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TRIBUNA

Los nuevos principios

martes 19 de mayo de 2020, 21:02h

¿Es el Gobierno tan ineficaz e incompetente como mucha gente piensa? ¿Es conveniente para un régimen democrático elevar a un ser humano a la más alta categoría institucional si tiene un coeficiente de inteligencia política muy bajo? En el Gobierno de ministerios extendidos ad infinitum, se demuestra que cualquier ciudadano con el más bajo nivel de instrucción, ausencia de mérito y de capacidad podrá llegar a las más altas magistraturas del Estado. Sin embargo, hay que ser cauteloso con la exhibición del ejercicio de poder de la mayoría de los componentes del Gobierno. Más bien parece que son actores que están escenificando una obra de teatro experimental, cuyo propósito es entretener e instruir a los pasivos espectadores en la política ideológica. Hasta podría ser que estén ocultando la capacidad de gestión y la eficacia en su labor, para quitar dramatismo a la situación, y para iniciar una nueva era: la de gobernar con humor. Entonces habría que valorar la exhibición cómica, merecedora de alguno de los premios Goya, como los monólogos de la Ministra de Trabajo sobre los ERTES, su afirmación sobre los castigos corporales de los campesinos andaluces, o el modo de ilusionar a la población cuando aventura, como futuróloga, que el confinamiento seguirá hasta fin de año. También los de la Portavoz del Gobierno, que ha descubierto a la población una nueva teoría del lenguaje, basada en dos hipótesis: La primera en el modo en que de un discurso o transmisión verbal pueden ausentarse las ideas, para quizá reincorporarlas a las frases que continúan su libre y desposeída marcha. La segunda, demostrar el modo en que las palabras pueden ir más rápido que las ideas. Sería injusto no aludir al Vicepresidente III, Iglesias Turrión I, del Gobierno de ¿España?, al dirigirse a los cientos de miles de niños, con un sincero y cándido amor, que tanto sosiego, paz y plácido sueño provoca en la gente, aunque a veces, muy a pesar suyo, haga uso, contra quienes osan discutir su infalible doctrina y perfección personal, de unas diatribas violentas, pero fraternales, una consecuencia de su sublime amor a la humanidad,. Amor que lleva en su interior, con desconsuelo irresistible debido al dolor por las decenas de miles de muertos/as que han paralizado su estructura corpórea, de tal manera que no ha podido acudir a ningún centro sanitario o residencia donde dominara el sufrimiento y la tragedia. Con él se ha recuperado la política mefistofélica de la sinceridad y de la emoción contenida.

El Gobierno ha iniciado su peculiar escalada política basándose en unos nuevos principios que al aplicarlos aceleran el progreso para ejemplo de las demás naciones. El primero; la ineficacia positiva. Por eso ha tenido buen cuidado en hacer que el Estado Social se precipite a su final con las ocurrencias y despropósitos intencionales. Los confinados pensarán que, una de dos, o al final de la crisis aparecerá un Estado colectivista, o se debilitará tanto, qué será sustituido por otras instituciones, posiblemente de carácter regional. No se percibe que el Gobierno está extremando su actividad nihilista para destruir el Estado Social y democrático, asumiendo el papel de gobernante de los nacionalismos. Salvo que, por su inanidad, muy rara en un Gobierno comunista-monclovita que pone en marcha la doctrina del biopoder de Tony Negri, esté preparando la creación de un despotismo antisocialdemócrata, en el cual también la Nación será destruida, permaneciendo sólo el Gobierno. Así lo mostró el General de la Guardia Civil cuando decidió cambiar el principio de “Todo por la Patria”, por el de ¿todo por el Gobierno?

La crisis sanitaria ha sido muy útil para sustituir los viejos principios de libertad y dignidad humana, por otros postmodernos. En esta adaptación, cuán eficaces han sido los máximos responsables del Gobierno en el área de la salud. No es difícil vaticinar que el ministro de Sanidad que ha seguido el principio epistemológico de Michel Foucault de “muerte al hombre”, será reclamado para convertirse en el máximo responsable mundial para controlar las pandemias. A no dudar contará con el apoyo especial del “movimiento para la extinción de la especie humana” (VIHEM). En cuanto al Director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias, al asegurar con exactitud científica que iba a haber algún caso de contagio, iniciaba así su función bioideológica y tanatopolítica con resultados de eficacia extrema en la purificación demográfica: ¿la eutanasia por el virus?

Otro principio tan bello que no se puede enmascarar nace de los lazos de la solidaridad internacional. Todo el conjunto teatral ha puesto en marcha el hermanamiento para que el disconjunto español comparta la pobreza con los países de mayor progreso y libertad: Venezuela, Cuba, Nicaragua… Hay que estar preparados para la llegada de otro acontecimiento planetario: ¡El redescubrimiento de América!

