas que los chechenos han cometido. Y, en este caso, es de temer que a las operaciones de “limpieza” de las milicias de Osetia bajo cobertura rusa, no les hayan ido a la zaga a las operaciones de similar naturaleza de las tropas georgianas. El desmembramiento de la antigua URSS trajo consigo el fin del férreo orden soviético, y con ello, el surgimiento de pequeños estados, sin que ninguno de ellos haya destacado mucho por su estabilidad política. En el juego de intereses que es el Cáucaso, Rusia se ha puesto del lado de las independentistas Osetia del Sur y Abjasia, lo que va claramente en contra de los intereses georgianos. Ocurre que todo lo que hace Rusia tiene una dimensión acorde con su potencial, y ocurre igualmente que no siempre los rusos se mueven por derroteros sensatos. Tradicional aliado de Serbia, a Moscú aún le duele la independencia de Kosovo, y no está dispuesto a permitir que la comunidad internacional intervenga en lo que considera un conflicto interno. Así parece que va a quedar, toda vez que ni Europa ni estados Unidos parecen muy dispuestos en tensionar unas relaciones ya de por sí complicadas. Pero precisamente porque Rusia es un país central para la seguridad planetaria, sus dirigentes deberían ser conscientes que -dados los antecedentes históricos recientes- ademanes de prepotencia desmesurados siembran la angustia entre sus vecinos y la alarma en el mundo occidental.