Para que en Moncloa se diga un día lo contrario de lo del día anterior o del siguiente, no hace falta un manual de resistencia, sino de necedad. Parece que alguien allí ha leído Favoritos de la fortuna de Collen Mc Cullough: “¿Cómo hacerse amo de Roma? ¿Cómo actuar una vez conseguido? ¿Cómo lograr el acondicionamiento mental en todo hombre, mujer y niño que permitiese hacer lo que era preciso sin oposición ni protestas? Nada de soldados vigilando las calles, sino mentes en blanco, un miedo que tan solo dejase una puerta abierta a la esperanza o a la desesperación. Trataría de crear un ambiente más que una situación real. A las situaciones se las podía hacer frente pero no a un ambiente: un ambiente se podía hacer insoportable...”. Posteriormente, los soviets perfeccionaron el modelo: “Está bastante claro: tiene que parecer democrático, pero todo debe quedar bajo nuestro control” (Walter Ulbricht).
Vive España entera solidariamente en desazón ante el amargo desconsuelo en que se hallan sumidos el Gobierno, su grupo parlamentario y el PSOE. Por boca, primero, del diputado socialista Rafael Simancas, de la titular de Hacienda, María Jesús Montero, después, y, finalmente, del presidente del Gobierno, los españoles hemos sabido que para lograr la prórroga del ambiente de alarma el Gobierno no tuvo más remedio que echarse en los brazos y en las ensangrentadas manos de los malvados de Bildu porque el Partido Popular lo ha abandonado dejándole solo contra la pandemia. En Ferraz y Moncloa se llora desconsoladamente como Magdalenas. Magadaleno Simancas es de los que más lloran. Con lo que le hubiera gustado a él ir de la mano de Casado en esta grave hora de un COVID-diecinueveavo asolando España. “No queríamos pactar con Bildu, ¿cómo íbamos a querer acordar nada con los siniestros proetarras?” solloza amargamente Magdalena Lastra. ¡Pero claro! el PP, siempre buscando los tres pies al rédito electoral, les forzó a ello. Todos intentan sobrellevar su afligido pesar, unos más destrozados que otros. El presidente Magdaleno se mantiene resignado aunque dolido, profundamente dolido.
El ambiente resulta propicio para buscar culpables. Hubo un tiempo en que en Alemania, un cabo austríaco metido a alborotador de cervecería comenzó a culpar a los judíos de todos los males de la nación. El Gobierno, sin palabras ante los muertos que escondía en el sótano el Norman Bates de Cataluña, está en cambio presto para señalar un nuevo foco de contagio de incrementarse el número de afectados por el virus: los Cayetanos, sonoros oponentes contra el régimen social-comunista de la coalición. Pero hay también otras formas de descontento y protesta menos sonoras que el Gobierno no debe minusvalorar. No hacen tanto ruido pero sí pueden provocar más amargura y tristeza a los Magdalenos, porque algunos empiezan a hartarse de huecas palabras con que disfrazar tanta incompetencia y alguna que otra mala acción. Y en junio, vuelve la Liga. Pan y circo como en Roma. Mentes en blanco.