www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ESCRITO AL RASO

El despertar de las curiosas librerías

lunes 18 de mayo de 2020, 20:14h

Para muchos de nosotros, en plena sociedad de consumo, las librerías son el refugio al que acogerse cuando la vida se ha deshumanizado por este prurito de la tecnología sin corazón, las aplicaciones o “aps” a mansalva, la red (anti)social… Y las genialidades de los “hilos” que tejen las arañas sin cesar buscando su hueco en el show digital. Al margen de estas prisas trabajan en la anonimia unos seres casi marginales y entrañables que quieren o necesitan creer verdaderamente en lo que venden, que ofrecen al curioso su género, que es de un tipo muy especial porque en cada objeto se encierra un universo en sí mismo. Hay alguna librera en Twitter de fino rostro –nunca sabremos si son suyos–, a lo Elizabeth Montgomery, la actriz de Embrujada, que es la versión digital que nos salva de la decadencia cultural de Occidente, que parece que no quiere abandonar del todo a Gutenberg.

Creíamos en esta asamblea de entrañables antes de la revolución digital: uno lo anhela tanto, que sueña otras tantas veces con el pequeño rincón de los libros, el rito del lector, la conversación acerca de los títulos recomendados, la ceremonia del silencio y la inteligencia. En Madrid hay curiosas librerías, librerías de viejo o de lance, y otras de las de toda la vida, pero cada vez son menos. Ya no suele ser frecuente que uno detenga el paso porque ha visto ese ejemplar en un escaparate, con su tono literario y acristalado, porque a través de las hojas la librería es a la gran ciudad lo que sus parques a la contaminación: un raro oasis de ilimitado placer. Así que vamos a tiro fijo, que dicen, las librerías del barrio y su escaparatismo de verbena literaria, porque la ciudad sigue siendo un lugar sorprendente, a pesar de todo.

De manera que la bibliofilia, que es un arte, un vicio y un conocimiento a la vez, no se queda en los escaparates y entraña toda una filosofía de vida, la que ha desgranado el ilustrador nipón Sinshuke Yoshitake en La curiosa librería, volumen primorosamente editado por Pastel de Luna, que con ese nombre es lo mismo que invitarlo a uno a pecar. En este obrador propio y de adscripción infantil –pero no solo– inspirado en el pastelito chino que se prepara en otoño, los pasteleros David Fernández, Patricia Márquez y Santiago Verdugo hornean las historias a fuego lento, que es como deberían hacerse las labranzas literarias y en tapa dura, con toda su carga de erotismo y sensualidad de papel. El primero lo ha traducido, y afortunadamente aquí estamos libres de los refinamientos inasequibles al bolsillo del mortal lector, que lo es más después de la pandemia.

Con la escusa metabibliófila, Yoshitake plantea una guía espiritual y metafórica siguiendo el camino de los libros, que es como el de las baldosas amarillas de la tierra de Oz, pero en realizable. Empenzando por “Cómo cultivar un árbol escritor” y siguiendo por “El libro de la luna”, el divertido “Campamento intensivo para libreros”, hasta las páginas dedicadas a los “Perros prescriptores”, “La biblioteca sumergida”, “El pueblo donde llueven libros”, “La bibliolápida” o “Una boda entre libros”, cada capítulo resulta una invitación a soñar a lomos de una novela o un poemario, libros objeto susceptibles de formar parte de una estructura o incluso la constatación de que las personas somos como los libros: porque al nacer somos “nuevos” y nadie nos conoce, pero a medida que envejecemos, vamos transmitiendo nuestra sabiduría al mundo.

“La librería es el hogar de los libreros, una raza de genios con habilidades únicas, que saben cómo presentar un buen libro a alguien, asegurar el porvernir de un libro y ayudar a los nuevos libros a venir al mundo”, escribe el dibujante japonés. Resulta que, después de todo, hay en algún sitio una reserva de libreros y de lectores: Yoshitake nos ayuda a encontrarlos... y a encontrarnos.

Twitter: @dfarranz

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)

+

0 comentarios