¿Sabía Pedro Sánchez que no se podían autorizar concentraciones o manifestaciones en la Comunidad de Madrid en los primeros días de marzo? ¿Valoró con su equipo de Moncloa que una manifestación por el Día de la Mujer no correría peligro de contagio cuando ya había avisos de expertos de todo el mundo y la propia OMS de contagio y falta de control del coronavirus? ¿No lo sabía? ¿Lo sabía pero prefirió el efecto mediático que tendría en su imagen de presidente feminista?
¿Usted, sinceramente, qué cree?
Por las reacciones nerviosas y torpes que se están llevando a cabo, todo parece indicar que hay miedo a que la investigación de la juez Carmen Rodríguez-Medel por la manifestación del 8M y si se tenía que haber suspendido vaya a más. La destitución del jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid, el coronel Diego Pérez de los Cobos, que tenía orden de esta magistrada de investigar los hechos, por no filtrar el informe demoledor en sus conclusiones contra la gestión que se hizo esos días de la pandemia, puede salirle caro al ministro de Interior y a la directora general de la propia Benemérita.
Que después el director adjunto operativo del mismo cuerpo, el general Laurentino Ceña, presente su dimisión porque no quiere participar en decisiones políticas que ensucien el buen nombre de la Institución, tampoco ayuda a la buena imagen del Gobierno, que de nuevo (empieza a ser una constante), ha hecho gala de su falta de escrúpulos a la hora de meter mano en la Justicia.
Esa injerencia política, intolerable en cualquier caso, ha provocado una oleada de peticiones de dimisión de ambos cargos. Fernando Grande-Marlaska y María Gámez tienen que dar muchas explicaciones si consideran que deben seguir en sus puestos, pero ni uno ni otra dirán nada que se salga del argumentario político establecido. La sucesión de errores tenía difícil salida.
Uno se imagina en el bunker de Moncloa a esas mismas cabezas pensantes que decidieron que compensaba mantener la convocatoria de la manifestación del 8 de marzo en Madrid, bajo la luz del flexo, fumando aunque esté prohibido y resoplando: “¿Qué hacer para intentar salvar la cara? ¿El plan? Dejar pasar el tiempo y mientras, les subimos el sueldo. A ver si así se callan y se les pasa el enfado...”.
La equiparación salarial ahora, que es de justicia para Policía y Guardia Civil desde hace mucho tiempo, es la mejor prueba de que Grande Marlaska se ha equivocado. Lo saben y no se les ha ocurrido otra cosa que “hacer un regalo”, como el marido infiel que compra una joya a su esposa.
No sería mala cosa que se aplicara la subida salarial para los agentes de policía y guardias civiles lo antes posible, que se lo merecen, y que, al tiempo, se haga justicia y restituyan al que no debió ser cesado simplemente porque no informó por orden judicial a un superior político de un informe que pondría en serios aprietos la gestión que este Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias está haciendo de la pandemia del coronavirus.
La cosa puede llegar hasta más arriba. Hay muchas denuncias y querellas ya interpuestas y más que se pondrán. Lo que aquí pase, lo que salga de la investigación de Rodríguez-Medel, puede sentar, según para quien, un peligroso precedente.