DESDE ULTRAMAR
Pandemia. Comentarios al margen
jueves 28 de mayo de 2020, 20:53h
En México la reclusión, el confinamiento no ha sido obligatorio, pero sí prematuro. Tuvo ello sus pros y sus contras. Se evitó una escalada de contagios agresiva al inicio, pero también se propició un cierto freno temprano muy parcial a la economía. Esta pandemia nos costará un millón de empleos. Eso cuando no se bajan los montos salariales so pretexto de la contingencia, como ya le sucede a muchos trabajadores. En eso vamos, en tanto llevamos dos o tres semanas con una curva ascendente de contagios y muertes y que no tuerce a la baja.
Un documento de la Secretaría de Gobernación del gobierno mexicano detalla porqué no impone el confinamiento, exponiendo posibles violaciones a derechos humanos en esta contingencia. Y precisa: “La emergencia sanitaria no representa el establecimiento de un estado de excepción y suspensión de garantías […] el derecho al libre tránsito por todo el territorio nacional (artículo 11 constitucional) no puede ser restringido […] imponer la obligatoriedad del resguardo domiciliario mediante el uso de la fuerza pública es una medida lesiva, desproporcional, puede ocasionar abusos de autoridad y no corresponde al objetivo de salvaguardar la salud pública. (Se) ha recomendado dictar medidas que no están dirigidas a personas físicas, sino a establecimientos e instituciones, e incentivar a las personas a reducir su movilidad con comunicación y estímulos positivos, ya que resulta más eficaz y menos lesivo a los derechos, disminuir la movilidad cerrando espacios […] más de la mitad de la población trabaja en el sector informal y alrededor del 42% viven en situación de pobreza. Una medida coercitiva de restricción a la movilidad no es eficaz y tiene efectos desproporcionales sobre esta población”.
Ahora bien, desde la facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México se afirma que junto con Brasil, India y Rusia, México no está controlando de forma eficaz la primera ola de COVID-19 y se sitúa entre los diez países con más mortandad (al 27 de mayo, 74 mil 560 contagiados y 8 mil 134 decesos, en números oficiales) y cuenta con más defunciones por país en la región, dado el cruce del virus con grupos vulnerables. No son buenas noticias. ¿Qué queda? La OMS ha avalado la estrategia mexicana y a cifras oficiales está revelado su alcance. ¿Restringir a rajatabla la movilidad? Quizá, pero no sucede.
Es desalentador que por otro lado, bien se sabe que entre los datos tardíos y su cuantificación pudiera haber signos de quiebre, que nadie anticipa con certeza. Las fechas para ver el descenso de la curva se cambian a diario. Pero eso será un proceso que puede tardar en verse, como bien sabemos y que desafortunadamente, también nos lo adelantó el caso español.
Como en México no hubo confinamiento obligatorio, no queda claro el proceso de regreso a la “nueva normalidad”, y todo cuanto eso signifique; esa es una frase que va cargada de una incertidumbre absoluta. Eso sí, hay cuatro cosas que hay que puntualizar cuando nos aproximamos a estudiar el caso mexicano: su gobierno nacional es igual de cuestionado que otros. Que la contagiadera no cesa porque la gente no se guarda. Que nadie espere que el presidente lo lleve de la oreja a su casa. Claro, millones sí se recluyen, otros tantos, no. Que los grupos vulnerables siguen siendo las personas con diabetes, obesidad en gran medida. Y, si lo entiendo bien, se hace apremiante regresar a la actividad económica en los segmentos que han parado bajo el desdibujado concepto de no esenciales y prioritarios. Yo hubiera dejado abiertas las lavanderías. La higiene de la ropa y el avituallamiento es importante, máxime si el bicharraco se les pega.
Valga decir que hay un sector que clama tener otras cifras de decesos y no las muestra. Rumores no cuentan. Se requieren certezas que no encubran su animadversión al presente gobierno. Petición imposible. Esta pandemia es tan importante que no admite politizaciones estériles. Otros dicen que se obliga a poner en el acta de defunción que murió por COVID-19 y otros afirman que al revés: obligan a que no se inscriba. ¿A quién creemos? Respuesta: a ninguno. Se ha politizado esto demasiado. Como puede verse, la ética brilla por su ausencia en todos los casos enlistados. La OMS es clara: las pruebas sin existir el síntoma, son inútiles. Así que es la pescadilla que se muerde la cola. Y cierto es que hay quien desea que todas las muertes habidas y por haber sean declaradas por COVID-19 sin pruebas al caso de por medio, para lucrar políticamente contra el gobierno. El embuste es inadmisible. La oposición en este país es irresponsable.
Ahora bien: también tenemos una fuerte dosis de mezquindad y de posverdad que raya en terquedad y posturas facetas. La primera es muy priista. A decir verdad, la segunda también, aunque más compartida con otras oposiciones. Que los priistas vivan su posverdad ninguneando al presente gobierno que no es de sus siglas y los echó a la calle o cortados los dineros que les callaron la boca, no es novedad. Raro sería que defenestrados fueran patriotas e institucionales. Les escozan las conferencias de prensa diarias del presidente y de sus funcionarios de salud –en todas ellas y en las demás, el que menos habla es López Obrador, por cierto, dejando que los funcionarios expliquen su área– olvidándose a conveniencia los priistas, de los balbuceos y el necesario uso de teleprónter de los escasísimos discursos inútiles y huecos dados por el priista Peña Nieto en un sexenio. Rellenos de meteduras de pata. Y al mismo tiempo los priistas bravucones y facetos también alardean de tener otros datos, cuando carecen de tales. Y de vergüenza, van de fanfarrones. Lo suyo es el bla, bla, bla. Así los enfrenta uno todo el tiempo en las redes sociales. Dan ‘peña’ ajena y saben ellos a qué me refiero.
En cuanto a lo verdaderamente importante, es llegar a la meta de sobrellevar esta cuarentena, en sus dos facetas: a) La económica, que golpea a cada quien a su modo y b) la personal, que nos conduce a variar actividades intercalándolas en la reclusión entre la asidua y redoblada sanitización y el conveniente reforzamiento de la alimentación en pro del sistema inmunológico. Lo que ayude.
No lo agobiaré repitiendo lo que se ha dicho hasta la saciedad en ambas orillas del Atlántico y posiblemente, del Pacífico, también: que esto nos ha cambiado o que nos cambiará. Seguro que lo hará. Lo que a veces no está tan claro es si para bien o para mal. Pero mientras se despeja la duda estamos en el día a día, preguntándonos si los patrones no desguazarán el sistema de seguridad social o si abaratarán más el empleo y el despido o exigirán una mayor flexibilidad laboral de la que ya carcome a nuestras sociedad, que es un temor fundado para la enorme oportunidad de hacerlo, que se les presenta. Aún no sabemos que tan posible será la reinserción cotidiana, porque la nueva normalidad no puede contra el sistema establecido y aun cambiándolo será un proceso complejo. Aún estamos por saber qué tanto nos podremos adaptar para sobrevivir. No nos han contado toda la verdad.
En tanto, quien pueda que permanezca aislado lo más posible. Marcando distancia, soportando pacientemente el confinamiento. Y todos a seguirnos cuidando e informando, que el principal error sería bajar la guardia. Estemos donde estemos, en el nivel de pandemia que sea. Tanto monta.