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EN LA FRONTERA

Cien años de un Papa Santo

sábado 16 de mayo de 2020, 20:25h

Este lunes, 18 de mayo, se cumplen cien años del nacimiento de un Papa Santo: Juan Pablo II. Su mensaje calaba en todos por su carisma. El premio Nobel de la Paz en 1975 y defensor de los derechos humanos en la Unión Soviética Andrei Sajarov dijo: «Es un hombre que irradia luz». A San Juan Pablo II las palabras le salían del corazón. Por eso se indignaba y daba voz a los que no la tenían, para pedir la paz y gritar contra las injusticias y las guerras.

Han pasado ya casi cuarenta y dos años de aquella tarde otoñal romana, el 16 de octubre de 1978, cuando el cardenal Felice, secretario del Cónclave, anunciaba al mundo desde la logia de San Pedro, la elección de Karol Wojtyla como nuevo Papa. Pocos días después, el 22 de octubre, Juan Pablo II inauguró su ministerio con aquellas palabras que todavía resuenan en nuestros oídos: “¡No tengáis miedo!. Abrid las puertas a Cristo de par en par. A su poder salvador se abren las fronteras de los Estados, de los sistemas económicos y políticos, los vastos campos de la cultura, la civilización y el desarrollo”.

Un cónclave que se presentaba complicado tras el breve pontificado,33 días, de Juan Pablo I, que falleció el 29 de septiembre y que la noche antes durante la cena que compartió con sus dos secretarios dijo: “me queda poco de estar aquí, y el hombre que me va a suceder, estaba sentado enfrente de mí en el cónclave en el que salí elegido”. Ese hombre era Karol Wojtyla, un polaco que durante 26 años Personificó un estilo nuevo del ministerio pontificio, pastoral y evangélicamente enérgico. De ahí su “no tengáis miedo” que tanto nos ayuda a dar testimonio diario, frente a los que se resisten a “encontrar dragones”.

San Juan Pablo II abrió las puertas a los países del Este y consiguió que esas naciones abandonaran el comunismo y cayera el muro de Berlín. Él no tuvo miedo y transmitió a los líderes mundiales la necesidad de abrir esas puertas.

San Juan Pablo II es conocido como el Papa de los récords, pero, personalmente, siempre me impresionaron su fe rocosa y su recogimiento en oración. Se quedaba inmóvil rezando durante horas. En su viaje a México, en enero de 1999, pasó una noche entera orando de rodillas en la capilla de la nunciatura, según me reveló el nuncio español Justo Mullor García. En sus rodillas se habían formado callos, algo típico en los místicos. Reflexionando sobre la forma de orar , muchas personas han llegado a la fe. Su pasión por revelar al mundo que lo más grandioso sobre la Tierra es el amor de Dios lo convirtió en misionero, en un incansable anunciador del Evangelio en todos los rincones del planeta. Hizo del mundo su parroquia. De Juan Pablo II me impresionaron seis virtudes que sirven para entender su personalidad y las claves de su pontificado: Karol Wojtyla era un genial comunicador, un misionero incansable, un Papa carismático, con una fe rocosa, tenía una extraordinaria pasión por el hombre, y conservó siempre el buen humor, aunque estaba muy familiarizado con el sufrimiento, como demostró hasta las 21,35 horas de la noche del 2 de abril del 2005 cuando se anunció la muerte de este gran Papa.

Cien años del nacimiento de este gran hombre, un santo, que fue y es guía para muchos que gritaron la noche de su muerte: “santo súbito”.

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