Igualmente importante es un nuevo principio activado por el Gobierno: la opacidad es transparencia. Si el espectador-ciudadano español quiere saber lo que está ocurriendo tiene que acudir al Gobierno y disfrutar de sus verdades, ya que no existen otras. El derecho a saber la verdad se materializa en la obligación de confiar plenamente en el Gobierno, porque ni engaña ni puede dejarse engañar. Por eso, el Gobierno sabiendo que el régimen democrático no resiste la mentira permanente, no sólo está con la verdad, si no que es la verdad. O, si se prefiere, el Gobierno es la verdad, la verdad es el Gobierno.

En la nueva normalidad democrática el Gobierno no tendrá que rendir cuentas de su actividad política al Soberano formal, ya que no tiene ningún sentido justificarse ante sí mismo, puesto que es el único Soberano –el Pueblo es el Gobierno-real es el Gobierno. Se ha iniciado un nuevo constitucionalismo, basado en el principio fundamental de que es innecesario probar que cuando un comunista gobierna, no hay obligación de que el Poder sea transparente, porque al hallarse en posesión de la verdad no se equivocará, ni se corromperá, por lo que su poder deberá ser ilimitado, siendo innecesario los contrapesos y equilibrios entre los poderes políticos y cualquier tipo de control jurídico, social e institucional. El Poder es uno e indivisible y reside en el Gobierno. En la práctica, El Gobierno, tras la opa política del comunismo al socialismo, ha logrado ser un poder monocrático.

Por el mismo motivo el Gobierno de la nueva democracia tampoco debe responder e informar sobre el gasto público. La ciudadanía tendrá que aceptar que el Gobierno asume sobre sus recios hombros la carga que supone ser propietario de los bienes del Estado, tiene que administrarlos para su bien. El dinero que antes no era de nadie, y ahora lo es del Gobierno, podrá transferirlo de unas manos a otras sin tener que dar explicaciones. Todavía hay gente que no es consciente de lo que cuesta apropiarse del trabajo, las rentas y ahorros de los ciudadanos/as, y lo difícil que es gastar y repartir el dinero de los demás.

Itén más. El principio de propiedad única. Es un error creer que un sujeto jurídico tiene el derecho a la propiedad. Como señaló la Ministra de Educación, ni siquiera los hijos/as pertenecen a los padres, sino al Gobierno, que discrecionalmente los deja en alquiler. De modo que no hay derecho de paternidad ni de maternidad. Para la ministra comunista el principio que debe imperar es: “todo para el Gobierno, todo en el Gobierno, nada fuera del Gobierno”. Queda aclarado que el artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos es un grave error histórico que habrá de ser subsanado.

En las nuevas realidades antisocialdemócratas, el Gobierno prepara concienzudamente la destrucción de lo público mediante su desvirtuación, smiendo todas las competencias, aunque no la responsabilidad si la actuación es ineficaz. Bajo los nuevos principios democráticos, el gobernante sólo se adjudicará el éxito en la gestión, los errores son de la sociedad.

La tarea del Gobierno se basa en el principio general de la deconstrucción. Cobra importancia vital la estrategia de cambiar de raíz la sociedad, empezando por arruinarla económicamente y manteniéndola en cuidados paliativos. Qué mejor para el poder revolucionario que la sociedad civil esté inactiva, que los pequeños y medianos burgueses se arruinen. La tarea de un Gobierno comunista es acabar con la sociedad consumista. ¿Acaso un ser humano no puede sobrevivir con un plan alimenticio concebido y distribuido por los órganos de la administración, a tenor de las calorías, proteínas, vitaminas, etc.? Para el Poder es prioritario eliminar lo superfluo y crear una sociedad sin necesidades. Un proceso que la sociedad apoyará porque en el fondo está harta de vivir en un sistema capitalista consumista. Todo/as prefieren vivir sólo con lo imprescindible, sin lujos, con soluciones habitacionales, ni un centímetro de hábitat más del necesario (entre 10 y 30 m2), ni desplazamientos superficialmente estacionales (según el hiperespecialista Garzón, Ministro de Consumo), volver a la tribu, recuperar el muro derruido. Libertad e iniciativa, ¿para qué?

Un de las mayores grandezas del Gobierno es que está ofreciendo cambiar el tener por el ser (Marx). La nomenclatura queda excluida, porque hace tiempo que ha superado todas las fases y conseguido realizarse para siempre. Es el momento de que la ciudadanía pague la corvée hasta la extenuación a los componentes del Ejecutivo y a otros muchos también poseídos de sí mismos, que tanto se han sacrificado para que llegara la aurora de los nuevos tiempos. Ya se percibe que con la confinación ha comenzado a renacer el ser de cada ciudadano, la solidaridad de las ventanas, de los balcones y de las mascarillas. Cuándo se hayan arruinado definitivamente les petite bourgeoisie, que son los que principalmente mantienen la sociedad de consumo, empezará un nuevo amanecer. ¿Larga vida al Ejecutivo?

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