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EDITORIAL

La factura impagable del desempleo en España

martes 02 de junio de 2020, 11:08h
El mes de mayo, tradicionalmente bueno para el empleo, ha arrojado datos de un mercado laboral seriamente golpeado por la crisis del Covid-19. La desescalada ha propiciado un aumento de 187.814 afiliados a la Seguridad Social. Sin embargo, tras el cataclismo económico derivado de las medidas para combatir la pandemia, son 666.053 afiliados menos a la Seguridad Social que antes de la crisis. En cuanto a los demandantes de empleo, las oficinas del paro registraron 26.573 desempleados más, un dato que podría parecer bajo comparado con la debacle de marzo y abril. Sin embargo, se trata de un aumento de desempleo casi inédito comparado con el mismo mes de años anteriores.

La lenta incorporación a los puestos de empleo ha propiciado que numerosos trabajadores vuelvan a sus puestos de trabajo: 457.909 personas han dejado de estar en ERTE. Sin embargo, no hay que olvidar que todavía 2.998.970 personas se encuentran en esta situación.

La factura para el Estado es demoledora: el Servicio Público de Empleo Estatal abonó 5.988.572 prestaciones en mayo. Debemos recordar que los mecanismos de solidaridad propios del Estado del bienestar están basados en el crecimiento y el empleo. Si sumamos los desempleados, los afectados por ERTE, pensionistas, empleados públicos y ahora beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital, las personas dependientes de transferencias públicas se sitúan por encima de los 17 millones de personas.

El gran reto para el Estado es recuperar el empleo para poder sostener el gasto público derivado de las prestaciones sociales que pretende dar, sin contar con el despilfarro derivado de una sobredimensionada administración pública.

Las ayudas que puedan llegar de los mecanismos europeos, tras la propuesta de la Comisión Europea de un fondo de 750.000 millones de euros para impulsar la economía, estarán condicionadas a un plan para sostener las cuentas públicas en el largo plazo, y reducir los graves problemas de déficit estructural y deuda pública que arrastra España.

Ahora, la reforma laboral, que ha sido el principal instrumento de creación de empleo en España, está en la diana del Gobierno. La voluntad de derogarla ha caído como un jarro de agua fría entre los países europeos menos proclives a solidarizarse con economías como la española. Nadia Calviño, que tiene que negociar con los socios de la UE los mecanismos de rescate, ve cómo el propio Ejecutivo del que forma parte torpedea su trabajo para presentar a España como un país serio y digno de crédito. Alemania, Austria, Holanda, sin duda han tomado nota.
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